Kraftwerk: Radioactivität

La tripulante ALFA acaba de llegar con Radioactivität (o Radio-Activity, en su versión en inglés), un álbum de Kraftwerk, el grupo de los cuatro ciborgs andróginos alemanes, y lo ha puesto a todo volumen en el hangar de la Estrella Lejana.

Radioactivität es una celebración de la energía que envuelve el mundo. Es un homenaje a los campos electromagnéticos, a las ondas radiofónicas, a un mundo interconectado por medios inalámbricos, a las antenas gigantes situadas en lugares apartados y apuntando al firmamento, a las entrañas de los aparatos de radio, transistores, resistencias, condensadores, amplificadores y todo tipo de elementos que configuran los ladrillos básicos de la sociedad de la información. Los alemanes Kraftwerk fueron capaces de dotar de alma a los fríos circuitos de las máquinas, dando lugar al embrión de la música electrónica contemporánea a partir de sus rudimentarios instrumentos.

El álbum se inicia con el inquietante sonido de un contador geiger (“Geigerzähler“) que aumenta progresivamente de frecuencia en un crescendo que estalla dando paso a “Radioaktivität”, la pieza central del disco, un tema de épica electrónica dedicado a glosar la energía más misteriosa y peligrosa del siglo XX. La letra dice algo así como: “La radioactividad / está en el aire para ti y para  mi / descubierta por Madame Curie / a tono con esta melodía”, y a continuación transmite un mensaje en alfabeto morse:

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El siguiente tema, “Radioland”, con un ritmo electrónico más sistemático y lineal, anima al oyente a lanzarse sobre su radioreceptor e intentar sintonizar alguna emisora que emita música electrónica. Sigue con “Ätherwellen”, un tema quasi-instrumental donde las únicas palabras que se van repitiendo susurran: “Cuando las ondas bailan / voces distantes cantan”, a modo de salmodia que emerge entre el puré de ondas creado para la ocasión.

El álbum incluye también cortes de transición en forma de ruidos atonales, fragmentos grabados de la televisión, etc., como “Sendepause” (0.15), “Die Stimme der Energie” (0.54), “Uran” (1.24), etc., que actúan a modo de secuencias de continuidad que proporcionan una extraña unidad al conjunto de temas. Incluso hay un tema en el que varios locutores de radio van leyendo noticias (“Nachrichten“) y, entre otras cosas, anuncian que en Alemania del norte y del oeste se están construyendo varias centrales nucleares que proveerán energía a millones de personas, y que se prevé que hacia el final del siglo XX habrá más de dos mil centrales de este tipo en todo el mundo, al tiempo que señalan que el uranio es un recurso tan limitado como el petróleo, y que por ello habrá conflictos y no habrá otro remedio que ir pensando en hacer viajes interestelares… Tal como nuestras tripulantes han decidido hacer.

A la tripulante ALFA, sin embargo, el tema que más le gusta es “Ohm, Sweet Ohm”, que desde su recitado metálico inicial va avanzando lentamente hasta alcanzar un ritmo pegadizo en la mejor tradición pop, que contagia energía a todo aquel que lo escucha, tal como ella pudo comprobar en su juventud en aquellos antros oscuros donde se procuraban interacciones con otros humanos de diferentes sexos. Tras la escucha de Ohm, Sweet Ohm, sonrisas radiantes relucían en las caras y todos querían tocarse. Misterios de la electrónica aplicada a las relaciones humanas.

Probablemente el siguiente álbum de Kraftwerk, Trans-Europe Express (1977), sea mejor que Radioactivität, pero a la tripulante ALFA le encanta la combinación de arreglos pop, épica electrónica y austeridad maquinal de éste último. Además, un álbum dedicado a la radiotransmisión es algo indispensable para un viaje a las estrellas. Eso sí, lo prefiere en soporte magnético, por pura coherencia con el espíritu kraftwerkiano que impregna el álbum. Por ello este se lo llevará en cassette.

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