The Beatles – Rubber Soul

TheBeatles-RubberSoul_originalLa tripulante Kowalsky llegó al Instituto, entró en el aula y se sentó. Se sorprendió de ver el rostro lloroso de su compañero de mesa, desconsolado y mal dormido. El día anterior había sido un lluvioso 8 de diciembre, y, muy lejos de nuestro perdido territorio prepirenaico, John Lennon había sido asesinado por un desequilibrado que no había conseguido asimilar el tsunami que los Beatles habían desatado. No fue en Liverpool sino en Nueva York.

Gabriel Plana (GP), el citado compañero de mesa de Kowalsky, era un beatlemaníaco confeso y la muerte de Lennon le afectó más que si le hubieran anunciado el secuestro y posterior violación de su abuela a manos de un comando turco (nivel mínimo que Woody Allen estableció como umbral de lo inadmisible). La tripulante Kowalsky no entendía nada, y de hecho todo aquel affaire le traía sin cuidado. Principalmente porque entonces todavía ignoraba quién había sido Lennon y su determinante influencia, junto a sus compinches de Liverpool, en la conformación de los gustos y del modelo de explotación industrial de la música popular contemporánea. Al menos desde la generalización del microsurco (el LP a 33 ½ rpm patentado por CBS aparece en 1948, y el 45 rpm de RCA en 1949) hasta la reciente masificación del acceso a Internet.

Kowalsky inquirió a su colega explicaciones sobre lo que acababa de pasar. Así descubrió que, sin saberlo, ya tenía en su cabeza un buen número de canciones de The Beatles, adquiridas por simple ósmosis. Era inevitable, flotaban en el ambiente. Nadie que tuviera una radio a finales de los 60 o principios de los 70 podía permanecer ajeno de su influencia. Daba igual donde se viviera. Incluso en el alejado territorio fronterizo donde Kowalsky residía.

Kowalsky pidió a GP que le prestara una casete de The Beatles. A ser posible su mejor álbum, pues quería comprobar hasta qué punto las lágrimas vertidas eran razonables. Su interlocutor, tras unos balbuceos de duda, optó por ‘Revolver’. He ahí el mejor disco. O la mejor casete, para el caso. Sin embargo, al cabo de un rato, GP recapacitó y le dijo que le traería la cinta del recopilatorio azul, que reemplazaría por el álbum rojo al cabo de una semana, pues este era el tiempo máximo de duración del préstamo. “¿Y qué pasa con ‘Revolver’?” preguntó Kowalsky. “No lo entenderías” fue la lacónica respuesta de GP.

Suficiente para que la tripulante Kowalsky se sintiera impelida a bucear en el universo de los de Liverpool. ¿No lo entendería? ¿Cómo no iba a entenderlo si en su propio Instituto abundaban seres de dudoso IQ exhibiendo su infantil e irritante beatlemanía? Si incluso los políticos en televisión se atrevían a mostrar su simpatía hacia The Beatles. Si sus cancioncillas eran tarareadas por las madres de medio mundo, por vecinas poco viajadas o por insípidos trabajadores de la Caja de ahorros provincial. “Ella te quiere (ye, ye, ye)”, “Qué noche la de aquel día”, “Ámame”, “De mí para ti” o “Quiero tomarte la mano” parecían ser los más frecuentes e inocentes temas voceados por aquel cuarteto, envueltos en musiquillas propias de anuncio televisivo y cantadas con una actitud más bien adolescente, quizá levemente transgresora. Las típicas letras de amor y desamor, no demasiado diferentes al canon lírico de las coplas y pasodobles omnipresentes en la radio de la España franquista, o de los insufribles cantantes melódicos que copaban la programación radiofónica y televisiva de aquel 1980 que entonces tocaba a su fin. Y qué decir de la supuesta transgresión de los interfectos liverpoolianos, que, a juicio de Kowalsky, no pasaba de ser una nota simpática contra los gustos musicales de las élites del pasado. ¿Que Kowalsky no lo iba a entender? ¡Venga ese ‘Revolver’!

Pero la realidad es dura. Ciertamente, a Kowalsky le costó entrar en el universo Beatle y más aún captar el sentido de su trayectoria en el planeta Tierra, más allá de las banalidades publicitarias. Por eso hoy, en su viaje hacia las estrellas, no puede prescindir de algún retazo de su monumental legado. GP tenía razón: ‘Revolver’ es quizá el mejor de los discos de The Beatles. Pero Kowalsky ha optado por su inmediato predecesor ‘Rubber Soul’.

La productividad de The Beatles era muy elevada para los estándares de épocas posteriores. Transcurren poco más de 3 años desde su primer single (Love me do, 1962) hasta la publicación de su sexto álbum (Rubber Soul, 1965), con innumerables grabaciones entre medio (singles y EP’s). Rubber Soul es su sexto LP, lo graban entre octubre y noviembre de 1965 y lo sacan al mercado en diciembre, para que esté en los comercios en las navidades de ese mismo año.

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The Beatles en el Shea Stadium de New York, el 15 de agosto de 1965.
Fuente: http://www.voxac100.org.uk/images/bands_03/closeups/bands_03_08a.jpg

Tras acabar de grabar su anterior álbum (Help) en junio de 1965, los Beatles hicieron una breve gira europea que, además de varias ciudades de Italia y Francia, propició las dos únicas actuaciones que hicieron en España (el 2 de julio en Madrid y el 3 en Barcelona). Tras un mes de vacaciones, viajaron a los USA donde, además de hacer su famosa e inaudible actuación en el Shea Stadium de Nueva York (donde batieron el récord de asistencia a un concierto hasta la época), tuvieron varios encuentros que marcarían su carrera posterior. El más relevante parece ser el que mantuvieron con Bob Dylan (con quien ya se habían encontrado por primera vez en agosto del año anterior y a quien dejaron perplejo al reconocer que nunca antes habían consumido marihuana). En muy poco tiempo Dylan había expandido los límites del repertorio rock hasta territorios insospechados hasta aquel entonces (lo que le valió iracundas críticas de sus seguidores folkies). Hay que recordar que aquel mismo 1965 Dylan publicó dos discos fundamentales (Bringing It All Back Home y Highway 61 Revisited) que sin duda influyeron en los de Liverpool y en el resto del universo del pop y del rock de la época. Las consecuencias son perceptibles en Rubber Soul.

pcs3075_bSin embargo, la primera canción que graban para Rubber Soul es ‘Run for your life, una barbaridad indigna de su leyenda, al menos en cuanto a su letra machista sin paliativos. Pero la segunda que graban ya apunta indicios de las nuevas maneras: ‘Norwegian Wood’, uno de sus primeros temas escritos en forma narrativa (el crítico Ian MacDonald, consideraba que es la primera canción de los Beatles donde la letra es más importante que la música). Los Beatles, finalmente, quieren decir algo. A partir de este momento no sólo se dedicarán a expresar los sentimientos de la juventud de los 60 iniciándose en el consumo de masas, sino que además tendrán algo que decir, cuestionando esa misma sociedad que les encumbra (y, en parte, esto es lo que les hará perdurables). En ‘Norwegian Wood’ Lennon explica su recomposición de expectativas tras el encuentro con una chica que le invita a su habitación, donde estuvieron hablando y bebiendo vino hasta la madrugada, para después dormir cada uno por su lado (ella en la cama y él en el baño). Por su música podría ser perfectamente un clásico del folk, y abre una nueva dimensión en la música beatle.

El LP se abre con el contundente riff de ‘Drive my car’, otra de esas canciones de rítmica impecable en la que no sólo se describen sentimientos sino que ‘pasan cosas’: una aspirante a estrella le pide al protagonista (McCartney) que haga algo por ella, por ejemplo que sea su chófer, y así quizá consiga que le ame, aunque luego acaba por reconocer que ni siquiera tiene coche. El doble sentido erótico del asunto acaba por dar contenido a la historia. Bip, bip.. bip, bip… yea.

Pero la perla lírica del álbum es sin duda ‘In my life’, un melancólico retrato de las memorias pasadas a cargo de Lennon (un tema basado en un intento fallido de recuperar el Liverpool de su infancia, que retomaría un par de años después con más éxito en Penny Lane o Strawberry fields). Se trata de la canción más sentida, en la que los recuerdos a los que se fueron se compensan con la promesa de un amor contemporáneo:

“Hay lugares que recordaré toda la vida / Aunque algunos hayan cambiado / Unos para siempre, y no para bien / Otros han desaparecido, otros permanecen / Todos estos lugares tuvieron su momento / Con amantes y amigos que aún recuerdo / Algunos han muerto, otros están vivos / En mi vida los he amado a todos (…) Aunque sepa que nunca perderé el cariño / Por la gente y las cosas que ya pasaron / En mi vida… te amaré más que a nadie”

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John Lennon durante la grabación de Rubber Soul.        Fuente: http://24.media.tumblr.com/d2d3076defd1c861e12dfd805cc39a20/tumblr_mj1uybFojn1rir0glo1_500.jpg

La alienación humana en una sociedad cada vez más impersonal y errática no formaba parte del repertorio de la música pop, hasta que en ‘Nowhere man’ Lennon se dedica a describir sus sentimientos de inadecuación al entorno social en que vive. A pesar de su éxito popular y comercial, los Beatles también se sienten fuera de sitio, lo que les identifica con un enorme sector de juventud a la que las promesas de la sociedad de consumo les dejan sin horizontes. (Hay que recordar que 1965 es también el año de ‘(I can’t get no) Satisfaction’, de los Rolling Stones, quienes también se decantan a cantar las insatisfacciones y frustraciones juveniles). En definitiva, ‘Nowhere man’ es un tema que invita a la reflexión, con un acusado sentimiento nihilista que les aleja aceleradamente de los alegres acordes del she loves you yea yea yea de un par de años antes.

También George Harrison compuso un par de inspirados temas para Rubber Soul, como la suave y etérea ‘If I needed someone’, inspirada en un tema de The Byrds (“The Bell of Rhymney”) y evidenciando los primeros indicios de su creciente interés por la música clásica india; y, sobre todo, la dinámica y expresiva ‘Think for yourself, una exhortación a pensar por uno mismo, a rectificar y transformarse, con una innegable intencionalidad micropolítica en el contexto de aquellos tiempos.

El signo de los tiempos lo reflejan también Lennon y McCartney en ‘The word’, una canción basada en una sola nota y dedicada a expresar que la única solución radica en el amor, donde trasluce el ambiente de humo de marihuana que forma parte del grupo tras su encuentro con Dylan, y que puede ser leída como preludio de la contracultura hippy emergente (en aquel momento todavía reducida a algunas comunidades de California y de Londres, pero que eclosionaría un par de años después con el ‘verano del amor’).

En el disco, sin embargo, tampoco se olvidan de su amor a las mujeres, reales o ideales, a la manera más clásica del grupo. Así, McCartney refleja sus tensiones con su novia en ‘I’m looking through you y en ‘You won’t see me, donde se hace patente su preocupación por el distanciamiento que percibe entre ellos. También la mujer ideal es objeto de reflexión, y parece que tanto Lennon (con su ‘Girl’ de aires germánicos o centroeuropeos) como McCartney (con su ‘Michelle’ de estilo francés) optan por mujeres de ambientes artísticos y bohemios, de una supuesta elegancia europea. La ‘Girl’ de Lennon parece estar inspirada en Astrid Kirchher, la novia del exbeatle Stuart Sutcliffe, con quien coincidieron durante su periodo hamburgués de 1960-62.

What goes on era una canción de aire country cantada por Ringo Starr que el grupo llevaba tocando desde años atrás y que finalmente publicaron en este álbum. Y Rubber Soul se completa con ‘Wait’ un tema que sobró de las sesiones de Help, el disco anterior, y que no deja de ser un conjunto de tópicos románticos de lo más manido, en los que evidentemente no creían, y que su inclusión empezaba a ser algo incongruente con la nueva fase de su carrera.

Durante las sesiones de Rubber Soul, de octubre y noviembre de 1965, los Beatles iban tan sobrados que también grabaron ‘Day Tripper’ y ‘We can work it out, dos piezas maestras que editaron como single a la vez que el álbum.

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The Beatles en el Shea Stadium de Nueva York, una de sus últimas actuaciones en directo.
Fuente: http://www.voxac100.org.uk/images/bands_03/closeups/bands_03_08.jpg

El caso es que Rubber Soul constituye un claro punto de inflexión en el itinerario de los Beatles. A partir de aquí las cosas ya no serían igual. La inocente alegría popi-adolescente de sus primeros discos va quedando atrás. Su música se irá haciendo más y más compleja, principalmente porque en 1966 abandonaron las actuaciones en vivo y se centraron en las grabaciones de sus discos, convirtiendo el estudio en su local de ensayo, trabajo y creación. Algo que sólo ellos podían hacer gracias a sus ventas millonarias, pues EMI, su discográfica, puso a su disposición a los mejores ingenieros de sonido y los medios técnicos más avanzados del momento, contando con tiempo casi ilimitado para sus grabaciones. Todo ello, junto a su talento innato y adquirido, configuró un cóctel imparable que explica su relevancia artística y longevidad en el mundo de la industria discográfica.

Tal como GP dijo a Kowalsky el día de la muerte de Lennon, Revolver (1966) es el mejor, es el primer disco en el que coinciden todos esos elementos, y probablemente sea su hito discográfico principal. Posteriormente Sergeant Pepper’s (1967) mantendrá muchos de los valores y será un experimento interesante (quizá sobrevalorado, pero icono de una época), el Álbum Blanco (The Beatles, 1968) se expande en lo musical y literario pero ya muestra los síntomas de desintegración del cuarteto, y Abbey Road (1969) y Let It Be (1970) muestran los dignos e imperecederos restos del naufragio, con los Beatles y buena parte de sus compañeros de generación navegando como pueden a toda velocidad en una sociedad que se ha vuelto mucho más compleja. Pero Rubber Soul (1965) es el inicio de todo, es la palanca mediante la que el cuarteto toma impulso y salta a otra dimensión, pasan a jugar en otra liga, suben de pantalla y ya no vuelven a caer. Ni siquiera después de muertos.

Hasta el día de la muerte de Lennon, para la tripulante Kowalsky el 8 de diciembre no era más que la fecha de aniversario de la revolución anarquista de 1933, un peculiar episodio histórico que en su pueblo tuvo como consecuencia el destierro y posterior exilio a Francia de varios de sus parientes. A partir de entonces dicha fecha amplió considerablemente su significado, incluyendo las vicisitudes del universo pop-rock, lo cual supone un nexo de unión con muchos otros atribulados tripulantes del planeta Tierra. La tripulante Kowalsky, tras escuchar durante una semana el Álbum azul y otra semana el Álbum rojo, gentileza de GP, se olvidó durante muchos años de la magia de The Beatles y se adentró en otras músicas más duras.

Varias décadas más tarde, en 2003, mientras residía en la ciudad de Edimburgo, experimentó un episodio de reconciliación con el pasado que le llevó a revisitar con detalle la discografía completa de Led Zeppelin. Durante varios meses este grupo se convirtió en parte fundamental de su banda sonora cotidiana, junto a la obra de Leonard Cohen (por motivos diferentes, como algún día quizá nos explicará). Sin embargo, un día, mientras recorría las estanterías de la megastore de la ciudad escocesa, se fijó en la carátula de un CD que, tras ser religiosamente adquirido, fue añadido sin remedio a aquella banda sonora de su periplo edimburgués. Aquel CD era Rubber Soul, Kowalsky lo disfrutó de lo lindo, y ahora lo ha escogido para su viaje a las estrellas, pues sabe de su poder reconfortante para sobrevivir en lugares ajenos.

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