The White Stripes: Get Behind Me Satan

220px-Get_Behind_Me_SatanLa tripulante Kowalsky no puede dejar de escuchar un disco de sonido algo primitivo y  arrebatador perpetrado por el curioso dúo (guitarra y batería, básicamente) The White Stripes. Se trata de su disco de 2005 titulado  Get Behind Me Satan, un título proveniente de una antigua canción compuesta para una película de Fred Astaire y Ginger Rogers (Irving Berlin, 1936), a su vez está extraído de una cita bíblica (probablemente bien conocida en tierras de lectores de Biblias como las del dúo, obviamente ignorada sin mayor problema por los habitantes de nuestras iletradas tierras). Follow_the_Fleet_cinema_poster

Se trata de una obra low-fi, como es habitual en el resto de su carrera (es su quinto disco, y después de éste sólo hicieron uno más, si descontamos el directo final), pero bastante menos ruidoso que los anteriores. A la tripulante Kowalsky le gustan todos, pero la mayor carga melódica de Get Behind Me Satan lo convierten en una perla ideal para ser disfrutada en audiciones solitarias. A su entender, los anteriores álbumes se experimentan mejor de manera colectiva, aunque esto dista de ser una regla generalizable. En el fondo, Get Behind Me Satan es diferente porque sus temas se fundamentan en sonidos de pianos, mandolinas, etc., en vez de en la guitarra distorsionada típica de sus otros discos (aunque se mantienen sus típicos riffs que estructuran todos los temas). No es el más apreciado por sus seguidores, ni el más valorado por la crítica. Pero el álbum acústico de The White Stripes es el que partirá hacia las estrellas  con nuestra tripulación. Kowalsky pegaría por haber escrito My door bell!

La tripulante Kowalsky no lo puede evitar. Las gruesas guitarras y las contundentes baterías destempladas le acompasan el ritmo respiratorio a los latidos del corazón de tal manera que podría permanecer bailando días enteros sin dar apenas muestras de fatiga. Quien dice bailando dice leyendo, recolectando fruta o trabajando en una oficina de seguros. Este disco es una fuente energética. La electricidad que rebosa es una energía primordial que, tanto la tripulante Kowalsky como el resto de habitantes de este sistema solar, necesitamos consumir con una cierta frecuencia para mantener nuestro precario ritmo vital.

Engraving from Mechanics Magazine published in London in 1824.

Engraving from Mechanics Magazine published in London in 1824.

Mientras escucha estas músicas (donde la voz es prácticamente un instrumento musical más) la tripulante Kowalsky consigue, no sólo caminar un par de palmos por encima del suelo, sino mantenerse allí durante tiempo indefinido e incluso ascender a trompicones hasta alturas considerables para, a continuación, descender planeando sobre nuestro absurdo e insignificante mundo. ¡Qué mejor manera para tomar distancia de las supuestas cosas importantes! De esas que nos atan a ras de suelo, arrastrándonos por parajes desde los que es difícil divisar el horizonte y, por tanto, orientarse.

En este sentido, las canciones de The White Stripes, como las de tantos otros (como la mayoría de los citados en esta web), constituyen un punto de

apoyo esencial para sobrevivir en este planeta y en otros por venir. Indispensables. Como el oxígeno del aire. Como la sal del mar. Como los taninos del vino o la guanina del ADN. Como los cilios para los paramecios o los dedos para el mástil de la guitarra.

En las canciones de The White Stripes resuenan ecos muy antiguos de la música popular de las calles y los bares, de los miles de personas desplazadas que, a lo largo de los dos últimos siglos, acabaron en la América del Norte y se llevaron con ellas el poso de sus melodías y ritmos ancestrales, y que reelaboraron con una incesante y repetitiva creatividad.

“You took a white orchid, you took a white orchid and turned it blue”

The White Stripes se disolvieron el 2 de febrero de 2011. Pero sus grabaciones siguen a nuestro alcance…

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