Siniestro Total II. El regreso

el regresoUna mañana de finales de 1983 la tripulante ALFA deambulaba por el camino de tierra que llevaba hacia su lugar de trabajo. Un sol otoñal perfilaba con nitidez las sombras de los matorrales del sendero. Como de costumbre, la tripulante ALFA llevaba consigo una radio sintonizada en la (ahora) mítica Radio 3. Aquella mañana entrevistaban a un grupo musical cuyos miembros afirmaban categóricamente que su principal referencia era, ni más ni menos, que Manolo Escobar. Ante semejante declaración de principios, la tripulante ALFA decidió cambiar de emisora, pues el susodicho cantante por aquel entonces representaba todo aquello de lo que había que huir (aunque décadas más tarde descubrió que era un gran tipo).

Sin embargo, cuando el dedo estaba a punto de girar el dial, el altavoz empezó a emitir unas guitarras saturadas y urgentes, parecían Los Ramones mal grabados, mientras la voz declamaba unas sugerentes estrofas:

Paseando por el campo con una sed espantosa /

divisé un manantial con una agua asquerosa /

pero era tanta la sed que no tuve reparo /

y todo aquel beber me va a salir muy caro”.

A la tripulante ALFA le pudo la curiosidad: ¿por qué todo aquel beber le iba a salir tan caro? Ya no cambió de emisora. La entrevista fue un auténtico despropósito, pero el locutor parecía saber encajar con envidiable cintura la avalancha de enfermizas respuestas que los miembros del grupo le colocaban. A partir de ese momento, la tripulante ALFA supo que aquellos aparentes descerebrados se hacían llamar Siniestro Total y que acababan de publicar su obra maestra. Bueno, esto lo supo años después, cuando el grupo tuvo suficiente trayectoria como para poder comparar entre sus decenas de discos y canciones.

4c7bb7d61aa478.07698719Aquella mañana de otoño Siniestro Total estaban presentando su segundo disco titulado ‘El Regreso’. En la portada aparecía un enigmático Bob Hope sosteniendo una media sonrisa y un enorme vaso de leche (o viceversa). El grupo ya había grabado un disco previo y con un estilo (y un destrozo) similar, pero este segundo contaba con la novedad de que habían perdido al cantante (German Coppini), quizá harto de tanta irreverencia descontrolada. El ideólogo de ST debía ser sin duda Harpo Marx, y sus discípulos más aventajados aquellos tres humanos: Miguel Costas (guitarra), Julián Hernández (batería) y Alberto Torrado (bajo). Los dos primeros además cantaban o algo así.

El disco era un collage de irreverencias y despropósitos a la manera luliana. Se cuenta que Ramon Llull, el sabio mallorquín del siglo XIII, había inventado un método para predicar el cristianismo por tierras musulmanas consistente en una especie de ‘rueda’ de palabras que permitía rebatir cualquier cosa que el interlocutor pretendiera argumentar. No es de extrañar que Ramon Llull muriera apedreado en un pueblo norteafricano mientras probaba su invento. Siniestro Total, en su reencarnación como trío punk-rock, parecían haberse agenciado un instrumento de ese tipo, lo habían cargado con palabras escogidas al azar de la enciclopedia Espasa y las habían disparado sobre la mesa de mezclas del estudio  de grabación, dando lugar a una enorme cantidad de historias mordaces de menos de dos minutos. Al azar, pero no tanto, porque la resultante es un buen retrato sociopolítico del momento histórico que les tocó vivir (y componer).

El álbum incluía 21 temas, el más largo de 2’52’’ (‘Los malos al infierno’) y el más corto de 0’33’’ (‘Al que eyacula dios le ayuda I’), incluyendo todo tipo de sonidos extraños (timbres, cláxones, pedos, explosiones, alaridos, cadenas de váter, cremalleras, etc.).

La primera cara se abría con  una especie de instrumental sobre el que berreaban sucesivamente la enigmática frase ‘Al que eyacula Dios le ayuda’, hasta que, en un momento dado (a los 33 segundos justos), el tema se interrumpía de manera drástica y, súbitamente, aparecía la segunda canción. Al inicio de la segunda cara, aquel primer tema continuaba desde donde había quedado hasta el fade-away final…

4c7bb12ec110d7.18253350En el segundo tema (‘Más vale ser punkie que maricón de playa’), a un ritmo machacón nos informaban de que ‘a Bryan Ferry le huele el aliento’ y de ahí se deducía el título del tema. Sin tiempo para el respiro entraba el tercer corte, una espídica versión del Grupo Sportivo (Go’n get it!) que los gallegos tradujeron como ‘Superavit’ y que, curiosamente, tenía algo de clarividente, pues anticipaba al actual contexto de crisis financiera y económica: ‘veo la ruina a mi alrededor, todos en el paro y yo me estoy forrando’. Bien, lo cierto es que la España de 1983 era lo mismo pero con la amenaza de una guerra nuclear inminente en todos los noticiarios.

La cuarta canción permitía un cierto descanso al sufrido oyente. ‘Encuentros en la tercera edad‘ (un guiño a Spielberg) era el tema musicalmente más monótono del álbum (será que ST sólo funcionan a tope), si bien contaba con una letra perpetrada con la colaboración del poeta gallego Antón Reixa (quien, por cierto, también co-firmaba la letra del ‘Más vale ser punkie…’).

En el quinto lugar aparecía el tema que había llamado la atención de la tripulante ALFA en su paseo radiofónico otoñal. Su título era ‘Sexo chungo II (el regreso)’. Los autores osaron meter en 1 minuto y 43 segundos la historia de la caída y resurgimiento de un avispado transexual, todo ello con su correspondiente presentación, nudo y desenlace, y aún les sobró tiempo para añadir una parte instrumental final con ecos de western justiciero. ¿Hay quien dé más? images3Lo de ‘Sexo chungo II’ se debe a que con su antigua formación ya habían grabado un memorable single titulado ‘Sexo chungo’, cantado con decadente resignación por un Germán Coppini todavía en la órbita punk. Irrepetible. Los dos.

Ni siquiera llevábamos 9 minutos de música desde el inicio del álbum cuando hacía acto de presencia la sexta canción: una idiotez titulada ‘Oye nena, yo soy un artista’ que, a partir de los pausados acordes del ‘Woman from Tokio’ de los Deep Purple, de improviso se aceleraba tanto que a Blackmore le hubiera volado sin duda el peluquín. Quizá sea el tema más punk del álbum, con los dos cantantes de ST gritándose a pleno pulmón unas rimas estocásticas… La tripulante ALFA no consigue imaginarse el momento en que Miguel Costas y Julián Hernández se debían estrujar el cerebro (poco) para conseguir frases que rimaran con la proposición ‘Oye nena yo soy un artista’. El resultado sólo lleva a la perplejidad: ‘Mi padre trabaja en el sector vitivinícola / y yo no soy ningún cavernícola / Mi padre trabaja en el sector de hostelería / y mi pintura no es ninguna tontería’. Aun así, el tema tenía moraleja: era un lamento ante la falta de sensibilidad del público, porque, como suele pasar, ‘¡a ti todo te da lo mismo!’.

El corte séptimo volvía a relajar el ritmo pero soltando varias cargas de profundidad sobre lo políticamente correcto: ‘Trabajar para el enemigo’ es una incitación a la deserción y a la traición a la patria. “Me ha dicho un amigo / que en el otro lado / tienen una negra / todos los soldados / Tiro la corneta / y el estandarte /  y me voy corriendo / hacia la otra parte’, con un estribillo que reza ¡‘Viva la traición!’. ¿Es una canción antimilitarista? No lo podríamos asegurar.

imagesPero lo mejor del álbum llega a continuación. Con las dos siguientes canciones ST llegan al culmen de su carrera: ‘Naturaleza’ es un canto acelerado y a la par costumbrista sobre los problemas de los amantes de la naturaleza (“Los ecologistas se sientan en la hierba / y todas sus partes se llenan de mierda / ¿qué dirán sus mujeres cuando estén a solas / y vean que sucias tienen las bolas?”). Inenarrable. Justo después y a ritmo de swing llega ‘La caca de colores’, un tema que plantea una pregunta filosófica que habrá acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos. ¿Por qué la caca es de ese color y precisamente de ese? ¿Podríamos cambiarlo? O sea, como ellos dicen: ‘Tengo que inventar algo para poder hacer la caca de colores / No volveré jamás al váter a cagar la caca marrón / ¡Qué vulgaridad!’ (letra íntegra del engendro).

El escritor Moncho Alpuente firmaba la letra de la siguiente canción, inopinadamente cantada en italiano inventado: ‘Non credo en el amore’. Aunque dado lo rápido que la cantaban, al oyente medio le solía pasar inadvertido el idioma en el que era perpetrada. La primera cara del LP se cerraba con otra versión, esta vez del ‘Do the mutilation’ de The Revillos, que ST tradujeron como ‘Opera tu fimosis’. Un tema de contagiosa alegría a pesar de la letra. Impagable.

images2Las 11 canciones de la cara A han durado poco más de un cuarto de hora. No hay tiempo para aburrirse. La cara B ya está aquí. Dado que la tripulante ALFA va a necesitar grandes energías para convencer al resto del pasaje de la conveniencia de subir a bordo este LP, la descripción de la segunda cara ahorrará detalles. Quien los quiera no tiene más que oírlo.

La cara B se abría, como ya se ha dicho, con la parte final de ‘Al que eyacula Dios le ayuda’, y a continuación vienen 9 canciones más a cual más surrealista e irreverente. Los ritmos suelen ser tan acelerados como los de las anteriores, las melodías tienden a un power-pop de aires ramonianos. Y las letras son un perfecto resumen de los noticiarios del momento: Mención al deterioro político en América Latina en aquella época (‘El sudaca nos ataca’: “El sudaca nos ataca y en la pampa mata vacas / y paga a los mercenarios con dinero agropecuario“); referencias a personalidades políticas en situaciones ridículas (Fidel Castro o Martin Luther King, en ‘Los malos al infierno’); las peripecias de una seguidora del líder de una secta ultracatólica, el Papa Clemente, entonces recién excomulgado ‘(I left my heart in) El Palmar de Troya’: “Me voy a Sevilla inmediatamente / mi chica es devota del Papa Clemente / vestida de negro hasta los tobillos / contempla orgullosa su look tridentino“); el best-seller de Malcolm Lowry que todos los suplementos literarios de la época alababan, pero llevado al terreno ST (‘Bajo el volcán’: “El Kilimanjaro es un sitio caro / al lado del cráter hay cafetería y váter“); referencias al Papa Wojtila (‘Viva Polonia’: “Si fuese Papa heredaría el Vaticano una hija mía“); o a un perturbado secuestrador de diabéticas (‘Con ellas yo soy feliz’).

images5No obstante, la joya de la segunda cara es una alegre cancioncilla cantada con cara de palo en la que nada tiene relación con nada: ‘No somos de Monforte’.

Si el último mohicano te retira el saludo

Si se hunde el puente de Rande mientras tu estás pasando

O si aterriza el Columbia en el tejado de tu casa

Y descubres que la NASA roba tus discos de cumbia

Si eres honoris causa, si tienes la menopausia

Si estás afligido pues tu pito se ha caído

Esta canción no te importe / No somos de Monforte.

Intrigante ¿no? El disco lo completaban dos nuevas versiones, una de Andrés Do Barro, cantautor melódico de principios de los 70, de quien versionean ‘O tren’, un tema íntegramente en gallego y que parece hecho a medida de ST; y otra de Chuck Berry, ‘Carol‘, que tiene la extraña particularidad de que la cantan a capella, es decir, sin instrumentos, pero… ¡las voces sólo imitan la música, no la letra! Lo cual produce un efecto desasosegante. Impagable (de nuevo).

En fin, la tripulante ALFA lo tiene claro: Siniestro Total II (El Regreso) formará parte de su huida a las estrellas. Es una crónica perfecta de cómo era el planeta Tierra el último cuarto del siglo XX. Y todo el mundo necesita una válvula de escape.



ADDENDA

Tras Siniestro Total II (El Regreso), en unos meses la banda editó un nuevo LP titulado “Menos mal que nos queda Portugal” (1984) y que sería su impulso definitivo para acceder a la primera división del nuevo pop-rock ibérico. Este disco contenía perlas como E.L.E.V.E.N. (en el que se relataba el famoso encuentro entre Matt Murdock y Ray Charles), “Que corra la nicotina” (himno al tabaco negro), “Assumpta” (himno a una chica muy mona que vivía en Barcelona), “Keke Rosberg“(rugidos de motor para una conspiración entre boxes), “Oh qué raro soy” (inefable), “Te quiero” (un verbo que nunca nadie hubiera pensado oir en labios de Siniestro Total, pero que entró en los 40 Principales aprovechando el boicot de la emisora a las discográficas clásicas), o “Miña terra galega” (lo nunca visto: un grupo punk versionando a una banda de rock sureño y encima perpetrando un himno oficioso galego por excelencia). Olvidábamos mencionar la mejor del lote: “Quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos“, una lección de historia y ciencias naturales para dar respuestas gallegas a preguntas universales.

La vorágine que siguió a la edición de “Menos mal que nos queda Portugal” propició que la tripulante ALFA viera pasar a Siniestro Total por su localidad al cabo de poco tiempo, concretamente el 31 de agosto de 1985.

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La tripulante ALFA y sus colegas aprovecharon la prueba de sonido del grupo, entre la orquesta pachanguera de la tarde (Ethel y su Orquesta) y la sesión de noche (que incluía “sesión de tangos y chotis para la tercera edad”, según el dicharachero programa de fiestas), para hacerles una breve entrevista. Se realizó el 31 de agosto de 1985 hacia las 10 de la noche en la pista de baile del recinto escolar municipal, y constituye una muestra de la actitud y desparpajo del grupo (y del entorno en el que se movían, incluída la tripulante ALFA y sus adláteres), así como su lucidez para responder a preguntas absurdas. Ninguno de los presentes en aquella ocasión podía sospechar que tres décadas después el grupo continuaría en activo. No future… pero mañana nos vemos.

Hacia las 2 de la madrugada, tras un par de horas de baile pachanguero, salieron a escena los cuatro Siniestro Total, los tres de siempre: Julián Hernández a la batería y voz, Miguel Costas a la guitarra y voz, y Alberto Torrado al bajo; y a los teclados un recién incorporado Javier Soto. Hicieron un concierto demoledor, enlazando temas sin solución de continuidad y sin dar respiro al personal. De tanto en tanto lanzaban consignas extemporáneas (¡Viva el Frente de Liberación Animal!) y seguían a lo suyo a todo trapo. El tercio del público más próximo al escenario pudo dejar de saltar durante la hora y cuarto de actuación, a veces de manera arriesgada para la integridad física de muchos de los presentes. Tan pronto como acababa de sonar el último acorde de cada canción, Julián Hernández daba la entrada al siguiente tema golpeándose el casco con la baqueta (llevó un casco de minero durante todo el concierto). Tocaron varios temas todavía no grabados, algunos de los cuáles aparecerían en su siguiente Lp ‘Bailaré sobre tu tumba’.

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