Amaral – Nocturnal

nocturnal2La tripulante Kowalsky no podía imaginar que Amaral entraría en su lista de discos preferidos para el tour galáctico. Amaral era un grupo al que siempre había observado a distancia, un grupo correcto pero que no formaba parte de aquellos que le tocaban la fibra. Pero ahora aquí está.

Amaral ha sido un grupo capaz de componer buenas canciones, de formas clásicas y deudoras del mejor pop luminoso y (suavemente) guitarrero, con producciones sofisticadas y procesos de filtrado y limado que aseguraban una amable digestión por parte de esa gran porción de la humanidad que casi nunca ha comprado un disco. Hay que reconocer que tiene su mérito. Es un grupo que partiendo de una posición más bien marginal supo llegar al público masivo sin perder del todo el aroma y la actitud rock. Una auténtica rareza entre los de su estatus.

Tanto sus músicas como sus letras han solido apelar a un suave inconformismo ante nuestra realidad cotidiana, una realidad siempre más gris de lo prometido, y tienden a reivindicar una difusa revuelta adolescente como vía de escape ante las contrariedades. Son textos y rimas que describen situaciones de incomprensión y desencuentro que, mal que bien, todo ser humano ha experimentado en algún momento de su vida. Por ello, desde hace más de una década larga, Amaral han sido el grupo por excelencia de ese sector de edad que se encuentra en proceso de metamorfosis entre la infancia y la juventud, a la búsqueda de referentes con los que definir sus límites personales y reequilibrar su estado emocional. Amaral proporciona pequeñas dosis de energía positiva para enfrentarse a dichas situaciones de humillación adolescente ante el mundo hostil conformado por los adultos (y por los otros adolescentes). En este sentido, Amaral tienen auténticos himnos populares, entusiastas y dolorosos, expresivos e introspectivos, capaces de canalizar estos flujos de emociones entre las generaciones más jóvenes que ellos.

imagen6La tripulante Kowalsky ya conocía varios de sus CD’s, con una cierta predilección por ‘Estrella de mar’, el disco que les dio a conocer al gran público; aunque por el resto de su discografía hay también pequeñas joyas que resplandecen entre el resto del material, siempre digno aunque sea de relleno. Pero Kowalsky encontraba un cierto exceso de materiales flotantes como revestimiento de sus canciones, materiales demasiado ligeros, que le impedían zambullirse con ellas en las profundas aguas de la emoción, el pensamiento y la experiencia. Es decir, le atraían más por estética que por ética. Lo cual, dados los tiempos que corren, tampoco es moco de pavo.

Pero al escuchar ‘Nocturnal’ la tripulante Kowalsky entendió que esta vez Amaral habían llegado hasta el final. Bien adentro, hasta el tuétano del espíritu y de la materia. Hasta ese núcleo de protones y neutrones sobre el que gira nuestro campo electromagnético. De pronto, Amaral han conseguido que tono y contenido se acoplen en la misma longitud de onda. Bien honda. Una evolución sustancial que dota a sus canciones de las energías y mensajes indispensables para posicionarse y no perder pie ante un mundo que gira cada vez más deprisa. No se trata necesariamente de temas más rápidos o fuertes, sino más bien de unos ritmos hipnóticos, quizá algo más reposados que en anteriores entregas, con los que afianzarse para tomar impulso y despegar hacia las estrellas. Por ello Kowalsky tiene claro que este álbum le acompañará en su viaje interestelar, durante sus inminentes noches con luna, sin luna o con varias lunas a la vez a lo largo de la circunvalación de los planetas exteriores y por los bancos de niebla de la galaxia.

Nocturnal, editado en 2015, es el séptimo álbum de Amaral. El segundo editado en su propia discográfica ‘Antártida’ (por cierto, que un grupo de su peso e influencia haya apostado por la autogestión indica el nivel de indigencia en la que debe encontrarse la industria discográfica clásica, incapaz de adaptarse a los tiempos).

¿Qué es lo que le gusta a la tripulante Kowalsky de ‘Nocturnal’?

Muchas cosas. El nervio rabioso de ‘Llévame muy lejos’ y de ‘Cazador’, sendas explosiones de energía sónica para describir un entorno salvaje y/o con la civilización en retirada. La sensibilidad y el equilibrio precario de ‘Unas veces se gana y otras se pierde’, de ‘Chatarra’ y de ‘La niebla’, repletos de fraseados sublimes, desapasionados pero rebozados con tonalidades hipnóticas. La contenida desesperación de ‘Nadie nos recordará’ y de ‘El tiempo equivocado’, enormes lamentos que ensordecen sin necesidad de gritar. La desnudez moral de ‘Nocturnal’ y de ‘Laberintos’, capaces de iluminar los más profundos rescoldos del alma después de su combustión.

amaral-nocturnal-tourEl álbum al completo está compuesto de textos de gran dignidad, que transmiten perfectamente la idea de haber tocado fondo, individualmente y socialmente, como personas y como colectivo. Esta vez Amaral se lamentan de un país hostil, de una sociedad resquebrajada, de unos personajes exhaustos que lo han dado todo y que ya sólo esperan poder escapar. Unos lamentos que, a su vez, se presentan como el punto de partida necesario para poder construir una nueva realidad. Porque, de alguna manera, intuyen que en algún lugar (utopía) puede haber humanos capaces de ser mejores personas y de construir un mundo mejor. Se trata de una cuestión de confianza. De hecho, el núcleo de la reflexión quizá sea la renovada confianza en el ser humano. Somos unos animales en fase de autodestrucción, pero podríamos ser de otro modo, si quisiéramos nos podríamos organizar de otra manera menos hostil. Mientras tanto no nos queda otra que asumir nuestro turbio destino sin pestañear, pues sabemos que para llegar al mundo utópico insinuado hay que atravesar intrincados laberintos, caer una y otra vez, traicionar y ser traicionados, amar sin esperanza de ser correspondidos, huir una y otra vez hasta caer en el olvido. Todo ello con la creciente sospecha de que el lugar utópico anhelado no está tan lejos de nosotros, puede que incluso ya estemos allí.

A la tripulante Kowalsky le encanta degustar algunos versos como los de ‘Llévame muy lejos’:

Quiero dormir para despertar en un universo paralelo, un refugio en otra dimensión /  Llévame muy lejos, por favor / Llévame muy lejos de este país sin corazón.

O ‘Unas veces se gana y otras se pierde’:

¿Para qué perder el tiempo en convencerte? / Unas veces se gana, y otras se pierde…

O ‘500 vidas’:

Quiero vivir 500 vidas, quiero una distinta cada día / Unas donde sea la heroína, otras donde esté entre bambalinas.

O ‘Cazador’:

Ahí va el gran cazador, insensible a mi dolor / Dame al fin el tiro de gracia, apunta al blanco y dispara.

O ‘Nadie nos  recordará’:

Desde entonces ya no creo en nada que nos seas tú,  nuestra frágil condición humana, nuestra inquietud ¿Qué será lo que llamamos alma? Sé que nadie nos recordará.

O ‘La niebla’:

No sé si me buscaran o me dan por muerta. Ojalá pudieras alumbrarme entre la niebla / … la niebla … pasará.

O ‘Laberintos’:

¿Dónde ruge el animal que mantiene vivo lo que un día fuimos? ¿Dónde está el amor real? En los laberintos de nuestra imaginación

O ‘Chatarra’:

A qué has venido si no aquí no hay nada, sólo el vacío y la chatarra. Dime por qué las calles están desiertas no veo a nadie,  dime por qué las piernas no me sujetan si tú lo sabes.

O ‘El tiempo equivocado’:

Hemos crecido con los puños apretados / somos los dueños de un país imaginario / yo estoy dormida con los párpados sellados / tu estas colgado como un Cristo boca abajo.

En  cuanto a la música, se observa que abundan los tiempos medios, con elaboradas líneas melódicas y pocas estridencias. A diferencia de sus obras anteriores, Nocturnal requiere de varias escuchas para poder gozar de su poderío, pero una vez dentro atrapa con mucha más fuerza. Hay detalles reveladores como la segunda parte de la canción que abre el álbum, ‘Llévame muy lejos’, con una larga coda semiacústica al estilo de los mejores clásicos del rock. O como el segundo tema, una pieza instrumental que sirve de introducción a ‘Unas veces se gana y otras se pierde’, todo un lujo que parecía perdido en el panorama pop contemporáneo. Detalles que contribuyen a dar una sensación de ‘album’, en el que cada tema está connotado por los que le acompañan, lo cual se agradece en una época de fragmentación en la que el consumo musical tiende a las piezas sueltas y descontextualizadas (y, por tanto, sin sentido).

Fuente: http://www.amaralstation.es (LuzJiménez)

Fuente: http://www.amaralstation.es (LuzJiménez)

En definitiva, una estupenda colección de canciones de carácter expresionista vestidas con las mejores melodías y una gran interpretación vocal, mucho más contenida que en anteriores entregas del grupo, pero quizá más efectiva. Una descripción de estados de ánimo que se corresponden en gran medida con los de la tripulante Kowalsky mientras prepara su huida interestelar.

Nada mejor para orientarse durante el viaje, mientras tararea los versos de ‘Nocturnal’:

“Primera norma nocturnal: no me mires así / Nada te puedo dar, no hay nada bueno en mí (…) / Un impulso irracional, de destruirlo todo. Hundirte y descender, como el Octubre rojo / Y volverte a levantar, cuando has tocado fondo, de una mala racha / Misteriosas e infinitas, son las leyes del azar / Si pudieras elegir, ¿cuál de ellas romperías?”

O los versos de ‘La ciudad maldita’:

Te vi caer de bruces para increpar al cielo / que estaba sordo y ciego como estatua de sal / y mientras te llevaban amaneció en silencio / alguien maldijo la tierra y la simiente cayó (…) / Fueron pasando los años en la ciudad maldita / y se plantaron flores allí donde ocurrió / pero en esos jardines no crecerá la hierba / hasta que se haga justicia y tu descanses en paz.

O los versos de la impresionante ‘Noche de cuchillos’:

Yo quiero ir contigo / Donde el alma de la gente no se apague con el tiempo / Y no exista moraleja al final de cada cuento / Y haya cosas importantes por encima del dinero / Donde yo no sea raro solo porque soy distinto a ti.

 

Radio Futura – De un país en llamas

0000304727_350La tripulante ALFA sabe que hay momentos clave en la historia en los que ciertos grupos, cantantes o compositores alcanzan la síntesis mágica, rozan con las yemas de los dedos el campo gravitatorio que mantiene misteriosamente unida a la sociedad, dan con la combinación perfecta para expresar el alma de su gente y su tiempo. Después de descartar a muchos grupos o solistas que sin duda también merecerían este puesto, la tripulante ALFA ha decidido que si entre nosotros algo se aproximó a dicho estado fue Radio Futura. Y por ello se los llevará a su viaje a las estrellas.

Fuente: max-elblog.blogspot.com

Fuente: max-elblog.blogspot.com

Radio Futura son un icono de una cierta “España moderna”, con una propuesta enraizada en el solar ibérico pero cosmopolita al mismo tiempo. Un icono no tanto de hoy, sino de aquel pasado próximo que se inició con el cambio de régimen político de finales de los 70, que vivió una sonora efervescencia durante los 80, y que a partir de los 90 se contuvo ensimismado, para ir desmoronándose, degradándose poco a poco, hasta llegar al punto de no retorno actual.0 Quizá por ello la tripulante ALFA está preparando su huida a las estrellas.

Radio Futura representan como nadie el espíritu de aquella época, aunque su mensaje, formas y actitudes la trascienden de tal manera que su obra resiste el paso del tiempo con envidiable frescura y prestancia. A partir de un formato rock, que les daba un punto transgresor (en relación a su época), no sólo supieron incorporar las inquietudes por indagar en las raíces ibéricas y africanas de nuestras culturas peninsulares, sino que además manifestaron una curiosidad insana por lo que sucedía más allá de las limitadas fronteras anglosajonas. De esta manera, derivaron hacia la conexión latinoamericana y africana, que descubrieron entre Nueva York y Cuba, una conexión que a su vez les trajo de vuelta hacia la música peninsular secular. Un viaje en espiral y en el tiempo que, a la postre, desdibujó el planteamiento inicial del grupo, lo cuarteó y les lanzó hacia metamorfosis artísticas dispares pero siempre interesantes.

010000026158_n_imggLa influencia de Radio Futura es grande. A pesar de que se separaron en 1992, nunca han dejado de sonar en las radios, nunca han desaparecido del todo del entorno mediático, siempre están ahí, como un punto de referencia respecto al que medirse. Quizá por eso el panorama posterior palidece tanto.

No obstante, el amplio reconocimiento de crítica y público también llevó a su mitificación gratuita. Sus últimas obras están claramente sobrevaloradas, pero cuando las perpetraron su popularidad y prestigio era tan grande que nadie se atrevió a decir que el rey había perdido parte del traje (la tripulante ALFA piensa en ‘Escueladecalor’ (1989), ‘Veneno en la piel’ (1991) o ‘Tierra para bailar’ (1992). También su primer álbum (‘Música Moderna’, 1980) no deja de ser una anécdota, quizá sólo relevante por el mérito de conseguir editar semejantes canciones en un entorno discográfico hostil como el de finales de los 70 y principios de los 80.

Radio Futura pusieron los cimientos a su mito gracias a los desencuentros con su discográfica primigenia (Hispavox), que les condenó a varios años de semi-clandestinidad durante los que mutaron hábilmente hasta encontrar el filón que les haría grandes. Un filón basado en un esquema rock, una base rítmica con filiaciones negroides, unos riffs guitarreros metálicos pero inspirados en el funky y unas letras bien medidas y nada banales. No en vano, contaban con un filósofo como cantante, y varios de sus miembros eran colaboradores habituales de la prensa underground. Tras un par de años componiendo y tocando por las catacumbas madrileñas, su nombre fue sonando entre el público más abierto y expectante, sobre todo a raíz de la publicación de un single, ‘La Estatua del Jardín Botánico’ (1982), una atractiva melodía (que incluso contó con un videoclip propio de película de Ed Wood) con enigmática y profunda letra que suponía un salto cualitativo en el panorama local de la época.

índice0000304727_350índice22Pero si fueron grandes fue gracias su trilogía básica e imprescindible: ‘La Ley del Desierto / La Ley del Mar’ (1984), ‘De un país en llamas’ (1985) y ‘La canción de Juan Perro’ (1987). Todo lo demás sobra. Tres obras capitales seguidas que, sin ellos pretenderlo, muestran el punto en el que se encontraba el alma colectiva del país a mediados de los 80, así como la evolución que estaba tomando. Tres obras maestras e ineludibles. Obligatorias para el canon de los viajes interestelares. Hay que sorberlas hasta el fondo.

La tripulante ALFA quedó deslumbrada con la aparición de ‘La Ley del Desierto / La Ley del Mar’, una auténtica explosión creativa. Unas canciones que venían del punk-rock, se entretenían por la new-wave (ese punto arty a lo Talking Heads…) e incorporaban algunas gotas étnicas (latinas, algo poco usual por aquel entonces). Allí, casi como de propina, ya escuela_de_caloraparece ‘Semilla negra’, el germen de lo que luego iba a crecer y a ocupar espacio mediático durante décadas (no sólo por parte de Radio Futura, sino que se iba a convertir en un estilo por derecho propio que seguirían multitud de grupos y solistas del más variado pelaje). La tripulante ALFA se recuerda a si misma con nostalgia tarareando la canción mientras realizaba trabajos agrícolas, encendiendo hogueras al atardecer y retirando hierbas de la falda de olivos centenarios. Mágicos momentos que no volverán. No era el único tema de esta guisa que se oía por aquel entonces, puesto que la radio emitía con frecuencia el ‘Colecciono moscas’ de Golpes Bajos, incluido en un álbum (‘A santa compaña’, 1984) con un más que evidente fondo rítmico latino. E incluso Malevaje con sus tangos modernos sonaban con frecuencia. Es decir, el terreno para el hibridaje rock-tradición latina ya estaba abonado y bien regado.

maxilimitadainteriorwebPero el disco que la tripulante ALFA piensa llevarse a su viaje a través de la galaxia es ‘DE UN PAÍS EN LLAMAS’ (1985). La tripulante ALFA residía en una intensa ciudad norteafricana cuando, en el expositor de casetes de un bar de reclutas, vio la famosa carátula de ‘En un país en llamas’. Por 500 ptas se hizo con la preciada cinta (y también con la casete de Los Rápidos que, junto a la de Radio Futura, estaban allí acompañando a numerosas cintas de Los Chunguitos, de El Fari y de un sin fin de melodías barriobajeras). ‘De un país en llamas‘ es el álbum de Radio Futura con el sonido más extraño, con una especie de sorda tormenta eléctrica de fondo y con un raro brillo metálico y seco en las partes vocales, pero a pesar de eso contiene un ramillete de canciones insuperables. Algunas remiten a ese fondo rural y salvaje del solar ibérico (como ‘No tocarte’ o ‘El tonto Simón’), otras celebran cómo la vida y la muerte corren a borbotones por los degradados centros urbanos (‘En el Chino’ o ‘La ciudad interior’), mientras que otras describen las sensaciones de visitantes a lejanos pueblos y territorios exóticos (‘Viento de África’ o ‘La vida en la frontera’). notocartewebAdemás, contiene temas como ‘Las líneas de la mano’, ‘Han caído los dos’ y ‘Un vaso de agua (al enemigo)’ tres obras maestras que con frecuencia han quedado ocultas por la popularidad de otros temas canónicos del grupo, pero a la tripulante ALFA le gusta reivindicarlas para su viaje a las estrellas. Resta la onírica ‘En alas de la mentira’, un etéreo poema lleno de sugerentes imágenes y reflexiones sutiles sobre humanos sonámbulos deambulando por los tejados.

ciudadinteriorwebCon todo, la canción que la tripulante ALFA cree más lograda de este álbum no es otra que ‘La ciudad interior’. Aún puede recordar cuando la oyó en la radio por primera vez, a modo de anuncio del nuevo disco de Radio Futura (pues fue uno de los singles). Era la prueba de que el grupo estaba avanzando hacia terrenos raramente explorados en nuestro ámbito cultural. Se trata de una composición que tiende al rock industrial, con una letra totalmente orgánica y declamada con la tonalidad precisa para resultar convincente, y con un repetitivo riff de guitarra que recorre los laberintos cerebrales del oyente hasta generar sinapsis imprevistas. imagesLa visión del grupo interpretando esta canción en un programa televisivo le acabó de convencer (aunque fuera play-back!). Aquello era imparable. La tripulante ALFA apreciaba la tendencia étnico-latina-africana que latía tras algunas de las canciones, pero el post-punk tenebroso al que apuntaban otros temas era también muy prometedor. Mucho. Aquel grupo era el futuro, y el futuro lo iban a marcar ellos.

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Amenazantes en la época de ‘La canción de Juan Perro’

El futuro fue ‘La canción de Juan Perro’ (1987), un disco que constituyó la cima creativa de su carrera. Un sonido exultante, con metales a tutiplén y transmitiendo una energía increíble. Contiene joyas tan populares como ‘La negra flor’, ‘A cara o cruz’, ’37 grados’, ‘El canto del gallo’, ‘Annabel Lee’, ‘La mala hora’ o ‘En un baile de perros’.  Un disco entusiasta en el que los ritmos latinos fueron los grandes protagonistas, hasta el punto de que en muchos temas parecen alumnos aventajados de un Rubén Blades electrificado y metalizado. De hecho, en el futuro posterior se ha recordado a Radio Futura principalmente por su papel de padres (o abuelos) del rock latino, lo cual es una burda manera de minimizar su legado, pues supone ocultar una parte sustancial de su obra. La tripulante ALFA siempre se ha preguntado qué hubiera pasado si Radio Futura no hubiera dejado de lado su tendencia afterpunk, pues a su juicio tenían un potencial enorme por esta otra vía.

hancaidolosdoswebPero, después de este álbum, Radio Futura como grupo ya no fueron demasiado lejos. Tras el disco en directo ‘Escueladecalor…’ (1989) (en realidad, ni frío ni calor, tan neutro que los sentidos humanos casi no lo captan), tan sólo editaron un nuevo álbum con canciones originales, ‘Veneno en la piel’ (1991), cuyo tema homónimo (‘Veneno en la piel’) fue un rock-salsero popularísimo que llegó a competir en las listas con el segundo hit latino de la era pop: el ‘Devórame otra vez’ de Lalo Rodríguez (el primero había sido el ‘Pedro Navaja’ de Rubén Blades, de 1978, popularizado por aquí por la Orquesta Platería en 1979).

Radio_Futura-Veneno_En_La_Piel-FrontalVeneno en la piel’ era un álbum digno que, aunque no llegaba a las cotas de creatividad y calidad de los anteriores, optaba claramente por la vía latina renunciando a seguir desarrollando y evolucionando los esquemas más rockeros. Ese era el camino elegido y las cifras les dieron la razón puesto que llegaron a número 1 en las listas de ventas, tanto de singles como de LP’s, algo que no habían conseguido con ninguna de sus obras anteriores. Pero a juicio de la tripulante ALFA, algo se rompió a partir de ese momento. La historia que pudo haber sido dejó de poder ser, y Radio Futura quedaron como aquel grupo balanceándose eternamente a ritmo de salsa.

01La opción latina fue asimilada, digerida y replicada posteriormente hasta la saciedad por numerosos imitadores, perdiendo su originalidad primigenia y diluyéndose en un magma indiferenciado y a la larga cansino. Al menos es lo que piensa a posteriori la tripulante ALFA, aunque en aquellos tiempos estaba encantada con la vena latina que tanto juego daba en los discobares, discotecas y bailes públicos.

Seguramente el ambiente social del país era ya muy distinto, las aspiraciones de modernidad se habían colmado y apetecía un retorno colectivo al kitsch, a las músicas que habían sido barridas por el advenimiento de aquel régimen político (y musical) que ya empezaba a dar muestras de esclerosis. La troupe de Almodóvar o el círculo de Alaska y Dinarama, sin ir más lejos, hacían ostentación, en principio paródica pero a la postre sincera, de su gusto por el toque retro que las músicas latinas ofrecían. Quizá era una forma de demostrar que las cosas no habían cambiado tanto (y las élites de antaño y sus gustos seguían en su sitio).

Radio Futura-Memoria del Porvenir frontalRadio Futura se disolvería en 1992. Posteriormente aún editarían varias remezclas de temas antiguos (‘Tierra para bailar’, 1992; ‘Memoria del porvenir’; 1998), operaciones de interés relativo. La tripulante ALFA todavía esperaba que algún día se reunieran de nuevo y retomaran la vía interrumpida del post-punk-rock adaptado al carácter polisilábico de las lenguas ibéricas, pero la muerte del guitarrista Enrique Sierra en 2012 dio por cerrado el caso. Se acabó.

Santiago Auserón ha seguido una prolífica e interesante carrera bajo el estandarte de Juan Perro, mientras que Luís Auserón (el bajista) se ha mantenido en activo intermitentemente, siempre con un toque especial en sus trabajos. Lo mismo puede decirse de otros miembros circunstanciales. Pero nada volvió a ser igual.

tour_animal1Radio Futura supieron interpretar lo que flotaba en el ambiente y traducirlo a ritmos, melodías y palabras. Fueron un espejo en el que los habitantes de los pueblos de Iberia pudieron reconocerse y atisbar hacia dónde iban. Se convirtieron en prescriptores involuntarios de una ruta a seguir, una ruta que posteriormente se bifurcó y desdibujó, dejando huérfanas una buena parte de las expectativas creadas. De ahí, quizá, la inevitable sensación de que todo terminó demasiado pronto, de que quedaba mucho por dar, mucho por explorar.

La tripulante ALFA no ha dejado de hacerlo, y ahora seguirá su camino a través de la Vía Láctea, aunque no puede evitar que se produzcan ‘interferencias’ en su corazón cuando se acerque a discos tan particulares como ‘De un país en llamas’.

Ferrobós: Círculo de fuego

La tripulante Kowalsky ha llegado esta tarde a bordo con Círculo de Fuego, el primer y único álbum de FERROBÓS, un grupo que existió en la ciudad de Zaragoza entre 1982 y 1990. La banda la componían Jesús Trasobares (guitarra), Eduardo Jimeno (bajo), Sergio García (batería) y Gabriel Sopeña (voz y guitarra, y principal compositor del grupo), a los que hay que añadir el característico saxo de Manuel Enguita como quinto miembro en la sombra. Durante su existencia fueron uno de los puntales de la escena musical y cultural de aquella ciudad durante los agitados años 80 del pasado siglo.

El grupo se hizo muy popular en Zaragoza porque fue uno de los ganadores de la Muestra de pop, rock y otros rollos, que se celebró en la ciudad en 1984, evento que se considera el pistoletazo de salida que conecta el ambiente artístico de la ciudad con la efervescencia que se vivía en otras ciudades de España, principalmente con la llamada Movida madrileña.

Círculo de Fuego no fue editado hasta 1988 por la discográfica independiente local Grabaciones Interferencias, (promovida por el bar del mismo nombre) y recopiló lo mejor de su repertorio hasta la fecha, unos temas repletos de energía y rebosantes de actitud, con afiladas guitarras, contundente base rítmica y unas letras tan lúcidas como emocionantes. Para la tripulante Kowalsky, eran unos textos capaces de dejar en ridículo al 90% de los letristas del pop y el rock de las últimas décadas.

En 1987, un año antes de sacar su álbum, el grupo había dado a conocer varios de sus temas en un par de discos recopilatorios de grupos aragoneses, como el titulado Monegros (donde aportaban dos temas: “Demonios entre el humo” y una versión de su posterior “¿Dónde estás ahora?”), y el Sangre Española (donde aparecían versiones previas de tres temas que posteriormente irían en su primer álbum: “Si hay una guerra“, “Me das un minuto” y “Resaca“).

La tripulante Kowalsky, que ya había oído por la radio local algunas de estas canciones, tuvo ocasión de ver al grupo en directo hacia principios de 1988, e incluso de entrevistar al cantante y compositor (Gabriel Sopeña) con motivo de unas colaboraciones radiofónicas que en estuvo haciendo durante aquella época. Por ello, Kowalsky esperaba la aparición de Círculo de fuego como quien espera la lluvia en el desierto, si bien con el temor de que las expectativas creadas no pudiesen ser satisfechas. Parecía demasiado bueno para ser cierto.

El álbum se publicó durante la primavera de 1988 y la tripulante Kowalsky no se lo podía creer. ¡Era aún mejor de lo esperado! Las nuevas versiones de antiguos temas superaban lo publicado previamente! ¡Y qué decir de los nuevos! Se trataba de un ramillete de canciones que por sí solas generaban un mundo nuevo, dibujaban una historia en la que reconocerse y con la que medirse, unos anhelos por los que suspirar, unas imágenes fortísimas con las que ilustrar su errático deambular por la vida.

El álbum se abría con “Si hay una guerra”, en una versión más guitarrera que la previamente aparecida en el recopilatorio Sangre Española. El tema es toda una declaración de intenciones:

Al diablo con lo que se supone que tengo que hacer / voy a agarrarlo todo ¡voy a volver a nacer!”;

Repleto de certeras metáforas:

Voy a alcanzar contigo la línea del horizonte / hasta sentir que la historia canta para mí”;

De sentencias elocuentes:

Para llegar a triunfar sólo hay dos caminos: o mentir perfectamente, o creérselo hasta el fin”;

Y con un estribillo de simetrías y oposiciones impagables:

Si hay una guerra quiero hacerla en tu boca /

Si hay una paz quiero tocarla en tu piel /

Si hay un infierno quiero olvidarlo contigo /

Y si hay un cielo lo robaré para ti

Todo ello cantado con una voz cuya emoción y rabia procedía de la mismas entrañas. Imposible escucharla sin sentir un zarpazo en el estómago. A la tripulante Kowalsky todavía se le eriza el vello de la nuca al oírla.

La segunda canción era “De espaldas al cielo”, firmada a medias por Gabriel Sopeña y Jesús Trasobares. De guitarras rotundas y estructura tendiente al heavy, con unos estribillos que remontan el alma, y una voz que delinea con rotundidad el clima del tema. “De espaldas al cielo” tiene sin duda la letra más dura y reivindicativa del álbum, con una elaborada descripción de las miserias sociales, políticas y económicas de nuestra época. El inicio ya deja claras las intenciones:

He nacido donde el sol manda en la noche / donde la sangre hace la ley

Donde se prefiere un ruido de pistola / al latir de un corazón

El tono se repite en el resto de versos. Por citar un simple fragmento:

He nacido donde el torpe es el que ordena /

Donde el idiota firma un papel /

Donde el demente reza ‘¡que Dios me bendiga!’ /

Mientras me apunta hacia la sien

“De espaldas al cielo” es una canción de rabia ante la desesperación, de profunda desconfianza hacia los poderes, hacia los supuestos salvadores, de resistencia ante explotación y el sometimiento. Estás jodido y nadie vendrá a resolver tus problemas, te han engañado, date cuenta. El estribillo se engancha a la memoria como un condenado riff, remarcando la inutilidad de esperar que nuestras soluciones provengan de las alturas.

Me han dicho que una cruz me lleva al cielo /

Pero esa cruz la cargo yo. Y no veo la luz

Cristo de San Juan de la Cruz (Salvador Dalí, 1951) (Fuente: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/8/8c/Christ_of_Saint_John_of_the_Cross.jpg)

La canción, después de llevar al oyente hasta el borde del abismo, efectúa una pausa que, tras unos segundos de vacilación, da inicio a la hipnótica repetición de un nuevo estribillo con un ritmo trepidante hasta el fade-awayfinal. Una traca final de regusto bíblico, con referencias al mito de la crucifixión cristiana, que nos recuerdan que, al menos, él tenía al cielo de su parte, mientras que nosotros no contamos con esa suerte.

Qué difícil ver la luz / si en tus manos se abren huecos

Estoy clavado a la cruz / pero de espaldas al cielo

Para la tripulante Kowalsky, tras su audición es imposible no acabar exhausto.

La combinación de ritmo y voz es impecable, consiguiendo una atmósfera tan dura como cargada de romanticismo. Porque, en definitiva, el texto va desgranando una serie de premisas de las que el oyente deberá extraer su propia conclusión. La tripulante Kowalsky lo vio claro: corre por ti misma o nadie lo hará por ti. “De espaldas al cielo” no transmite energía, sino que la produce como si fuera un generador de alta potencia.

No puedo mirarte” es el tercer tema del álbum, el único firmado por el guitarra Jesús Trasobares en solitario. Aborda de manera muy inteligente el tema del desamor (“tus ojos son el mar de mi derrota”), un tema clásico en el mundo de la canción popular. Se inicia con un bajo sincopado sobre el que un saxo va desplegando su sensualidad con una intensidad creciente, hasta que Sopeña introduce los primeros versos “Cuando sólo noche esconde tu mirada…”. A partir de ahí el tempo va creciendo mientras la letra va describiendo el estado de ánimo de quien se siente derrotado ante la incapacidad de resolver a su favor una relación de pareja. Una canción que crea un ambiente propicio para recogerse y lamerse las heridas. Y quizá la mejor grabada del disco.

Cuando no hay preguntas para las respuestas

Cuando un puño en la pared habla por los dos

La cuarta canción, “Resaca”, fue un clásico en la Zaragoza de la época. Fue de las más radiadas, apareció en varios recopilatorios, y se convirtió en algo así como la firma representativa del grupo. Con unas guitarras rítmicas constantes en su ida y vuelta, que en la versión del álbum son más recias que en la versión más acústica aparecida previamente en el recopilatorio “Sangre Española”. La tripulante Kowalsky quizá prefería la versión acústica. Pero lo mejor llega con la lírica. Con una estructura llena de simetrías, la letra es toda una lección de como combinar sensibilidad, dureza y erudición. Es una canción que no se puede escuchar sin salir más sabio, más consciente de los pliegues de la vida.

Ferrobós en la foto de la contraportada del recopilatorio Sangre Española (1987)

La canción nos habla de tres resacas vitales:

  • La ‘resaca de amor’ que uno experimenta cuando se da cuenta de que “no representa nada para ti / el boquete que se ha abierto en tu almohada”; es decir, el lamento herido y solitario de un amor finalizado a destiempo.
  • La ‘resaca de Dios’ que sobreviene cuando uno observa que vive en un lugar donde “cualquier guerra es una bendición / cualquier ataque es un regalo / y la paz es un sustantivo sin identidad” y sólo le queda intentar escapar, pero sin tener muy claro hacia dónde.
  • La ‘resaca de alcohol’ en la que cae uno cuando se da cuenta de que “lo que hay que encontrar / hace tiempo que dejó de importar”.

Es definitiva, una síntesis perfecta de los retos a los que se ha de enfrentar un humano cualquiera en su devenir por el planeta (y por el espacio exterior, como es el caso de la tripulante Kowalsky). Todo ello declamado sobre un ritmo hipnótico de raíces entre springsteenianas y dylanianas que le dan ese aire clásico. Si lo llevara, la tripulante Kowalsky no podría hacer otra cosa que quitarse el sombrero.

La quinta canción, que cerraba la primera cara del álbum, era una actualización de “¿Dónde estás ahora?”, un tema vitalista que, a partir de una guitarra acústica arpegiada, despega con una sección de viento que lanza todas las campanas al vuelo. Nada tan optimista como unos buenos metales, trompetas a trombones de todos los tamaños y bien dosificados, pero que contrastan con la enigmática letra del tema. Se trata de la letra más abstracta del álbum, a medio camino entre el surrealismo onírico daliniano y las imágenes expresionistas del cine alternativo de los setenta. Toda ella redactada en forma de una serie de preguntas para las que no se espera respuesta, puesto que se trata al oyente como si ya las supiera:

¿Dónde estás ahora que el ruido está vivo / Y el neón cae rendido a tus pies?

¿Quién modeló tu figura al trasluz / Y plantó guitarras en tu talle?

¿Quién con arena te dio de beber / Y te hizo guardián de la calle?

Sólo sugerencias para que el oyente las lleve a su terreno y las tenga que hacer suyas. Como un buen cocinero, Sopeña no parece nada partidario de masticar la comida que ofrece. Si nos han dado dientes es para morder.

En la época de los vinilos, cuando acababa la primera cara procedía darle la vuelta. Y la primera canción de la segunda cara era la que daba título al disco: “Círculo de fuego”. Está firmada por el tándem Sopeña / Trasobares. Aparentemente, se trata de una canción a la vez de reproche y de advertencia, aunque los motivos permanecen incógnitos. Con todo, transmite también una actitud optimista, dado que el narrador se permite la elegancia de darle una salida a la persona objeto de los reproches.

Si no quieres reventar con tu propio veneno  / debes romper de una vez el círculo de fuego

Se trata de una cuestión fundamental: me has decepcionado, no estoy nada de acuerdo contigo, quizá ni con tu forma de ser, incluso me has hecho daño, pero mereces seguir adelante y te procuro una salida digna. Esta actitud, de reconocimiento de la humanidad del otro, aunque se trate de un potencial enemigo, es lo que a la tripulante Kowalsky le sirvió para orientarse durante una temporada por este “valle de las sombras y de la muerte” (como decía Lennon) y salir indemne.

El tema está vestido musicalmente con unas guitarras limpias, poco saturadas, salpicadas de breves notas de saxo, que se podrían confundir lejanamente con algunas canciones de Nacha Pop. Parecería un tema nuevaolero si no fuera por la letra. No obstante, la tripulante Kowalsky prefiere una versión totalmente acústica que escuchó en un concierto de Ferrobós en la Sala “En Bruto” de Zaragoza en mayo de 1989. A causa de su frecuentación de ciertos bares zaragozanos de la época, consiguió hacerse con una copia de dicha grabación y ha decidido que también la subirá a bordo de la nave espacial. Será una grabación indispensable para un viaje hacia las estrellas.

Línea 30” es el siguiente tema. Una declaración de amor a la inversa. Un acto de reafirmación y autoestima que traslada la iniciativa a la persona amada. Un bombazo metafórico que da una idea de las posibilidades del grupo. Gruesas guitarras marcan la pauta a un ritmo complejo en el que bajo y batería hacen malabares, mientras una voz rotunda declama su valía ante el mundo, y, en particular, ante otra persona a la que aparentemente se quisiera cazar mediante unos versos implacables e inspirados :

“Hay una fina línea entre tus labios /  que sólo esconde el miedo de ser tú / Deja que tu piel trague fuego en vez de libertad”

“Y yo te digo que siempre hay una perla / en el fondo de cada deseo / Y que atraparla depende de lo cerca que duermas de mí”

Pero, como en la más clásica tradición del bolero o el corrido, el amante no piensa mover un dedo. Lo fía todo a su exhibición, tal es su valía que se trata de que sea la otra persona la que demuestre su amor, la que se movilice para materializarlo. De ahí que el estribillo repita incansable una idea muy simple: “Toma la línea 30 y ven”. La 30 era la línea de autobuses que conectaba el centro de la ciudad con el barrio de Casablanca, donde Sopeña vivía y el grupo ensayaba. Una actitud muy propia de la época de la “autosuficiencia” de los 80: Soy tan bueno que tendrás que venir a por mí. Era un país que se sacudía los complejos del pasado a marchas forzadas, lo cual a menudo requería aparentar una autoestima exacerbada. Pisando fuerte.

La siguiente canción era “Río Abajo”, un tema que alcanzó una cierta popularidad en la Zaragoza de entonces y que utiliza la metáfora del viaje (el descenso de un río) para dar cuenta de ciertas decisiones vitales. Sigue la fórmula de las dicotomías o relaciones entre contrarios, que sirven para desvelar falacias comúnmente aceptadas como ‘norte y sur’:

Decir ‘norte y sur’, es decir ‘bien y mal, blanco y negro, delante y detrás

A lo que el narrador muestra su desacuerdo proponiendo un criterio propio (retorna el sentido de autosuficiencia, o más bien de romper con el lastre de lo heredado, al estilo machadiano del ‘se hace camino al andar’):

El sol siempre sale por donde quiero mirar

Ferrobós tocando en el BV80, mítico bar zaragozano.

El tema estaba firmado por Sopeña / Trasobares, y formalmente tenía dos peculiaridades: por un lado, el instrumento más característico era un violín (tocado por Carlos Gonzalvo), lo que le daba un aire country (o incluso medieval!); y, por otro lado, estaba cantado a medias entre el propio Sopeña y Mauricio Aznar, entonces carismático cantante y compositor del grupo Más Birras. Se trata del único tema en que aparece un cantante solista externo (si bien hay varias personas que hacen coros en varias canciones, como Mariano Chueca, líder de Distrito14, o Josean López, técnico de los estudios de grabación Tsunami de San Sebastián). Se trata sin duda de un buen tema, con un ritmo y melodía bastante pegadizos, pero quizá una canción menor en el conjunto de este álbum, puesto que está lejos de la sensibilidad e intensidad de varias otras incluidas en el mismo.

A continuación viene “Me das un minuto”, una canción que a raíz de su aparición previa en el recopilatorio Sangre Española se hizo un hueco en la programación radiofónica especializada de la ciudad, por lo que se convirtió un poco en el estandarte del grupo. Es un tema de desarrollo largo (de hecho, tiene dos partes separadas y perfectamente distinguibles, con diferentes ritmos y estribillos, algo que también habían hecho en “De espaldas al cielo”), con un ritmo trepidante, basado en un riff de guitarra intenso y elocuente, que imprime la sensación de urgencia que desprende toda la canción.  “Me das un minuto” narra la historia de un desamor brusco y sobrevenido, donde el protagonista pide “un minuto para olvidarte” y para largarse bien lejos. Es la crónica de una huida desesperada, una canción de carretera con imágenes surreales que acrecientan la ansiedad de quien huye.

Escurro mis deseos sobre el acelerador / mientras la realidad come a dos carrillos / Quiero decirte ‘ven’ y te digo ‘vete’ / quiero saber qué estoy haciendo aquí / tragándome la fiebre de la madrugada / lanzando mis pupilas contra la nada

No sé dónde acaba esta lengua de asfalto / que lame mi visión hasta conseguir desconectar / mis sentidos de la luz y hacer me sólo una mitad

El huido quisiera que todo siguiera igual, pero sabe que no puede regresar, la huida es su única opción. Ha sido rechazado y su destino es seguir por la carretera hasta que salga el alba e incluso más allá. Difícilmente se podría decir mejor con otras palabras, difícilmente se podría expresar más con menos, tras este texto y música difícilmente Sopeña se podrá superar a sí mismo en el futuro (aunque a veces parezca que casi lo consiga).

El tema realmente romántico del álbum es “Sangre de la luna”. La balada. La lenta. Con un acompañamiento acústico casi minimalista, con gotas puntuales de un saxo que gime a la luz de la luna. Es una declaración de amor que, sobre todo, huye de los tópicos babosos al uso. El texto descansa parcialmente en el juego de conceptos complementarios (voz / eco; sangre / corazón), y en la sentida declamación de Sopeña resulta sobrecogedor. Intimista e irracional, se propone una relación donde “cualquier principio parecerá un fin”. O como reza el estribillo:

Tu voz es sangre de la luna,  y yo/ sólo seré un eco de tu corazón

El vinilo finalizaba con esta canción, pero en realidad no era la última del álbum ya que en la versión ‘cassette’ se incluía un tema extra (que también fue utilizado como cara B del single): “Pon fuego en mis manos”. Resulta difícil comprender cómo una canción de este calibre se pudo dejar fuera del disco. “Pon fuego en mis manos” lo tiene todo: una melodía excelente, una letra impresionante, una interpretación demoledora, sensibilidad y romanticismo hasta morir, brutalidad. Todo. A partir de unos arpegios de guitarra sobre los que caen como una tromba los golpes de batería, se despliega una inaudita declaración de amor:

Toda mi sed es una fuente en tu voz / Tu silencio es mi mordaza

Es sencillo, chica, es simple, esta guitarra habla claro:

Si te has sentido libre un solo instante, mi vida vale algo

Si te has sentido libre un solo instante, pon fuego en mis manos

La letra retoma las simetrías conceptuales entre términos opuestos y complementarios (sed / fuente; silencio / mordaza; sombra / luz; etc.), con imágenes y metáforas de la mejor tradición:

“Tu roce, casi a carne abierta, escarba precipicios en mi piel / y el último abismo me hace caer, clavando la espada en la pared”

“En la certeza de tu ternura sólo soy la sombra de una historia que fue luz”

No hay mejor manera de acabar.

La formación que grabó este disco llevaba junta desde 1982, pero justo después de su edición, en 1988, se separó. Una verdadera lástima.

Maqueta (1989)

En 1989 el grupo reapareció con una nueva formación en la que se mantenían Gabriel Sopeña y Jesús Trasobares, y se incluían tres nuevos miembros: Gavilán Hernández (batería), Raúl Martí (bajo) y Rafael Santos (percusión); a los que se añadía Manuel Enguita al saxo (quien ya era anteriormente el quinto miembro en la sombra, y que compaginaba su labor de saxofonista también con Más Birras). Esta nueva formación grabaría en 1989 una Maqueta de cuatro temas (“San Juan”, “Rosas en la carretera”, “Cisjordania” y “Dime”), que manteniendo un sonido contundente, unas melodías vitalistas y unos textos más que notables, abrían nuevos caminos hacia fronteras musicales más “étnicas” (como era el caso de los destellos latinos en “San Juan” o de los riffs arabizantes de “Cisjordania”).

Entrada del concierto de Ferrobós en la Sala En Bruto, 24 de mayo de 1989. Este concierto fue retransmitido posteriormente por Radio 3.

Aquella nueva formación dio algunos conciertos durante 1989, pero en pocos meses también se disolvió. Algunas de estas últimas canciones fueron recuperadas en el siguiente proyecto de Gabriel Sopeña, El Frente, donde continuaban Jesús Trasobares, Manuel Enguita y Gavilán Hernández, además de José A. Coronas como nuevo bajista.

El Frente grabó dos excelentes álbumes con la discográfica independiente donostiarra ES-3 Records, producidos por Iñaki Altolaguirre.  Estos álbumes, Otro lugar bajo el sol (1991) y Barcos (1992), contenían un puñado de canciones realmente impresionante, como las dos que dan título a ambos discos o como algunos temas inéditos recuperados de la época de Ferrobós (como “Tengo miedo”, “Tócala otra vez”, etc.). Estos discos no tienen desperdicio, pero eso ya es otra historia (quizá “la sombra de una historia que fue luz”). Aquí se podían escuchar algunas de estas canciones.

Por su parte, Gabriel Sopeña un par de años más tarde, a través de los contactos propiciados por el productor Iñaki Altolaguirre, empezaría a colaborar con Loquillo, una colaboración que será providencial para ambos y que, en cierto modo, dará forma a los últimos veinte años de carrera de Loquillo. La tripulante Kowalsky lamenta profundamente la desaparición de Ferrobós y de El Frente, pero reconoce son cadáveres bonitos que dejaron su huella grabada, por lo que en el fondo tenemos suerte de poder disfrutar de aquellos momentos de historia musical simplemente activando el “play” de cualquier artilugio musical. Pero eso también es otra historia, y la tripulante Kowalsky debe descansar para el viaje.