Radio Futura – De un país en llamas

0000304727_350La tripulante ALFA sabe que hay momentos clave en la historia en los que ciertos grupos, cantantes o compositores alcanzan la síntesis mágica, rozan con las yemas de los dedos el campo gravitatorio que mantiene misteriosamente unida a la sociedad, dan con la combinación perfecta para expresar el alma de su gente y su tiempo. Después de descartar a muchos grupos o solistas que sin duda también merecerían este puesto, la tripulante ALFA ha decidido que si entre nosotros algo se aproximó a dicho estado fue Radio Futura. Y por ello se los llevará a su viaje a las estrellas.

Fuente: max-elblog.blogspot.com

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Radio Futura son un icono de una cierta “España moderna”, con una propuesta enraizada en el solar ibérico pero cosmopolita al mismo tiempo. Un icono no tanto de hoy, sino de aquel pasado próximo que se inició con el cambio de régimen político de finales de los 70, que vivió una sonora efervescencia durante los 80, y que a partir de los 90 se contuvo ensimismado, para ir desmoronándose, degradándose poco a poco, hasta llegar al punto de no retorno actual.0 Quizá por ello la tripulante ALFA está preparando su huida a las estrellas.

Radio Futura representan como nadie el espíritu de aquella época, aunque su mensaje, formas y actitudes la trascienden de tal manera que su obra resiste el paso del tiempo con envidiable frescura y prestancia. A partir de un formato rock, que les daba un punto transgresor (en relación a su época), no sólo supieron incorporar las inquietudes por indagar en las raíces ibéricas y africanas de nuestras culturas peninsulares, sino que además manifestaron una curiosidad insana por lo que sucedía más allá de las limitadas fronteras anglosajonas. De esta manera, derivaron hacia la conexión latinoamericana y africana, que descubrieron entre Nueva York y Cuba, una conexión que a su vez les trajo de vuelta hacia la música peninsular secular. Un viaje en espiral y en el tiempo que, a la postre, desdibujó el planteamiento inicial del grupo, lo cuarteó y les lanzó hacia metamorfosis artísticas dispares pero siempre interesantes.

010000026158_n_imggLa influencia de Radio Futura es grande. A pesar de que se separaron en 1992, nunca han dejado de sonar en las radios, nunca han desaparecido del todo del entorno mediático, siempre están ahí, como un punto de referencia respecto al que medirse. Quizá por eso el panorama posterior palidece tanto.

No obstante, el amplio reconocimiento de crítica y público también llevó a su mitificación gratuita. Sus últimas obras están claramente sobrevaloradas, pero cuando las perpetraron su popularidad y prestigio era tan grande que nadie se atrevió a decir que el rey había perdido parte del traje (la tripulante ALFA piensa en ‘Escueladecalor’ (1989), ‘Veneno en la piel’ (1991) o ‘Tierra para bailar’ (1992). También su primer álbum (‘Música Moderna’, 1980) no deja de ser una anécdota, quizá sólo relevante por el mérito de conseguir editar semejantes canciones en un entorno discográfico hostil como el de finales de los 70 y principios de los 80.

Radio Futura pusieron los cimientos a su mito gracias a los desencuentros con su discográfica primigenia (Hispavox), que les condenó a varios años de semi-clandestinidad durante los que mutaron hábilmente hasta encontrar el filón que les haría grandes. Un filón basado en un esquema rock, una base rítmica con filiaciones negroides, unos riffs guitarreros metálicos pero inspirados en el funky y unas letras bien medidas y nada banales. No en vano, contaban con un filósofo como cantante, y varios de sus miembros eran colaboradores habituales de la prensa underground. Tras un par de años componiendo y tocando por las catacumbas madrileñas, su nombre fue sonando entre el público más abierto y expectante, sobre todo a raíz de la publicación de un single, ‘La Estatua del Jardín Botánico’ (1982), una atractiva melodía (que incluso contó con un videoclip propio de película de Ed Wood) con enigmática y profunda letra que suponía un salto cualitativo en el panorama local de la época.

índice0000304727_350índice22Pero si fueron grandes fue gracias su trilogía básica e imprescindible: ‘La Ley del Desierto / La Ley del Mar’ (1984), ‘De un país en llamas’ (1985) y ‘La canción de Juan Perro’ (1987). Todo lo demás sobra. Tres obras capitales seguidas que, sin ellos pretenderlo, muestran el punto en el que se encontraba el alma colectiva del país a mediados de los 80, así como la evolución que estaba tomando. Tres obras maestras e ineludibles. Obligatorias para el canon de los viajes interestelares. Hay que sorberlas hasta el fondo.

La tripulante ALFA quedó deslumbrada con la aparición de ‘La Ley del Desierto / La Ley del Mar’, una auténtica explosión creativa. Unas canciones que venían del punk-rock, se entretenían por la new-wave (ese punto arty a lo Talking Heads…) e incorporaban algunas gotas étnicas (latinas, algo poco usual por aquel entonces). Allí, casi como de propina, ya escuela_de_caloraparece ‘Semilla negra’, el germen de lo que luego iba a crecer y a ocupar espacio mediático durante décadas (no sólo por parte de Radio Futura, sino que se iba a convertir en un estilo por derecho propio que seguirían multitud de grupos y solistas del más variado pelaje). La tripulante ALFA se recuerda a si misma con nostalgia tarareando la canción mientras realizaba trabajos agrícolas, encendiendo hogueras al atardecer y retirando hierbas de la falda de olivos centenarios. Mágicos momentos que no volverán. No era el único tema de esta guisa que se oía por aquel entonces, puesto que la radio emitía con frecuencia el ‘Colecciono moscas’ de Golpes Bajos, incluido en un álbum (‘A santa compaña’, 1984) con un más que evidente fondo rítmico latino. E incluso Malevaje con sus tangos modernos sonaban con frecuencia. Es decir, el terreno para el hibridaje rock-tradición latina ya estaba abonado y bien regado.

maxilimitadainteriorwebPero el disco que la tripulante ALFA piensa llevarse a su viaje a través de la galaxia es ‘DE UN PAÍS EN LLAMAS’ (1985). La tripulante ALFA residía en una intensa ciudad norteafricana cuando, en el expositor de casetes de un bar de reclutas, vio la famosa carátula de ‘En un país en llamas’. Por 500 ptas se hizo con la preciada cinta (y también con la casete de Los Rápidos que, junto a la de Radio Futura, estaban allí acompañando a numerosas cintas de Los Chunguitos, de El Fari y de un sin fin de melodías barriobajeras). ‘De un país en llamas‘ es el álbum de Radio Futura con el sonido más extraño, con una especie de sorda tormenta eléctrica de fondo y con un raro brillo metálico y seco en las partes vocales, pero a pesar de eso contiene un ramillete de canciones insuperables. Algunas remiten a ese fondo rural y salvaje del solar ibérico (como ‘No tocarte’ o ‘El tonto Simón’), otras celebran cómo la vida y la muerte corren a borbotones por los degradados centros urbanos (‘En el Chino’ o ‘La ciudad interior’), mientras que otras describen las sensaciones de visitantes a lejanos pueblos y territorios exóticos (‘Viento de África’ o ‘La vida en la frontera’). notocartewebAdemás, contiene temas como ‘Las líneas de la mano’, ‘Han caído los dos’ y ‘Un vaso de agua (al enemigo)’ tres obras maestras que con frecuencia han quedado ocultas por la popularidad de otros temas canónicos del grupo, pero a la tripulante ALFA le gusta reivindicarlas para su viaje a las estrellas. Resta la onírica ‘En alas de la mentira’, un etéreo poema lleno de sugerentes imágenes y reflexiones sutiles sobre humanos sonámbulos deambulando por los tejados.

ciudadinteriorwebCon todo, la canción que la tripulante ALFA cree más lograda de este álbum no es otra que ‘La ciudad interior’. Aún puede recordar cuando la oyó en la radio por primera vez, a modo de anuncio del nuevo disco de Radio Futura (pues fue uno de los singles). Era la prueba de que el grupo estaba avanzando hacia terrenos raramente explorados en nuestro ámbito cultural. Se trata de una composición que tiende al rock industrial, con una letra totalmente orgánica y declamada con la tonalidad precisa para resultar convincente, y con un repetitivo riff de guitarra que recorre los laberintos cerebrales del oyente hasta generar sinapsis imprevistas. imagesLa visión del grupo interpretando esta canción en un programa televisivo le acabó de convencer (aunque fuera play-back!). Aquello era imparable. La tripulante ALFA apreciaba la tendencia étnico-latina-africana que latía tras algunas de las canciones, pero el post-punk tenebroso al que apuntaban otros temas era también muy prometedor. Mucho. Aquel grupo era el futuro, y el futuro lo iban a marcar ellos.

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Amenazantes en la época de ‘La canción de Juan Perro’

El futuro fue ‘La canción de Juan Perro’ (1987), un disco que constituyó la cima creativa de su carrera. Un sonido exultante, con metales a tutiplén y transmitiendo una energía increíble. Contiene joyas tan populares como ‘La negra flor’, ‘A cara o cruz’, ’37 grados’, ‘El canto del gallo’, ‘Annabel Lee’, ‘La mala hora’ o ‘En un baile de perros’.  Un disco entusiasta en el que los ritmos latinos fueron los grandes protagonistas, hasta el punto de que en muchos temas parecen alumnos aventajados de un Rubén Blades electrificado y metalizado. De hecho, en el futuro posterior se ha recordado a Radio Futura principalmente por su papel de padres (o abuelos) del rock latino, lo cual es una burda manera de minimizar su legado, pues supone ocultar una parte sustancial de su obra. La tripulante ALFA siempre se ha preguntado qué hubiera pasado si Radio Futura no hubiera dejado de lado su tendencia afterpunk, pues a su juicio tenían un potencial enorme por esta otra vía.

hancaidolosdoswebPero, después de este álbum, Radio Futura como grupo ya no fueron demasiado lejos. Tras el disco en directo ‘Escueladecalor…’ (1989) (en realidad, ni frío ni calor, tan neutro que los sentidos humanos casi no lo captan), tan sólo editaron un nuevo álbum con canciones originales, ‘Veneno en la piel’ (1991), cuyo tema homónimo (‘Veneno en la piel’) fue un rock-salsero popularísimo que llegó a competir en las listas con el segundo hit latino de la era pop: el ‘Devórame otra vez’ de Lalo Rodríguez (el primero había sido el ‘Pedro Navaja’ de Rubén Blades, de 1978, popularizado por aquí por la Orquesta Platería en 1979).

Radio_Futura-Veneno_En_La_Piel-FrontalVeneno en la piel’ era un álbum digno que, aunque no llegaba a las cotas de creatividad y calidad de los anteriores, optaba claramente por la vía latina renunciando a seguir desarrollando y evolucionando los esquemas más rockeros. Ese era el camino elegido y las cifras les dieron la razón puesto que llegaron a número 1 en las listas de ventas, tanto de singles como de LP’s, algo que no habían conseguido con ninguna de sus obras anteriores. Pero a juicio de la tripulante ALFA, algo se rompió a partir de ese momento. La historia que pudo haber sido dejó de poder ser, y Radio Futura quedaron como aquel grupo balanceándose eternamente a ritmo de salsa.

01La opción latina fue asimilada, digerida y replicada posteriormente hasta la saciedad por numerosos imitadores, perdiendo su originalidad primigenia y diluyéndose en un magma indiferenciado y a la larga cansino. Al menos es lo que piensa a posteriori la tripulante ALFA, aunque en aquellos tiempos estaba encantada con la vena latina que tanto juego daba en los discobares, discotecas y bailes públicos.

Seguramente el ambiente social del país era ya muy distinto, las aspiraciones de modernidad se habían colmado y apetecía un retorno colectivo al kitsch, a las músicas que habían sido barridas por el advenimiento de aquel régimen político (y musical) que ya empezaba a dar muestras de esclerosis. La troupe de Almodóvar o el círculo de Alaska y Dinarama, sin ir más lejos, hacían ostentación, en principio paródica pero a la postre sincera, de su gusto por el toque retro que las músicas latinas ofrecían. Quizá era una forma de demostrar que las cosas no habían cambiado tanto (y las élites de antaño y sus gustos seguían en su sitio).

Radio Futura-Memoria del Porvenir frontalRadio Futura se disolvería en 1992. Posteriormente aún editarían varias remezclas de temas antiguos (‘Tierra para bailar’, 1992; ‘Memoria del porvenir’; 1998), operaciones de interés relativo. La tripulante ALFA todavía esperaba que algún día se reunieran de nuevo y retomaran la vía interrumpida del post-punk-rock adaptado al carácter polisilábico de las lenguas ibéricas, pero la muerte del guitarrista Enrique Sierra en 2012 dio por cerrado el caso. Se acabó.

Santiago Auserón ha seguido una prolífica e interesante carrera bajo el estandarte de Juan Perro, mientras que Luís Auserón (el bajista) se ha mantenido en activo intermitentemente, siempre con un toque especial en sus trabajos. Lo mismo puede decirse de otros miembros circunstanciales. Pero nada volvió a ser igual.

tour_animal1Radio Futura supieron interpretar lo que flotaba en el ambiente y traducirlo a ritmos, melodías y palabras. Fueron un espejo en el que los habitantes de los pueblos de Iberia pudieron reconocerse y atisbar hacia dónde iban. Se convirtieron en prescriptores involuntarios de una ruta a seguir, una ruta que posteriormente se bifurcó y desdibujó, dejando huérfanas una buena parte de las expectativas creadas. De ahí, quizá, la inevitable sensación de que todo terminó demasiado pronto, de que quedaba mucho por dar, mucho por explorar.

La tripulante ALFA no ha dejado de hacerlo, y ahora seguirá su camino a través de la Vía Láctea, aunque no puede evitar que se produzcan ‘interferencias’ en su corazón cuando se acerque a discos tan particulares como ‘De un país en llamas’.

Los Pistones – Persecución

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La tripulante ALFA sabe que no se puede viajar al espacio interestelar sin llevar consigo un disco increíble: Persecución.  La tripulante ALFA conocía de memoria varios de sus temas antes de conseguir hacerse con él porque, entre 1983 y 1984, fue ampliamente radiado por las FM’s, no sólo por Radio 3, sino por buena parte de las radiofórmulas de la época. El disco, editado en 1983, contenía melodías impecables, con letras ingeniosas y cercanas, con un punto de misterioso y descolorido glamour, temas que oscilaban entre la energía optimista y la melancolía resignada. Una inmensa bocanada de aire fresco que a principios de los 80 recorrió las ondas anunciando el advenimiento de una nueva era donde todo, inlcuída la música, sería mejor. Fue cierto sólo en parte. Fue un espejismo interesante.

Impecable power-pop con guitarras, baterías y melodías en estado de gracia, una temática variada y alejada de tópicos al uso y un sutil sentido del humor. Ricardo Chirinos era el principal compositor y quien ponía la voz a todos los temas. Una producción impecable inédita para la época, cuando la mayoría de los productores no sabían cómo tratar a las guitarras electrificadas. Con una producción de Ariel Rott, cosa que también chocaba con las fobias y prejuicios del ambiente musical ‘moderno’ de aquel entonces, siempre dispuesto a distanciarse de los triunfadores de antaño, percibidos como residuos de una época a evitar. Una historia que se repite cada pocos años en el proceloso mundo de la música pop. De todas formas, a la labor del exTequila hay que añadir la del ingeniero de sonido Peter McNamee, que parece ser que es quien dio el brillo tan especial a la atmósfera del álbum (no en vano, el siguiente disco de Los Pistones no sonaba ni de lejos tan bien, a pesar de contar de nuevo con Ariel Rott a la producción).

Un disco redondo, un lujo increíble, un caso extraño. Más todavía si se tiene en cuenta que la canción que triunfó masivamente fue un single que bien poco tenía que ver con la obra completa. Un single, ‘El pistolero’, que situó a Los Pistones en una órbita que quizá no era la suya. La tripulante ALFA siempre se quedaba atónita cuando, poco a poco, en los bares la única canción que seguía sonando era ésa. ¡Pero si ‘El pistolero’ no era más que un subproducto del álbum! ¡Si era tan sólo el tema gracioso e intrascendente, estilísticamente alejado de lo que el grupo representaba!

Anteriormente la banda había publicado algunas canciones en singles y EP’s, temas que inmediatamente pasaron a formar parte de la banda sonora de la efervescente nueva ola madrileña, cantando cosas como “Yo jamás te hubiera conocido si no llega a ser por los Ramones” o “Son las siete menos cuarto en la Puerta del Sol” (y ella sigue sin llegar). Canciones frescas y resultonas, pero nada que ver con el salto cualitativo que dieron con su primer LP ‘Persecución’ (1984).  Diez temas redondos como diez soles. Vale, nueve y un asteroide menor titulado ‘El pistolero’.

Las diez joyas:

  • Persecución: Un inicio urgente y contundente, una curiosa manera de echar los tejos y un tímido halo de misterio que enlaza con la detectivesca portada. Una apertura que sitúa musicalmente al grupo en un terreno de gruesas guitarras melódicas y voces frescas.
  • Último soldado: Antimilitarismo pesimista. Un soldado encargado de llevar un importante y lacónico mensaje a la retaguardia: ‘ve y di que todo acabó, jamás volverá el sol’.
  • Galaxia: Ella es tan diferente… “de dónde vienes tú, de qué galaxia saldrás”. Una batería que redobla sutilmente hace remontar  la melodía cada dos por tres, contagiando un optimismo psicodélico difícil de esquivar.
  • Lo que quieres oír: Arpegios melancólicos para expresar sentimientos compasivos respecto aquella actriz que se rompió. “Qué puede quedar? sólo existo yo, tu último admirador” “tu cara se olvidó, ya nadie espera el próximo guión, el gran estreno en Nueva York se aplazó” “Vuelve a actuar sólo para mí, diré lo que quieres oír”. Un gran tema entonado con una serenidad envidiable, que aunque parezca mentira se hace creíble en la medida voz de Ricardo Chirinos. Los Pistones también bordaban los tiempos medios.
  • Nadie: Frenético alegato contra la incomprensión, el mundo me persigue y nadie me entiende, un tema típico en las letras de los 80 (y de todos los tiempos, probablemente). La juventud desubicada se retuerce buscando su sitio: “no sabes qué hacer, nadie te va a comprender”. Nadie te debe coger. Un riff de guitarra tan frenético como  nervioso. “La noche termina, también tu pesadilla”. Este tema se había editado en single un año antes, en 1983, pero la versión del LP mejoraba en mucho su revestimiento musical. Hipnótico envoltorio.
  • Mientes: Crónica de la traición, nadie se libra de ella. Estribillo arrebatador ideal para cualquier radiofórmula, coreable a todo pulmón en cualquier concierto. “A la luz de aquel bar proclamaste tu pasión, pero a la luz del sol sé que todo ha sido un error”.  Que nadie busque originalidad, pero lo que sí que encontrará son toneladas de energía.
  • Fórmula: Velocidad, aceleración. ‘un, dos, tres, ya!”. A punto de empezar la carrera el piloto se imagina triunfador mientras va describiendo el ambiente, las miradas de la gente, el sudor que resbala sobre su frente,…  “sé que tengo que ganar, tengo todo a mi favor”. A pesar de todas las exhaustivas descripciones de la carrera, la letra no desvela quien ganó la prueba, pero en ningún momento deja de transmitir un optimismo rayano en la inconsciencia.
  • Metadona: Una enigmática canción que transcurre a toda velocidad y transmite sensación de vértigo, de huida… “Tengo que salir pronto de aquí… No sé cómo voy a escapar”. Emparentada con ‘Nadie’ por su descripción del ambiente opresivo que rodea al protagonista, comparte similares soluciones musicales. Metadona metafórica, una palabra muy extendida durante la primera mitad de los 80. La canción acaba y el enigma permanece. Este tema también se había editado anteriormente en single y era uno de los emblemas de la banda en directo. Más energía desbordante.
  • El pistolero: La canción  más dispar del álbum, un ritmo totalmente diferente, una guitarra tirando al funk, nada que ver con el pop robusto y melódico del resto. El pistolero más sucio y rápido ha llegado a la ciudad “y yo sé que esta vez viene a por mí”. “¡Acabaré con él!”. El tema más raro fue el single que reventó las listas de éxitos. Llevó el nombre de Los Pistones a todas las radios, a todas las discotecas, a todos los bares, pubs, discobares glamourosos y antros de carreteras. También fue su condena.
  • Flores condenadas: Crónica saltando de una separación, de una pérdida urgente, “el dinero que gané lo gasté en conseguir / flores condenadas a morir”.  Un riff pegadizo, una batería revoltosa, una línea de bajo bien dispuesta, una voz que expresaba deseo y resignación, que combinaba lamento y expectación. Una obra maestra. Punto.

Varias décadas después ‘Persecución’ sigue teniendo vigencia, su sonido sigue siendo apabullante, sus canciones redondas y perfectas con breves trazos de imperfección que no hacen más que aumentar su perfección. La tripulante ALFA por nada del mundo renunciaría a este disco en su viaje a planetas lejanos. ¿Cómo se levantaría de la cama si no pudiera escuchar ‘Flores condenadas a morir’? ¿Cómo ambientaría su nostalgia sin poder escuchar ‘Lo que quieres oír’? ¿Cómo se encaminaría a la pista de despegue sin el acompañamiento de ‘Fórmula’? No es realista pensarlo.0

Los Pistones tardaron tres años en grabar el siguiente disco, puesto que su cantante y compositor principal tuvo que cumplir su ‘servicio militar’ (a pesar de que cantara aquello del ‘último soldado’). Durante ese tiempo el ala rockista de la música ‘moderna’ española intentó distanciarse de la proliferación de pijos nuevos románticos y tecnopops, y, pretendiendo una mayor autenticidad, se decantó hacia un supuesto rock con raíces tirando al western. Grupos como La Frontera, Los Desperados, Los Rebeldes, los Gatos Locos, Las Ruedas, Dinamita pa los pollos, etc., alcanzaron notables éxitos siguiendo esta senda. Los Pistones en su reaparición se adentraron en esta dirección, quizá porque ellos habían sido en cierto modo pioneros con su ‘Pistolero’ unos años antes. El resultado fue el LP ‘Canciones de Lustre’ (1986), que a pesar de algunos buenos temas tenía un planteamiento mucho menos brillante, su estilo no acababa de encajar en los moldes rudimentarios del rock fronterizo. Años más tarde lo volvieron a intentar con el LP ‘Entre dos fuegos’ (1992), pero tampoco consiguieron la repercusión deseada.

PersecucióPISTONES3n’ fue algo más que una estrella fugaz, fue una auténtica supernova que brilló con fuerza durante un par de años y que dejó un recuerdo imborrable en mucha gente. Como en la tripulante ALFA, quien sigue tarareando aquellas increíbles melodías por donde quiera que vaya. Sólo desearía que Ricardo Chirinos y los demás pistones, de tanto en tanto, hicieran lo mismo. A su salud.

Por cierto, la tripulante ALFA se acaba de dar cuenta de que esta entrada coincide con el treinta aniversario de la edición del disco. Tres décadas de nada, que a escala de las edades del universo son una insignificante fracción de tiempo, pero que para los humanos suponen una buena porción de las respectivas esperanzas de vida. Quizá los pistones ya estén muertos. En cualquier caso, a su salud!