Antony and the Johnsons – I am a bird now

índiceLa tripulante Kowalsky se levantó melancólica esta mañana. Casi sin darse cuenta, se percibió a sí misma como un insecto deambulando por el cosmos ígnoto e infinito, hasta que su evidente insignificancia hizo mella en su autoestima. El hecho de tener que abandonar el planeta Tierra para lanzarse hacia el sumidero de la galaxia ha profundizado su natural sentimiento de alienación y, en su interior, ha descubierto un hueco difícil de llenar, lo cual se traduce en una angustiosa presión latente que en cualquier momento puede estallar. Un lamento por la pérdida de sus raíces. Aun así, se trata de un lamento esperanzado por la metamorfosis que adivina en su personalidad futura. Ya nada será igual (pero no tiene por qué ser peor).images2

Buscando algún disco adecuado para sobrellevar estas tensiones, la tripulante Kowalsky se dio de bruces con ‘I am a bird now’, de Antony and the Johnsons. El mismo. O la misma. O ambas cosas. Un lío en un mundo tan poco dado a los matices. Como la atribulada mente de Kowalsky en estos momentos inciertos, tan cerca del vértigo del despegue.

BinaryCacheServletAntony Hegarty graba unos discos mayúsculos a la par que intimistas, con aquel falsete trágico de ojos humedecidos, tan oportuno para vehicular sus reivindicativos discursos de libertad sexual y de orgullo transgénero sin perder ni un ápice de credibilidad ni de sentido del espectáculo. Partidario de sentirse tan hombre como mujer en un mundo bipolar y excluyente, con su look mitad Oscar Wilde mitad monje ortodoxo (Josep Massot dixit), se ha convertido en un artista total que, en sus interpretaciones al piano o con su banda de acompañamiento (The Johnsons u otros), ofrece motivos musicales y extramusicales a partes iguales, con igual poder de convicción. Su entrega solemne y su pinta de diva de ópera lampiña y ultrajada generan una tensión ideal para cantar unos textos y músicas que parece que le broten de la más honda entraña. Unos textos que siempre suponen un desafío, que reflejan situaciones poco comunes, que persiguen la comprensión de sentimientos singulares.

índice2I am a bird now, editado en 2005, es su segundo LP. Contiene 10 temas compuestos al piano con una atmósfera unitaria, casi conceptual, alrededor de unas ideas clave: redefinamos nuestra situación, celebremos el presente y olvidemos sufrimientos futuros. Justo lo que la tripulante Kowalsky andaba buscando, aunque por diferentes razones que no le impiden empatizar con el/la cantante. Antony contó en esta ocasión con las colaboraciones estelares de Lou Reed, Boy George, Rufus Wainwright y Devendra Banhart.

1. Hope There’s Someone: ‘Espero que haya alguien / ¿Quién va a cuidar de mí cuando me muera?’
Fragilidad quebradiza. Está asustado. Cae la noche y no sabe cómo dormir. Espera que haya alguien ahí cuando vaya a morir. Cuando esté a punto de irse. Se pregunta quién se va a ocupar de él –o de ella- (¿será el fantasma que aparece en el horizonte? ¿Será el hombre que ha venido esta noche?) Se da por vencido, caerá a sus pies para, al fin, descansar la cabeza con los ojos cerrados. Solemne celebración de las diferencias. En la sección final, un piano retumba hasta acoplarse, tan irritante que nos indica que no es un tema para radiofórmula.

2. My lady story: El lamento de una mujer rota, humillada por alguien a quien amaba (¿un hombre?) y a quien quizá todavía se quiere.
“Mi historia de mujer / es una historia de aniquilación
Mi historia de mujer / es la historia de una amputación de mama
Soy un agujero enamorado / soy una novia en llamas
Estoy tan rota / pero todavía quiero ver los ojos brillando / sobre mi belleza perdida”
Traiciones íntimas. Resentimientos largamente meditados. Un largo lamento por la belleza perdida. Su historia como mujer. Como un agujero enamorado. Como una novia en llamas. Pero su vientre es un océano de dolor y de rabia. Se adivina la venganza.

images33. Today I Am A Boy: El deseo de un niño por crecer y convertirse en una hermosa mujer. “Un día creceré y seré una hermosa mujer, una hermosa chica. Pero hoy soy un niño, un chico. Por hoy soy un niño”. Una suplicante a la vez que orgullosa disolución de las fronteras de género. Una celebración del transgénero que huye de dificultades futuras. Se adivina el gozo mientras se espera la discriminación en la sociedad de la exclusión implacable, a la que habrá que vencer.

4. Man Is The Baby: Una celebración ante un nacimiento. “Perdóname, déjame vivir, bendice mi destino, mi espíritu libre. El hombre es el niño. Deseo de ser olvidado, perdonado”. Vive y deja vivir. Deseo de que llegue un día triste. El hombre es el bebé. Deseo de libertad. De romper amarras con lo que la naturaleza nos dejó, con lo que nos hizo. Deseo de romper con el destino. Un deseo.

5. You Are My Sister: Un sentido homenaje a una hermana (real o figurada). Tan diferente a él cuando eran niños, pero con el tiempo cada vez más próxima, más cómplice. Como tantos, el protagonista experimenta una difícil travesía desde niño. Pero ella le acompañó a través de su enrevesado mundo protegida sólo por su bondad. Por ello él la quiere. Y le desea lo mejor: que sus sueños se hagan realidad, quizá tanto como se han hecho los suyos también. El protagonista habla desde otra orilla, ya a salvo.

6. What can I do: ¿Qué puedo hacer yo cuando el pájaro tiene que morir? ¿Qué puedo hacer yo cuando ella es demasiado débil para volar? ¿Qué puedo hacer? Ante la muerte (de un ser que ya no puede volar y le llama de lejos). Él paralizado, atenazado por el miedo y el desconcierto, pide ayuda para actuar. ¿Qué puede hacer? Es la desnudez ante la muerte, la grandiosa vulnerabilidad en que vivimos. Somos unos héroes.

images7. Fistful Of Love: Una relación apasionada y compleja: El protagonista tumbado en la cama es golpeado sin avisar por su compañero/a mientras está mirando las estrellas. Una entrega total (puños, látigos, todo por amor). Pero eso no es amor. Está fuera del amor. Es un amor sometido. No se puede luchar, los golpes van cayendo y no se pueden parar. Una impresionante sección de viento sostiene y marca el ritmo, un ritmo bluesy incrustado en una orquestación soul. Una voz apasionada, una fiebre que se balancea entre gemidos en medio de una tormenta de septiembre. Golpes. Viento. Trompetas. Saxos. Sexos.

8. Spiralling: Está desolado como un perro en celo. Está deshecho, incompleto. Se siente morir. Pero no sabe a dónde irá. Un lamento por una situación insoportable. Se siente congelado. Se percibe en espiral (y por ello no puede mirar a lo lejos).

9. Free At Last (North american Slaves Spiritual Chant Gospel): Alguien recita una oración en el paseo del cementerio (allá abajo). Alguien da las gracias a Dios porque será libre al fin. Porque podrá charlar con Jesús. Y su alma volará libre y alto. Pero eso ocurrirá una de esas mañanas brillantes y estupendas.

10. Bird Gehrl: Es una chica-pájaro al fin. De esas que saben volar (¡se palpa las alas para convencerse!). Y volará alto. Renacerá en el cielo. Se ha convertido en una chica voladora al fin.

ajfortodayLa tripulante Kowalsky se llevará este álbum en su viaje a las estrellas, pues sabe que el ciclo vital de los humanos contiene inevitables periodos de tormento y momentos de caída. La vida mezcla el dolor y el placer en proporciones inestables, a menudo a la vez, dando lugar a nuestras paradójicas y psíquicamente complejas existencias. ‘I am a bird now’ es un bálsamo ideal para acompañarnos en el desarraigo, en la expresión de lamentos profundos, en la aspiración a una vida mejor y, hasta cierto punto, liberada de la opresión propiciada por la mera presencia de nuestros congéneres. ‘I am a bird now’ es una declaración de orgullo, una aceptación de la diferencia, una abolición de las fronteras sociales basadas en supuestos trasfondos biológicos. Una declaración rotunda del vive y deja vivir. Y no hay nada más que decir.

Pink Floyd – Wish You Were Here

pink_floyd___wish_you_were_here_by_soulnex-d5f4nbwLa tripulante Kowalsky pretende llevar consigo un disco de Pink Floyd. Tras intensas cavilaciones y discusiones con el resto de la tripulación, se ha decidido por Wish You Were Here (1975).

Pink Floyd fue un grupo peculiar, cuya temática y estética encaja perfectamente en el desarrollo de cualquier viaje interestelar que se precie. Su música está compuesta de texturas que combinan sonidos electrónicos y acústicos, sin renunciar al nervio rock (perfectamente representado por los míticos solos de guitarra de David Gilmour), así como de imágenes icónicas (proyecciones en directo mediante tecnologías elaboradas por el propio grupo, una iconografía característica en sus portadas, básicamente diseñadas por el colectivo Hypgnosis, cuyos miembros procedían del mismo sustrato contracultural que el grupo), elementos todos que que sugieren largos viajes (trips?) que abarcan desde la psicodelia y la percepción interior hasta la contemplación extasiada del firmamento. O de la otra cara de la luna! CCC57F7CC

La tripulante Kowalsky podía perfectamente escoger otros álbumes de la dilatada trayectoria del grupo.  Evitaría, quizá, sus primeros tiempos (etapa Syd Barret, e incluso Soucerful of secrets), aunque a veces todavía los escuche en su taller. Sin embargo, no tendría inconveniente en subir a bordo cualquier disco del grupo a partir de Atom Hearth Mother (1970). Con Meddle (1971) disfrutaría de lo lindo (“One of these days” o “Echoes” son de sus preferidas, e incluso “Seamus”, el sorprendente blues cantado por el perro, sin desmerecer de “Fearless”, con su coro de hooligans final). También algunos temas de The Dark Side of the Moon (1973) serían de su interés (aunque Kowalsky haya siempre pensado que es un álbum sobrevalorado), como “Time”, “Eclipse” o “Us and them”.

pink_floyd_pompeii_wallpaper_by_ineedfirePrecisamente “One of these days“, “Us and them” o, en particular, “Echoes” constituyen unos de los puntos de anclaje de estos episodios sonoros con el sustrato personal de Kowalsky. Su escucha le remite a aquellas tardes de domingo post-adolescentes cuando, en el reservado de un pub, se tragaba una y otra vez el video de “Live at Pompeii”,  con aquellas siluetas de músicos al trasluz entre las ruinas, la lava y las humaredas del volcán, las silenciosas y milenarias pinturas romanas, las estatuas del museo de Nápoles, con Gilmour sentado descalzo tocando la slide, el perro de “Seamus” emitiendo lamentos, el anfiteatro lleno de cables y las gradas vacías mientras la música sonaba frenética, con Roger Waters golpeando furioso el gong mientras el sol alcanzaba su zénit, con todas aquellas referencias astronómicas (telescopios, vistas de la luna) envueltas en texturas musicales medio humanas medio máquinas, sonidos irritantes, orgánicos…

PINK FLOYD - WISH YOU WERE HERE - PS01 frontLa tripulante Kowalsky interiorizaba todo aquello mientras intentaba dar algún sentido a su vida, cosa realmente difícil las tardes de domingo. La transición de cualquier humano hacia una vida autónoma y plena tiene un duro precio, requiere transitar por territorios desolados, preñados de momentos de zozobra y de incertidumbres ancestrales. Un mar de incógnitas que inevitablemente han propiciado la invención de la música (y, probablemente… de la religión) como mecanismo evolutivo extremadamente útil para sobrevivir en este mundo. Para los humanos, el tránsito hacia la vida adulta es una batalla a vida o muerte de la que no es posible salir indemne. Las cicatrices de esa lucha conformarán la personalidad del individuo en lo que le reste de vida. Y la música es un buen punto de apoyo para dicho viaje. Tanto como para el viaje a las estrellas que preparan nuestras protagonistas.

Pink Floyd Wallpaper 124Por ello, la supervivencia requiere de lugares a donde ir a lamerse las heridas con tranquilidad. El primero suele ser el útero materno, más tarde la casa de la infancia. Pero, cuando salen a dar la batalla por su cuenta, los humanos necesitan encontrar refugios seguros, puertos a cubierto de los temporales donde descansar y reordenar pensamientos, recuperar fuerzas y purgar emociones. La trastienda del Pub Aravy era uno de esos lugares. Un lugar de oscuridad casi absoluta, con varias filas de asientos de lona encarados hacia una pantalla donde sólo se proyectaba música (cuando aún no había llegado la MTV). Allí Kowalsky se empapó de proyecciones de conciertos y videos como (recuerda) los sudorosos de la Creedence Clearwater Revival, o el insistente Rock & Ríos en su apogeo. Lo dicho, un lugar de refugio, siempre en domingo por la tarde (las horas más hostiles jamás inventadas).  Allí los miembros de Pink Floyd deambulaban entre las ruinas de Pompeya. Y Kowalsky entre las ruinas de su post-adolescencia, intentando dar un salto más allá, crecer y ponerse a salvo.

Pink Floyd llegaron así hasta Kowalsky. Por la vista antes que por el oído. O al menos a la vez. Y en este impacto visual jugaron un importante papel las portadas de los discos. Aquella portada de Wish You Were Here, con dos hombres de negocios bien plantados dándose la mano en una medio de la calle de un polígono industrial… era chocante. Enigmática. Chocaba tanto con el imaginario rock como con el de la psicodelia, del hipismo, y de todo tipo de corrientes contraculturales que hacían furor entre los entendidos de la época. Chocaba sólo hasta cierto punto, porque una de las cosas sorprendentes era que… ¡uno de los dos hombres estaba envuelto en llamas!, mientras el otro no dejaba de darle la mano. De algún modo, la natural desconfianza que la tripulante Kowalsky sentía hacia los trajes y las corbatas, se veía reafirmada a partir de aquella icónica imagen. Es más, cada vez que a lo largo de su itinerario biográfico tuvo que dar la mano a alguien disfrazado con dicha vestimenta, nunca pudo evitar mirar disimuladamente si surgían llamas por encima del hombro de su interlocutor.

El interés de la tripulante Kowalsky por Pink Floyd, además de por su vertiente musical, se fundamentaba también en el planteamiento ideológico. Sus letras y actitudes pretendían una crítica social permanente de la alienación de los individuos en aquella perversa sociedad capitalista industrial donde le había tocado vivir, una crítica hacia la incomunicación, la desorientación, la manipulación y opresión, etc., que sufrían los humanos de la segunda mitad del siglo XX.

Wish You Were Here es un disco conceptual alrededor de la idea de ‘ausencia’, del extrañamiento de las personas queridas, un lamento por los humanos concebidos como simples piezas de la máquina, al servicio del mercado, de la empresa, del estado. De músicos enajenados por una industria musical que les promete riquezas a cambio de exprimirles al máximo, de anularles como creadores (‘Welcome to the machine, ‘Have a cigar). En este disco Pink Floyd homenajean a su antiguo líder caído, Syd Barret, a quien al parecer va dirigido el lema principal (“ojalá estuvieras aquí”) y dos de los temas (el homónimo ‘Wish you were here’ y ‘Shine on you crazy diamond’). Seis años antes, la disfunción psicosocial extrema en la que se encontraba Barret amenazaba con llevar el grupo a la descomposición, así que simplemente le abandonaron. Ello les conllevó acusaciones de traición por parte de sus fans, aunque quienes más tenían que perder eran ellos, pues Barret había sido el principal compositor, cantante y guitarrista, por lo que tras su ausencia nadie daba un duro por ellos.

Sin embargo, a juicio de la tripulante Kowalsky, su reconversión fue providencial, pues desarrollaron un proyecto musical mucho más estimulante (al mismo tiempo que intentaban ayudar a Barret en su carrera en solitario!) que les convirtió inopinadamente en unos de los grandes triunfadores del rock de los 70. Con una música cada vez más compleja, con temas de largos desarrollos con partes melódicas fácilmente asimilables combinadas con pasajes ruidosos, desconcertantes, incómodos, que requerían de una intensa complicidad del oyente. ‘Shine on you crazy diamond’ sería un buen ejemplo (en conjunto duraba unos 26 minutos, con nueve partes y dividido en dos mitades para abrir y cerrar el álbum).

pinkfloyd-diver-1Poco a poco, su música se fue convirtiendo en un reto para su propio público, pero sorprendentemente fueron ganando adeptos hasta devenir un grupo de masas. Probablemente, su vertiente visual tuvo mucho que ver en este éxito, pues sus conciertos fueron adoptando una forma cada vez más teatral, a modo de un espectáculo de ópera moderna y llenos de cachivaches tecnológicos (rayos laser, hinchables voladores, aviones de guerra sobrevolando el escenario, etc.), constituyendo aquel tipo de eventos que nadie ‘en la onda’ debía perderse (el gran circo del rock’n’roll). Eso fue su perdición, pues a medida que ahondaban en temáticas sonoras y filosóficas más complejas, sus conciertos se volvían más y más masivos, y con dicho planteamiento y convertidos en un grupo de estadios, el divorcio con la actitud de su público no tardaría en llegar. La tensión explotó en la gira de presentación del álbum Animals (1977), cuando Waters se enfrentó directamente y con violencia a un grupo de espectadores que actuaban descontrolados de acuerdo con el rol de “público disfrutando en un concierto”. El desenlace fue traumático para el equilibrio de una banda que empezaba a ir a la deriva.

Además coincidió en el tiempo con la eclosión punk, cuando se convirtieron en uno de los símbolos a derribar por la nueva generación emergente (Johnny Rotten daba conciertos con una camiseta donde se leía ‘odio a Pink Floyd’), urgentemente necesitados de nuevas vías y modos de expresión. Una nueva escena musical y estética desplazaba a la anterior, tal como los mismos Pink Floyd habían hecho con sus antecesores. Ahora Pink Floyd pasa a ser exponente de lo antiguo. Lo curioso del caso es que fue justo entonces, acosados por la crítica, el público y sus propias tensiones internas, cuando Pink Floyd dieron la campanada con The Wall (1979), donde vertieron toda su angustiada reflexión sobre la incomunicación que sentían. Había un muro entre ellos y su público. Pero este muro tenía unos orígenes sociales y políticos que iban mucho más allá de su micro-mundo. Necesitaron un doble álbum temático para explicarlo, entre los que destacaba un tema que les llevó al número uno de las listas comerciales (‘Another brick in the wall). images2Lo nunca visto, Pink Floyd triunfaban con un single (ellos que diez años atrás ya habían renunciado a editar singles), en plena era punk, con un texto demoledor y… ¡a ritmo de música disco! Parecía un acto de justicia poética: unos hippies vilipendiados forrándose justo cuando el entorno se les había vuelto más hostil. Doblemente poética porque su previsible arrogancia ante esta pirueta del destino se vio contrarrestada por el descalabro que les ocasionó la gira de presentación de The Wall, con un diseño y montaje tan faraónico que perdieron todo el dinero ganado con el disco. Vuelta a la casilla de salida.

Pero su historia ya estaba contada. Grabaron un nuevo disco (The Final Cut), hecho a partir de retales sobrantes de The Wall, que ni siquiera presentaron en directo y poco después se disolvieron. Unos años más tarde aún volverían sin Roger Waters para grabar en 1987 y 1994 sendos álbumes que, especialmente el último, aún tenía el rescoldo de las brasas de antaño. Una muerte digna, un cadaver que el tiempo ha situado en su sitio como una experiencia de lo más interesante. Son un producto de otra época que no volverá. En la era del iPod y del MP3, los discos conceptuales, los temas de largo desarrollo, las texturas musicales de Pink Floyd no tienen fácil cabida.

Wish You Were Here sólo contiene 4 temas, con unos textos logrados y un sonido impecable. Y se trata del último álbum compuesto con la intervención de todos los miembros del grupo (a partir de ahí Roger Waters tomaría el mando sin contemplaciones y ya nada sería igual). Además, este disco contiene uno de los más sentidos lamentos por la ausencia de un amigo jamás compuestos en la historia de la música popular. Indispensable para cuando se abandona el planeta Tierra rumbo a las estrellas. La tripulante Kowalsky lo tiene claro.