Los Burros – Rebuznos de amor

_MG_8242La tripulante ALFA ha rebuscado en sus archivos hasta dar con él. Le ha costado lo suyo, pues es una pieza que escuchó una y otra vez durante mucho tiempo, y que en algún momento archivó en el cajón de las cosas importantes del pasado. Se trata de un álbum poco común, que en su momento apenas se vendió, que sus autores distribuyeron manualmente por tiendas de barrio y por emisoras de radio, pero que pasó como un vendaval allá por donde fue escuchado.

La tripulante ALFA tuvo la suerte de que su menú radiofónico semanal incluía un programa de un tal “Javier” (nunca supo su nombre completo ni real), un pausado locutor de Radio Huesca que se esforzaba por emitir las cosas más excitantes del momento. Una ventana abierta a la ebullición de grupos subterráneos, al rock más visceral, al pop más melódico, al punk más combativo o al tecno más lúcido, todo ello sin dejar de lado a los clásicos. Era uno de aquellos programas capaces de marcar criterio en tiempos revueltos. Un lujo ecléctico e inesperado, tan necesario que debería estar subvencionado por el Ministerio de Sanidad, por lo que se ganaría en Salud Pública (aunque lo más probable es que el tal “Javier” ni tan siquiera tuviera contrato laboral, pero su labor fue providencial y hay que reconocerlo).

La-movida-rockera-de-Huesca-Recopilatorio-LP-Soua-20140509204411En aquel programa sonaban tanto grupos oscenses locales, como ORNI, Ejercicios Espirituales o Vade Retro, como grupos ibéricos estilo los primeros Ilegales, los Coyotes, Los Suaves, Radio Futura o La Mode, todo ello mezclado con el Leonard Cohen de los tiempos de la Isla de Wigh, el Lou Reed del rock’n’roll animal, el Bowie de la era glam, el Springteen anterior a The River, o los Police en el cénit de su esplendor.

_MG_8243En ese contexto, uno de los grupos más radiados por aquel entonces, curso 83-84, fueron Los Burros. Nunca se les pudo oír en las grandes cadenas de radio, ni en los programas musicales de audiencias masivas, pero sin embargo tenían un lugar privilegiado en cientos de programas marginales de radios locales de Cataluña y Aragón. Justo en aquel momento Los Burros, con su LP Rebuznos de amor, habían dado una patada a la mesa tirándolo todo y abriendo varios kilómetros de ancho las posibilidades expresivas del pop-rock ibérico. Pero solo el submundo lo sabía. El mundo mediático oficial lo descubriría años más tarde, en su siguiente reencarnación como El Último de la Fila.

mostrarimg.php¿Qué había en Rebuznos de Amor? Aunque su título no lo hiciera presagiar, contenía grandes canciones de las que tocan la fibra. Una inusual colección de temas con un imaginario complejo y nada común, capaz de conectar a través de la ironía con el alma de los oyentes. Un puñado de canciones sobre un mundo poblado por personajes contentos de habitar en un mundo absurdo a su pesar. Unos personajes a los que, paradójicamente, la conciencia de que nunca iban a ganar les hacía ganadores. He ahí el truco.

_MG_8244El álbum se abría con un instrumental de enigmático título: ‘Hoy no cruzo. ¿Era una declaración de intenciones? ¿Por qué no cruzar? ¿Si hoy no cruzaba, acaso mañana sí cruzaría? ¿Entonces… cuántas veces habría cruzado antes? ¿Por cierto… cruzar el qué? Ahí queda eso. La tripulante ALFA se lo preguntaba entonces y se lo sigue preguntando ahora, cuando está a punto de despegar hacia las estrellas. Imposible sugerir más con menos.

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Los Burros en directo en TV (Estoc de Pop)

El disco continuaba con varias canciones firmadas por Quimi Portet, con un estilo luego patente en su reencarnación posterior con el Último de la Fila y en su discografía en solitario. Temas como ‘Huesos’, ‘No puedo más’ o ‘Hazme sufrir’, llenos de ideas surrealistas expresadas con guiños a la cultura popular y envueltas en un peculiar ritmo guitarrero sincopado, saturado al estilo Ramones u otras glorias del punk-rock, a menudo elaborado con cajas de ritmo y con una base de teclados ochenteros. Una mezcla adictiva por lo inesperado del resultado. Son temas acelerados, que no dan tregua, en el que se canta al amor anómalo (Huesos: “Cómo te voy a querer estando flaca como estás / mis besos se pueden perder sin sitio donde aterrizar”); se lamentan los penosos rituales del enamorado mal correspondido (No puedo más: “A veces me pregunto cuanto tiempo / voy a estar aguantando esta situación / siempre estoy escalando tu ventana / debe haber otra entrada a tu habitación”); o se parodian formas alternativas de disfrute a través del dolor (Hazme sufrir: “No intentes complacerme, hazme sufrir / pégame puñetazos en la nariz”, incluyendo aceleradas e imperativas súplicas propias de dementes sin remedio ni complejos: “Nooo veladas fantásticas / Nooo bailes frenéticos / Lo que quiero es ser infeliz / Rómpeme con un martillo algunos dedos de los pies / Vamos a un sitio tranquilo y arráncame la piel”). Estupefacción desbordante, provocaban. La única defensa posible, adherirse a su delirio.

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Los Burros y su impactante puesta en escena en la onda Devo

El álbum continuaba con dos temas de Manolo García, más orgánicos y armónicos, con una instrumentación menos agresiva, unas letras metafóricas que transmitían imágenes de belleza inquietante, cantadas con una emoción capaz de erizar el vello de cualquier oyente ávido por conocer aquel nuevo mundo propuesto por Los Burros.

Así, en “Portugal” se describía una situación límite donde, en un contexto de derrumbe del entorno social y personal, a modo de inicio de conflicto bélico, alguien buscaba a otra persona (presumiblemente la amada) mientras trataba de huir entre la confusión. Ante la imposibilidad de hacerlo juntos, se citaban para más adelante en Portugal, aunque ella (o él) nunca llegaría. La sucesión de imágenes cantadas constituye un poderoso dispositivo para trasladar al oyente al lugar de los hechos, testigo en primera línea de la angustia de los protagonistas, los cuales siempre tienen más recursos de los que aparentan. O, en el fondo, todo lo relatado se la trae floja. (“Carreras en coche de acá para allá / Volviendo de día, siempre hasta el final /Aunque pierda el tiempo me da igual (…) De las montañas hasta el mar / Vagando por el frente / Terror a la inseguridad / Tormenta en las vanguardias / Nunca llegaste a Portugal”). Además, en este tema aparecen los primeros indicios de entonación andaluza o sureña, no tanto flamenca sino más bien propia de la copla española, que posteriormente sería el sello de identidad de El Último de la Fila.

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El sufrido casette de la tripulante ALFA

Disneylandia” era la balada del álbum, cantada de manera muy sentida, próxima y distante a la vez. Un canto al amor canalla, al amor que se ha dejado perder pero al que no se quiere dejar de lado, que necesita ayuda pero no puede ser ayudado precisamente por ser como es, cuando lo que es, es precisamente lo que lo hizo atractivo. Un lamento en espiral, con una instrumentación minimalista en la que un casiotone de juguete ocupa el lugar central. Con esta impresionante interpretación se cerraba la cara A.

_MG_8245La cara B del álbum contenía tres joyas absolutas, con Manolo como compositor principal (‘Conflicto armado’, ‘El faro del fin del mundo’ y ‘Moscas aulladoras, perros silenciosos’), así como dos canciones gamberras que evidenciaban el surrealismo innato del grupo (‘Mi novia se llamaba Ramón’ y ‘El himno de los cazadores de vacas’).

El tema más potente era sin duda ‘Conflicto Armado’, con un contagioso riff que marcaba el ritmo a lo largo de toda la canción, con referencias a The Clash y a los conflictos bélicos de la época (guerra Irán / Iraq), todo ello para representar la dura lucha de un amor a tres bandas, indeseado pero inevitable. Una lucha perdida de la que, a pesar de todo, se pretendía salir airoso. La letra transcurría en primera persona y, aunque mantenía en todo momento una gran ambigüedad, lograba que el oyente se identificara con los lamentos del protagonista (“La busco desde hace un mes / Se lo dices tú si la ves / La única posibilidad de sobrevivir al final / En esta maldita ciudad / Eran sus miradas asesinas”). Una colección de lamentos rematados por las poderosas guitarras de Quimi Portet y de José Luis Pérez. Musicalmente, el tema más contundente del álbum, hábilmente atemperado por las armonías vocales de Manolo García.

jajajaja

Quimi Portet en plena actuación con Los Burros

Pero la canción preferida de la tripulante ALFA siempre fue ‘El faro del fin del mundo’, una estimulante declaración de intenciones que incluye algunos de los elementos principales de la filosofía del grupo (y de sus futuras reencarnaciones). Es un tema espídico, dominado por la singular guitarra de José Luis Pérez, una de las piezas clave del sonido del grupo, cantado con absoluta visceralidad por Manolo García, con referencias a lugares utópicos “Llegué a la tierra de lo simple / Por los caminos del cansancio y de la soledad / Crucé paisajes desdentados / Los niños tienen todo el día para jugar”; con aportaciones de una filosofía popular que apela a la experiencia (“No he perdido la constancia / No he luchado para luego abandonar / Me han dibujado sonrisas / Y al dar la espalda me han querido apuñalar”), y con una perspectiva singular sobre el lugar que sus autores ocupan en el mundo (“Aventurero en busca de no sé bien qué / Pequeño héroe de revista / Soy un insecto en la inmensidad”), con un intrigante estribillo que sentenciaba con moraleja (“Ni castigo a los vencedores / Ni a los vencidos redención / Si cruzas para de reírte / Si vuelves rómpeme el porvenir”). Rebelión y autoafirmación a partes iguales. Por cierto, aparece aquí un nuevo indicio de cómo o hacia dónde “cruzar”, una actividad presuntamente esencial en la filosofía del grupo.

IMG_8388La última de las joyas es la que cierra el disco, ‘Moscas aulladoras, perros silenciosos, título envidiable donde los haya. Nos encontramos otra vez ante una situación interpersonal peculiar (“Cuarenta y dos y aún estás muy bien, tú siempre sola en aquel bar / Mi seriedad, yo dieciséis, me hicieron al principio dudar”), una relación amorosa de presente y futuro inciertos, expresada en tono melancólico a un ritmo galopante (muy característico de sus futuras reencarnaciones como EUDF) que imprime una irresistible sensación de urgencia al lamento: (“Al principio tú viste en mí alguien con quien poder hablar / Pero luego pensaste ‘no, no me querrá compadecer’ / “Cielo rojo, estrellas, hay luces en el callejón / Gatos muertos, puertas, vértigo en la oscuridad / Rabia en las miradas, no hay tiempo para pensar”). Guitarras robustas, coros que remarcan la intensidad de la tragedia, con una temática totalmente ajena a lo que se supone que tratan las canciones de pop-rock del momento (y de todas las épocas).

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Manolo García teatralizando temas de Los Burros

El disco se completaba con otros dos temas de vena estrictamente surrealista. ‘Mi novia se llamaba Ramón” era un medio tiempo potente, con una instrumentación rotunda y amenazante, que podría haber firmado los primeros The Cure, pero con una letra totalmente disparatada (“Mi novia se llamaba Ramón, eso qué más da / se murió muy deprisa / Las palabras que terminan en ‘on’, esas suelen ser para morirse de risa”), que transmite una supuesta ambigüedad sexual que les servía para ironizar sobre sí mismos y provocar al potencial público que no estuviera en su onda. El tema restante seguía esta onda surrealista pero elevada al cubo: “El himno de los cazadores de vacas” era una gamberrada con un ritmo pretendidamente tribal y un sonido ajeno al conjunto del álbum, si bien su inclusión potenciaba su función de rareza anecdótica. Servía para mostrar que Los Burros se atrevían con todo, e incluso coqueteaban con el suicidio comercial.

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Fuente: Manolo García, Vacaciones de mí mismo, Ed. Temas de Hoy, 2004 p. 73.

Rebuznos de amor se editó en 1983, gozó del absoluto desprecio de su propia discográfica (la barcelonesa Belter) y sirvió al grupo para darse a conocer en los circuitos más subterráneos y periféricos. Según sus biógrafos (el ínclito Toni Coromina, quien no sólo les pagó parte del disco, sino que años más tarde les escribió un libro delicioso), después de muchos esfuerzos manuales consiguieron vender unos 3.000 ejemplares. Curiosamente, por aquellos días triunfaba a lo grande la manida ‘Movida madrileña’, una explosión musical nuevaolera que emanaba con luz cegadora desde Madrid y protagonizada por una serie de nuevos grupos con nuevas actitudes (Gabinete Caligari, Radio Futura, Siniestro Total o Alaska y sus variadas formaciones) que se situaron en la cresta de la ola. Los Burros no estaban tan lejos de todo aquel barrizal, ni en forma ni en espíritu, pero se encontraban en una posición prácticamente marginal y con mínimas posibilidades de hacerse visibles para el gran público.

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Fuente: Manolo García, Vacaciones de mí mismo. Ed. Temas de Hoy, 2004, p. 24.

Por otro lado, aunque compartían una cierta vertiente lúdica y frívola con muchos de aquellos grupos de la Movida (Alaska, Nikis, Bólidos, Hombres G, Peor Imposible, Polanski y el Ardor, etc.), su frivolidad era sólo aparente pues en el fondo de sus temas latía siempre una perspectiva de búsqueda filosófica y vital. Pero había también diferencias culturales de clase. Buena parte de los grupos de la Movida pertenecían a ambientes acomodados (de clases medias-altas) y, básicamente, pretendían divertirse. Los Burros procedían de un entorno más popular y arrabalero y no sólo buscaban diversión, además estaban de exploración. Exactamente igual que la tripulante ALFA en aquellos mismos momentos. Lo mismo que ahora, apunto de zarpar hacia las estrellas. Por ello se llevará consigo Rebuznos de amor.

 

Addenda

0Un sábado de junio de 1984 la tripulante ALFA se topó de bruces con Los Burros. En aquel tiempo, la tripulante ALFA vivía en Alcampell, famoso municipio oscense cercano a Lleida, cuando vio anunciado un concierto de Los Burros. Aquel grupo que llevaba oyendo durante los últimos meses en el programa del ‘Javier’, iba a tocar en su propio pueblo. El día de marras, con sus colegas se fue hacia el pabellón municipal, donde aquella noche tendría lugar el concierto. Grabadora en mano, preguntaron por los músicos. Han ido a comer, estarán al llegar. Entonces les vieron bajar por la calle de la iglesia con sus vaqueros de pitillo, cazadoras de cuero marrón (Manolo) y tejana (Quimi). ¿Os podemos hacer una entrevista? Por supuesto, sentémonos aquí mismo. Allí mismo, junto a las escaleras del colegio, pegadas al pabellón de baile, nos sentamos. Y esta fue la conversación, tal como la tripulante ALFA ha transcrito de la vieja cinta de casette:

[Nota: Aunque fue grabada el 9 de junio de 1984, esta entrevista había permanecido inédita hasta ahora, y refleja muy bien el momento en el que se encontraban aquellos Burros a punto de disolverse y de renacer como El Último de la Fila. Treinta años más, treinta años menos, no son gran cosa cuando se prepara un viaje sideral]

 

ALFA- ¿Tú quién eres?
QUIMI PORTET (Q)- Yo soy el Quimi, de Los Burros. Quimi Portet. Y este señor es Manolo García. Somos muy amigos éste y yo. Los burros y los tontos.
ALFA- Ah, sí, a ti te vimos un día en la tele. En un programa de la catalana.
MANOLO GARCÍA (M)- ¿Y a éste no? [a Quimi]
ALFA- No, a ti no te vimos. ¿Dónde estabas?
Q- Yo soy… ¡un micro! Trabajo de micro en un conjunto.
ALFA- Bueno, vamos a lo que interesa. ¿Cómo empezasteis en la música?
M- A pedales…
Q- Empezamos como todos los chicos…
ALFA- Pero ¿cuáles serían vuestras primeras influencias?
Q- Cada uno tiene las suyas. Manolo, por ejemplo, como era pobre de pequeño, sólo tenía una radio y un embudo, y prefería escuchar la radio que el embudo. Entonces lo que oía por la radio él lo interpretaba en sus ratos libres. Yo, por ejemplo, a mi mamá le gustaba mucho el soul, y cuando fregaba el piso ponía discos de soul, y escuchaba mucho soul, y los Beatles… De hecho, tal como están concebidos, los grupos pop son una amalgama de influencias de cada individuo.
M- Una amalgama de desastres y pestes, diría yo…
ALFA- También vimos en TV vuestro video. Porque grabasteis un video ¿verdad?
Q- Sí, hicimos un video hace unos seis meses. Es de la pieza ‘No puedo más’. Va de una alegre familia contemporánea que está comiéndose una paella de espaguetis, en medio de multitud de vicisitudes y de sorpresivas actuaciones del personal del grupo y de otros artistas invitados. Vemos que ha tenido una gran aceptación. No sé si porque la gente pasa bastante hambre en esta época de crisis o porque a la gente le gusta la música.
ALFA- ¿Qué canción vuestra os gusta más?
M- ¡Tú!
Q- Nos gustan todas muchísimo.
ALFA- ¿Estáis preparando nuevo material?
Q- Estamos siempre preparando nuevo material. Para eso cobramos.
ALFA- ¿Para cuándo se espera el próximo disco?
Q-Cuando encontremos… Cuando encontremos una empresa alimenticia que quiera construírnoslo.
M- Y cuando los tratos negociables lleguen a buen punto.
Q- A buen cauce.
M- O sea, cuando podamos. Cuando alguien nos quiera firmar un contrato decente. No comment.
ALFA- ¿Cómo veis la movida en Barcelona?
M- ¿La movida? ¿Qué movida? ¿Qué es esto de la ‘movida’?
ALFA- No lo sabemos, pero en la radio se habla a todas horas últimamente.
M- Pero ¿aquí también se habla de eso?
ALFA- Últimamente hasta los gatos, por aquí.
M- ¿Aquí de qué habláis? ¿De qué soléis hablar?
ALFA- Pues de música, de tías, de tíos…
M- ¿De tías? Vais mal, eh. Así nunca llegaréis al reino de los cielos. Hay que practicar la castidad… Pero bueno… Os pensáis que en Barcelona pasan grandes cosas, grandes…
ALFA- No tanto, no tanto…
M- ¿Creéis que allí hay una gran ‘movida’?
ALFA- Pues mira, no tenemos ni idea de lo que hay en Barcelona.
M- Allí la gente se aburre igual o más que aquí. Y les cuesta más caro aburrirse que aquí.
Q- Y hay menos chicas.
M- No. Igual. Bueno, no sé. No sé las que hay aquí. Barcelona está musicalmente como en todos los sitios. Grupos que empiezan, grupos que terminan, gente que graba discos, gente que los hace muy bien… No, gente que los grabe bien, no. Gente que los grabe muy bien, apabullantemente bien, no hay.
ALFA- Estuvisteis hace poco en Huesca ¿no?
Q- Sí, en Huesca capital, en una sala maravillosa que se llama ‘Peña la Alegría Laurentina’. El local tendría que ser un monumento nacional. Es muy bonito.
M- Estaba muy bien, muy bien. Llegó la gente de la Peña ésta de ‘la Alegría’ y… de puta madre.
Q- Fue divertido.
ALFA- Por cierto, ¿Por qué os cambiasteis el nombre? ¿Por qué antes Rápidos y ahora Burros?
M- Todo cambia. Nos tomamos una temporada de vacaciones y paramos medio año o así. Cuando reemprendimos la marcha pues… tuvimos que cambiar el nombre.
ALFA- ¿Cómo os definiríais musicalmente?
M- Pop. Imagino que pop ¿no?
Q- Hacemos pop, power pop, pop machote.
M- Pop erecto… No sabemos… Pop.
Q- Pop tirando a machote. Pop litúrgico. Pop menstrual… No sé…
ALFA- ¿Quién ha hecho las portadas de vuestros discos? Son muy originales.
M- ¿De cuál de los trescientos, a ver?
ALFA- De todos.
M- Pues uno, el primero, el de los Rápidos, lo hizo un chico de Barcelona. Y el otro, este de ahora, el de los Burros, lo hizo una chica de Madrid, una fotógrafa que se llama Oukalele, o algo así.
ALFA- ¿Quién compone las canciones?
M- Nosotros tres. Los dos guitarras y el gobernador.
Q- El rebuznador… (risas).
ALFA- Hemos oído decir que lleváis una puesta en escena muy acojonante…
M- Huy! Sí, ya verás. Con los periódicos que ha ido a buscar el tío ese del bajo por los bares…
ALFA- ¿Qué vais a hacer hoy?
M- Hoy vamos a volar el monumento este… Lo vamos a volar con dinamita. Vais a salir todos volando. Nosotros no, porque tenemos unas campanas anti-reflectantes y separantes del público. Vosotros vais a salir volando todos. Ja! Con la entrada regalamos unas alas estupendas, con unos tirantes de cuero y un precioso motor… No. Yo qué sé. Eso que tú llamas puesta en escena es una pequeña improvisación que sale cada día. Ponemos plásticos, ponemos periódicos, ponemos embudos… bidones… Es simplemente un cruce de casualidades en el momento oportuno.
ALFA- ¿Os gustan otros grupos emergentes de Barcelona, como por ejemplo Loquillo y los Trogloditas, que acaban de sacar un disco imponente [‘El ritmo del garaje‘]?
M- Hombre, pues a gente del grupo le gustan unas cosas y a otros pues otras. Pero en general… no sé… [después de un recuento de porcentajes en cuanto a si les gusta o no Loquillo, responden que sí] Sí. Al grupo le gusta más bien que menos. Tres dicen que sí y dos que no. Aunque a mí de momento… me gustan más cosas como Decibelios, como Veneno, como la Trapera…
ALFA- A nosotros también nos gustan esos…
M- Por cierto, ¿aquí hacéis algún tipo de fiesta taurina para la fiesta patronal del pueblo o así…?
ALFA- Aquí no tenemos tradición. Hace unos años se intentó hacer. Pero como había hostias cada año…
M- No, yo me refiero a ese tipo de…
ALFA- Vaquillas. Hacíamos vaquillas, pero como siempre había hostias…
M- ¿Cómo que había hostias?
ALFA- Hombre, porque venían valientes que las querían matar a cabezazos. Había muchos muertos cada año… Vaya, que no va mucho con nosotros.
M- A cabezazos… no jodas… O sea, que por esta zona es normal, que hay algún pueblo que lo siguen haciendo…
ALFA- Sí, sí, por aquí sí. No mucho, pero en algún pueblo sí. En Altorricón principalmente. Y sólo para la fiesta mayor. En el resto… Ya hay que ir a Fonz, Estadilla y esa parte, más hacia Aragón…
M- Entonces ¿qué hacéis? ¿Vais vosotros y las matáis a cabezazos o qué…?
ALFA- Estos me dicen que os preguntemos si fumáis porros…
M- No, eso no. Ponlo. Que no fumamos porros.
ALFA- O sea, que os enrolláis sin porros.
M- Sin porros. Todo esto es un efluvio natural que emana de nuestro cuerpo de una manera espontánea.
Q- De nuestro cuerpo o de nuestras extremidades, no sabemos exactamente. O del espíritu.
M- El espíritu es una cosa muy pequeña. Es una cosa que yo llevo en el bolsillo a veces.
Q- Y del speed.
M- No el speed es una cosa que llevamos todos naturalmente. Bueno, a veces no. En verano cuando hacemos muchas actuaciones así seguidas, al quinto día se te cae el espíritu y el speed, y estás hecho una mierda.
ALFA- Entonces ¿os enrolláis a base de cerveza?
M- No, tampoco, porque la cerveza te tira mucho. Nosotros a base de bocadillos de chorizo.
ALFA- Tiene mucha grasa el chorizo…
M- Bueno, pero te salen unos granos bastante consistentes y en las fotos quedas muy aparente. Con unos granos aquí estupendos tipo… ¿cómo dicen los ingleses?
Q- Tipo teenager.
M- Sí eso, tipo chico joven. Aparentas menos años.
Q- Bueno, tú tienes ochenta y seis ¿no?
M- Sí, y tú doce. Sí, el Quimi es seminarista. Lo que pasa es que los fines de semana sale.
Q- Sí, ¿no veis la coronilla por aquí?
ALFA- Te echo la mía!
M- Tú ya fuiste cura.
Q- A mí aún no me han ordenado. La semana que viene me ordenan.
M- Vamos a ir a tocar a su ordenación u ordenamiento.
Q- Ordenamante, prefiero.
M- Sí, también tocarán el obispo y el abad…
ALFA- ¿Hoy tocaréis algún tema nuevo?
M- Sí, tres.
ALFA- Oye, a ver si os enrolláis bien.
M- Hombre, como en todos los sitios, eso…
ALFA- Que no os duela hacer un cuarto de hora más…
M- Más… Siempre más ¡Más! ¡Maaas! ¡M a a a s s!
ALFA- Aquí más. Si triunfáis aquí, triunfareis en España. Esto es el trampolín. Preguntádselo a los de la Salseta del Poble Sec, que desde que vinieron aquí se han hinchado a hacer conciertos por toda la zona. De aquí…
M- De aquí al cielo…
ALFA- Exacto…
M- O al infierno. O al cuartel de la Guardia Civil.
ALFA- No, que nos lo vendimos. Lo reconvertimos y ahora es la Casa de la Cultura. Aunque los abuelos no quieren ir porque les trae recuerdos demasiado trágicos.
M- Habéis hecho como el Astérix y el Obélix con los romanos…
ALFA- Lo que está claro es que si tocas y a la gente le gusta lo que haces… De hecho, nos han hablado muy bien de vosotros. El que hablen bien no quiere decir que aquí quedéis bien, pero…
M- Una cosa sí que te voy a asegurar, y es que nosotros donde vamos lo ponemos todo. El equipo siempre es el mismo, nosotros somos los mismos… Hombre puede hundirse el escenario, irse la luz…
ALFA- Ya no es el tocar diez minutos más o menos. Es que si hay ambiente… es el hecho de decir ‘oye, no nos va a venir de un cuarto de hora’.
M- Ya os veo venir, ya. Lo que queréis es que nos den aquí las siete de la mañana, tomando vinos y tocando…
ALFA- Si hace falta vino, bocadillos… tenemos ahí un par de botellas de Chivas que…
M- Hacer una maratón…
ALFA- Tocaréis cinco horas y cuarto ¿no?
M- O diez.
Q- Siete o diez.
ALFA- Con hora y media quedaréis bien.
M- ¿Aguantaremos hora y media? Ya no somos tan jóvenes, aunque lo parezcamos. Por aquello de “…cuarenta y dos y aún estás muy bieeeen…”
ALFA- ¿Tú eres el que canta, entonces?
M- Sí, aunque no lo parezca.
ALFA- ¿Tú eres el que dice “qué más da…”? ¿Lo habéis oído hace un rato por el altavoz del pregón, cuando hemos anunciado el concierto de esta noche?
M- Sí, pero parecía que sonaba por un pepino, más que por un altavoz.
ALFA- Lo ha puesto Sixto [el entonces alcalde comunista del pueblo]. Oye ¿no nos vais a hacer una primicia ahora, a tocar algo para ver qué tal suena eso?
M- Eso luego, cuando probemos sonido. Pero pediremos al respetable que se vaya y cerraremos las puertas, si es posible.
ALFA- Ok. Nos vemos luego.

——

AIMG_8402quel sábado 9 de junio de 1984, las 11:30h de la noche, empezó el concierto. Los teloneros fueron el grupo oscense ORNI, que gustaron mucho a sus fans y al público en general, en especial por la repercusión que tenía entonces su estupendo tema ‘Siempre esperando‘. A la 1 salieron Los Burros al escenario. Durante el concierto volaron latas, bidones, embudos, polvos talco, espuma, humo… Quimi y Manolo dieron tantas volteretas que acabaron magullados por todas partes. Lo suyo era una profesión de riesgo. Salieron al escenario todos vestidos de negro, pero Manolo llevaba un montón de camisetas, una debajo de otra, de las que se fue desvistiendo paulatinamente. Cuando tocaron ‘No puedo más’, Manolo dijo “Y esta canción, como dirían en Madrid, es postmoderna”, y luego se metió con la Chamorro.

Al día siguiente, domingo por la tarde, sintonizando Radio Huesca, una buena parte del programa del “Javier” fue dedicada a describir el concierto, pues por lo visto habían organizado una excursión colectiva al mismo desde la capital provincial. Gracias a dicho programa la tripulante ALFA pudo hacerse con el set-list, que fue como sigue:

  • Volvamos a los árboles
  • Dulces sueños
  • La llamada
  • Grité
  • Portugal
  • Café
  • Mi novia se llamaba Ramón
  • Conflicto armado
  • Huesos
  • No puedo más
  • Te quiero bastante
  • El himno de los cazadores de vacas
  • Ruta del Sur
  • Hazme sufrir
  • Televisión
  • Disneylandia
  • El faro del fin del mundo
  • Septiembre

Bises:

  • Volvamos a los árboles
  • La llamada
  • Dulces sueños

Como se puede observar, tocaron una mezcla de temas de Los Rápidos, de los Burros y algunas todavía inéditas.

IMG_8392Los Burros pasaron por el territorio donde habitaba la tripulante ALFA dos veces más durante aquellos escasos meses. En agosto fueron contratados en las fiestas mayores de Altorricó, y en septiembre tocaron en las fiestas de Tamarit de Llitera. En ambos casos se hicieron con una buena pila de acérrimos e infatigables seguidores. Durante los meses siguientes las casettes corrieron de mano en mano. La tripulante ALFA quedó definitivamente enganchada a los ritmos, melodías y filosofía vital de Los Burros (luego replicada con mayor ambición en su aventura como El Último de la Fila, especialmente en sus dos primeros LP’s, deudores claros de los experimentos burrísticos). Por ello, la tripulante ALFA se llevará Rebuznos de amor en su viaje interestelar. Saludos terráqueos, y recordad que sois unos insectos en la inmensidad.14067686_303231426704567_257614053984850256_n14117801_303231470037896_5115161449067560087_n

 

 

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Radio Futura – De un país en llamas

0000304727_350La tripulante ALFA sabe que hay momentos clave en la historia en los que ciertos grupos, cantantes o compositores alcanzan la síntesis mágica, rozan con las yemas de los dedos el campo gravitatorio que mantiene misteriosamente unida a la sociedad, dan con la combinación perfecta para expresar el alma de su gente y su tiempo. Después de descartar a muchos grupos o solistas que sin duda también merecerían este puesto, la tripulante ALFA ha decidido que si entre nosotros algo se aproximó a dicho estado fue Radio Futura. Y por ello se los llevará a su viaje a las estrellas.

Fuente: max-elblog.blogspot.com

Fuente: max-elblog.blogspot.com

Radio Futura son un icono de una cierta “España moderna”, con una propuesta enraizada en el solar ibérico pero cosmopolita al mismo tiempo. Un icono no tanto de hoy, sino de aquel pasado próximo que se inició con el cambio de régimen político de finales de los 70, que vivió una sonora efervescencia durante los 80, y que a partir de los 90 se contuvo ensimismado, para ir desmoronándose, degradándose poco a poco, hasta llegar al punto de no retorno actual.0 Quizá por ello la tripulante ALFA está preparando su huida a las estrellas.

Radio Futura representan como nadie el espíritu de aquella época, aunque su mensaje, formas y actitudes la trascienden de tal manera que su obra resiste el paso del tiempo con envidiable frescura y prestancia. A partir de un formato rock, que les daba un punto transgresor (en relación a su época), no sólo supieron incorporar las inquietudes por indagar en las raíces ibéricas y africanas de nuestras culturas peninsulares, sino que además manifestaron una curiosidad insana por lo que sucedía más allá de las limitadas fronteras anglosajonas. De esta manera, derivaron hacia la conexión latinoamericana y africana, que descubrieron entre Nueva York y Cuba, una conexión que a su vez les trajo de vuelta hacia la música peninsular secular. Un viaje en espiral y en el tiempo que, a la postre, desdibujó el planteamiento inicial del grupo, lo cuarteó y les lanzó hacia metamorfosis artísticas dispares pero siempre interesantes.

010000026158_n_imggLa influencia de Radio Futura es grande. A pesar de que se separaron en 1992, nunca han dejado de sonar en las radios, nunca han desaparecido del todo del entorno mediático, siempre están ahí, como un punto de referencia respecto al que medirse. Quizá por eso el panorama posterior palidece tanto.

No obstante, el amplio reconocimiento de crítica y público también llevó a su mitificación gratuita. Sus últimas obras están claramente sobrevaloradas, pero cuando las perpetraron su popularidad y prestigio era tan grande que nadie se atrevió a decir que el rey había perdido parte del traje (la tripulante ALFA piensa en ‘Escueladecalor’ (1989), ‘Veneno en la piel’ (1991) o ‘Tierra para bailar’ (1992). También su primer álbum (‘Música Moderna’, 1980) no deja de ser una anécdota, quizá sólo relevante por el mérito de conseguir editar semejantes canciones en un entorno discográfico hostil como el de finales de los 70 y principios de los 80.

Radio Futura pusieron los cimientos a su mito gracias a los desencuentros con su discográfica primigenia (Hispavox), que les condenó a varios años de semi-clandestinidad durante los que mutaron hábilmente hasta encontrar el filón que les haría grandes. Un filón basado en un esquema rock, una base rítmica con filiaciones negroides, unos riffs guitarreros metálicos pero inspirados en el funky y unas letras bien medidas y nada banales. No en vano, contaban con un filósofo como cantante, y varios de sus miembros eran colaboradores habituales de la prensa underground. Tras un par de años componiendo y tocando por las catacumbas madrileñas, su nombre fue sonando entre el público más abierto y expectante, sobre todo a raíz de la publicación de un single, ‘La Estatua del Jardín Botánico’ (1982), una atractiva melodía (que incluso contó con un videoclip propio de película de Ed Wood) con enigmática y profunda letra que suponía un salto cualitativo en el panorama local de la época.

índice0000304727_350índice22Pero si fueron grandes fue gracias su trilogía básica e imprescindible: ‘La Ley del Desierto / La Ley del Mar’ (1984), ‘De un país en llamas’ (1985) y ‘La canción de Juan Perro’ (1987). Todo lo demás sobra. Tres obras capitales seguidas que, sin ellos pretenderlo, muestran el punto en el que se encontraba el alma colectiva del país a mediados de los 80, así como la evolución que estaba tomando. Tres obras maestras e ineludibles. Obligatorias para el canon de los viajes interestelares. Hay que sorberlas hasta el fondo.

La tripulante ALFA quedó deslumbrada con la aparición de ‘La Ley del Desierto / La Ley del Mar’, una auténtica explosión creativa. Unas canciones que venían del punk-rock, se entretenían por la new-wave (ese punto arty a lo Talking Heads…) e incorporaban algunas gotas étnicas (latinas, algo poco usual por aquel entonces). Allí, casi como de propina, ya escuela_de_caloraparece ‘Semilla negra’, el germen de lo que luego iba a crecer y a ocupar espacio mediático durante décadas (no sólo por parte de Radio Futura, sino que se iba a convertir en un estilo por derecho propio que seguirían multitud de grupos y solistas del más variado pelaje). La tripulante ALFA se recuerda a si misma con nostalgia tarareando la canción mientras realizaba trabajos agrícolas, encendiendo hogueras al atardecer y retirando hierbas de la falda de olivos centenarios. Mágicos momentos que no volverán. No era el único tema de esta guisa que se oía por aquel entonces, puesto que la radio emitía con frecuencia el ‘Colecciono moscas’ de Golpes Bajos, incluido en un álbum (‘A santa compaña’, 1984) con un más que evidente fondo rítmico latino. E incluso Malevaje con sus tangos modernos sonaban con frecuencia. Es decir, el terreno para el hibridaje rock-tradición latina ya estaba abonado y bien regado.

maxilimitadainteriorwebPero el disco que la tripulante ALFA piensa llevarse a su viaje a través de la galaxia es ‘DE UN PAÍS EN LLAMAS’ (1985). La tripulante ALFA residía en una intensa ciudad norteafricana cuando, en el expositor de casetes de un bar de reclutas, vio la famosa carátula de ‘En un país en llamas’. Por 500 ptas se hizo con la preciada cinta (y también con la casete de Los Rápidos que, junto a la de Radio Futura, estaban allí acompañando a numerosas cintas de Los Chunguitos, de El Fari y de un sin fin de melodías barriobajeras). ‘De un país en llamas‘ es el álbum de Radio Futura con el sonido más extraño, con una especie de sorda tormenta eléctrica de fondo y con un raro brillo metálico y seco en las partes vocales, pero a pesar de eso contiene un ramillete de canciones insuperables. Algunas remiten a ese fondo rural y salvaje del solar ibérico (como ‘No tocarte’ o ‘El tonto Simón’), otras celebran cómo la vida y la muerte corren a borbotones por los degradados centros urbanos (‘En el Chino’ o ‘La ciudad interior’), mientras que otras describen las sensaciones de visitantes a lejanos pueblos y territorios exóticos (‘Viento de África’ o ‘La vida en la frontera’). notocartewebAdemás, contiene temas como ‘Las líneas de la mano’, ‘Han caído los dos’ y ‘Un vaso de agua (al enemigo)’ tres obras maestras que con frecuencia han quedado ocultas por la popularidad de otros temas canónicos del grupo, pero a la tripulante ALFA le gusta reivindicarlas para su viaje a las estrellas. Resta la onírica ‘En alas de la mentira’, un etéreo poema lleno de sugerentes imágenes y reflexiones sutiles sobre humanos sonámbulos deambulando por los tejados.

ciudadinteriorwebCon todo, la canción que la tripulante ALFA cree más lograda de este álbum no es otra que ‘La ciudad interior’. Aún puede recordar cuando la oyó en la radio por primera vez, a modo de anuncio del nuevo disco de Radio Futura (pues fue uno de los singles). Era la prueba de que el grupo estaba avanzando hacia terrenos raramente explorados en nuestro ámbito cultural. Se trata de una composición que tiende al rock industrial, con una letra totalmente orgánica y declamada con la tonalidad precisa para resultar convincente, y con un repetitivo riff de guitarra que recorre los laberintos cerebrales del oyente hasta generar sinapsis imprevistas. imagesLa visión del grupo interpretando esta canción en un programa televisivo le acabó de convencer (aunque fuera play-back!). Aquello era imparable. La tripulante ALFA apreciaba la tendencia étnico-latina-africana que latía tras algunas de las canciones, pero el post-punk tenebroso al que apuntaban otros temas era también muy prometedor. Mucho. Aquel grupo era el futuro, y el futuro lo iban a marcar ellos.

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Amenazantes en la época de ‘La canción de Juan Perro’

El futuro fue ‘La canción de Juan Perro’ (1987), un disco que constituyó la cima creativa de su carrera. Un sonido exultante, con metales a tutiplén y transmitiendo una energía increíble. Contiene joyas tan populares como ‘La negra flor’, ‘A cara o cruz’, ’37 grados’, ‘El canto del gallo’, ‘Annabel Lee’, ‘La mala hora’ o ‘En un baile de perros’.  Un disco entusiasta en el que los ritmos latinos fueron los grandes protagonistas, hasta el punto de que en muchos temas parecen alumnos aventajados de un Rubén Blades electrificado y metalizado. De hecho, en el futuro posterior se ha recordado a Radio Futura principalmente por su papel de padres (o abuelos) del rock latino, lo cual es una burda manera de minimizar su legado, pues supone ocultar una parte sustancial de su obra. La tripulante ALFA siempre se ha preguntado qué hubiera pasado si Radio Futura no hubiera dejado de lado su tendencia afterpunk, pues a su juicio tenían un potencial enorme por esta otra vía.

hancaidolosdoswebPero, después de este álbum, Radio Futura como grupo ya no fueron demasiado lejos. Tras el disco en directo ‘Escueladecalor…’ (1989) (en realidad, ni frío ni calor, tan neutro que los sentidos humanos casi no lo captan), tan sólo editaron un nuevo álbum con canciones originales, ‘Veneno en la piel’ (1991), cuyo tema homónimo (‘Veneno en la piel’) fue un rock-salsero popularísimo que llegó a competir en las listas con el segundo hit latino de la era pop: el ‘Devórame otra vez’ de Lalo Rodríguez (el primero había sido el ‘Pedro Navaja’ de Rubén Blades, de 1978, popularizado por aquí por la Orquesta Platería en 1979).

Radio_Futura-Veneno_En_La_Piel-FrontalVeneno en la piel’ era un álbum digno que, aunque no llegaba a las cotas de creatividad y calidad de los anteriores, optaba claramente por la vía latina renunciando a seguir desarrollando y evolucionando los esquemas más rockeros. Ese era el camino elegido y las cifras les dieron la razón puesto que llegaron a número 1 en las listas de ventas, tanto de singles como de LP’s, algo que no habían conseguido con ninguna de sus obras anteriores. Pero a juicio de la tripulante ALFA, algo se rompió a partir de ese momento. La historia que pudo haber sido dejó de poder ser, y Radio Futura quedaron como aquel grupo balanceándose eternamente a ritmo de salsa.

01La opción latina fue asimilada, digerida y replicada posteriormente hasta la saciedad por numerosos imitadores, perdiendo su originalidad primigenia y diluyéndose en un magma indiferenciado y a la larga cansino. Al menos es lo que piensa a posteriori la tripulante ALFA, aunque en aquellos tiempos estaba encantada con la vena latina que tanto juego daba en los discobares, discotecas y bailes públicos.

Seguramente el ambiente social del país era ya muy distinto, las aspiraciones de modernidad se habían colmado y apetecía un retorno colectivo al kitsch, a las músicas que habían sido barridas por el advenimiento de aquel régimen político (y musical) que ya empezaba a dar muestras de esclerosis. La troupe de Almodóvar o el círculo de Alaska y Dinarama, sin ir más lejos, hacían ostentación, en principio paródica pero a la postre sincera, de su gusto por el toque retro que las músicas latinas ofrecían. Quizá era una forma de demostrar que las cosas no habían cambiado tanto (y las élites de antaño y sus gustos seguían en su sitio).

Radio Futura-Memoria del Porvenir frontalRadio Futura se disolvería en 1992. Posteriormente aún editarían varias remezclas de temas antiguos (‘Tierra para bailar’, 1992; ‘Memoria del porvenir’; 1998), operaciones de interés relativo. La tripulante ALFA todavía esperaba que algún día se reunieran de nuevo y retomaran la vía interrumpida del post-punk-rock adaptado al carácter polisilábico de las lenguas ibéricas, pero la muerte del guitarrista Enrique Sierra en 2012 dio por cerrado el caso. Se acabó.

Santiago Auserón ha seguido una prolífica e interesante carrera bajo el estandarte de Juan Perro, mientras que Luís Auserón (el bajista) se ha mantenido en activo intermitentemente, siempre con un toque especial en sus trabajos. Lo mismo puede decirse de otros miembros circunstanciales. Pero nada volvió a ser igual.

tour_animal1Radio Futura supieron interpretar lo que flotaba en el ambiente y traducirlo a ritmos, melodías y palabras. Fueron un espejo en el que los habitantes de los pueblos de Iberia pudieron reconocerse y atisbar hacia dónde iban. Se convirtieron en prescriptores involuntarios de una ruta a seguir, una ruta que posteriormente se bifurcó y desdibujó, dejando huérfanas una buena parte de las expectativas creadas. De ahí, quizá, la inevitable sensación de que todo terminó demasiado pronto, de que quedaba mucho por dar, mucho por explorar.

La tripulante ALFA no ha dejado de hacerlo, y ahora seguirá su camino a través de la Vía Láctea, aunque no puede evitar que se produzcan ‘interferencias’ en su corazón cuando se acerque a discos tan particulares como ‘De un país en llamas’.

Ferrobós: Círculo de fuego

La tripulante Kowalsky ha llegado esta tarde a bordo con Círculo de Fuego, el primer y único álbum de FERROBÓS, un grupo que existió en la ciudad de Zaragoza entre 1982 y 1990. La banda la componían Jesús Trasobares (guitarra), Eduardo Jimeno (bajo), Sergio García (batería) y Gabriel Sopeña (voz y guitarra, y principal compositor del grupo), a los que hay que añadir el característico saxo de Manuel Enguita como quinto miembro en la sombra. Durante su existencia fueron uno de los puntales de la escena musical y cultural de aquella ciudad durante los agitados años 80 del pasado siglo.

El grupo se hizo muy popular en Zaragoza porque fue uno de los ganadores de la Muestra de pop, rock y otros rollos, que se celebró en la ciudad en 1984, evento que se considera el pistoletazo de salida que conecta el ambiente artístico de la ciudad con la efervescencia que se vivía en otras ciudades de España, principalmente con la llamada Movida madrileña.

Círculo de Fuego no fue editado hasta 1988 por la discográfica independiente local Grabaciones Interferencias, (promovida por el bar del mismo nombre) y recopiló lo mejor de su repertorio hasta la fecha, unos temas repletos de energía y rebosantes de actitud, con afiladas guitarras, contundente base rítmica y unas letras tan lúcidas como emocionantes. Para la tripulante Kowalsky, eran unos textos capaces de dejar en ridículo al 90% de los letristas del pop y el rock de las últimas décadas.

En 1987, un año antes de sacar su álbum, el grupo había dado a conocer varios de sus temas en un par de discos recopilatorios de grupos aragoneses, como el titulado Monegros (donde aportaban dos temas: “Demonios entre el humo” y una versión de su posterior “¿Dónde estás ahora?”), y el Sangre Española (donde aparecían versiones previas de tres temas que posteriormente irían en su primer álbum: “Si hay una guerra“, “Me das un minuto” y “Resaca“).

La tripulante Kowalsky, que ya había oído por la radio local algunas de estas canciones, tuvo ocasión de ver al grupo en directo hacia principios de 1988, e incluso de entrevistar al cantante y compositor (Gabriel Sopeña) con motivo de unas colaboraciones radiofónicas que en estuvo haciendo durante aquella época. Por ello, Kowalsky esperaba la aparición de Círculo de fuego como quien espera la lluvia en el desierto, si bien con el temor de que las expectativas creadas no pudiesen ser satisfechas. Parecía demasiado bueno para ser cierto.

El álbum se publicó durante la primavera de 1988 y la tripulante Kowalsky no se lo podía creer. ¡Era aún mejor de lo esperado! Las nuevas versiones de antiguos temas superaban lo publicado previamente! ¡Y qué decir de los nuevos! Se trataba de un ramillete de canciones que por sí solas generaban un mundo nuevo, dibujaban una historia en la que reconocerse y con la que medirse, unos anhelos por los que suspirar, unas imágenes fortísimas con las que ilustrar su errático deambular por la vida.

El álbum se abría con “Si hay una guerra”, en una versión más guitarrera que la previamente aparecida en el recopilatorio Sangre Española. El tema es toda una declaración de intenciones:

Al diablo con lo que se supone que tengo que hacer / voy a agarrarlo todo ¡voy a volver a nacer!”;

Repleto de certeras metáforas:

Voy a alcanzar contigo la línea del horizonte / hasta sentir que la historia canta para mí”;

De sentencias elocuentes:

Para llegar a triunfar sólo hay dos caminos: o mentir perfectamente, o creérselo hasta el fin”;

Y con un estribillo de simetrías y oposiciones impagables:

Si hay una guerra quiero hacerla en tu boca /

Si hay una paz quiero tocarla en tu piel /

Si hay un infierno quiero olvidarlo contigo /

Y si hay un cielo lo robaré para ti

Todo ello cantado con una voz cuya emoción y rabia procedía de la mismas entrañas. Imposible escucharla sin sentir un zarpazo en el estómago. A la tripulante Kowalsky todavía se le eriza el vello de la nuca al oírla.

La segunda canción era “De espaldas al cielo”, firmada a medias por Gabriel Sopeña y Jesús Trasobares. De guitarras rotundas y estructura tendiente al heavy, con unos estribillos que remontan el alma, y una voz que delinea con rotundidad el clima del tema. “De espaldas al cielo” tiene sin duda la letra más dura y reivindicativa del álbum, con una elaborada descripción de las miserias sociales, políticas y económicas de nuestra época. El inicio ya deja claras las intenciones:

He nacido donde el sol manda en la noche / donde la sangre hace la ley

Donde se prefiere un ruido de pistola / al latir de un corazón

El tono se repite en el resto de versos. Por citar un simple fragmento:

He nacido donde el torpe es el que ordena /

Donde el idiota firma un papel /

Donde el demente reza ‘¡que Dios me bendiga!’ /

Mientras me apunta hacia la sien

“De espaldas al cielo” es una canción de rabia ante la desesperación, de profunda desconfianza hacia los poderes, hacia los supuestos salvadores, de resistencia ante explotación y el sometimiento. Estás jodido y nadie vendrá a resolver tus problemas, te han engañado, date cuenta. El estribillo se engancha a la memoria como un condenado riff, remarcando la inutilidad de esperar que nuestras soluciones provengan de las alturas.

Me han dicho que una cruz me lleva al cielo /

Pero esa cruz la cargo yo. Y no veo la luz

Cristo de San Juan de la Cruz (Salvador Dalí, 1951) (Fuente: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/8/8c/Christ_of_Saint_John_of_the_Cross.jpg)

La canción, después de llevar al oyente hasta el borde del abismo, efectúa una pausa que, tras unos segundos de vacilación, da inicio a la hipnótica repetición de un nuevo estribillo con un ritmo trepidante hasta el fade-awayfinal. Una traca final de regusto bíblico, con referencias al mito de la crucifixión cristiana, que nos recuerdan que, al menos, él tenía al cielo de su parte, mientras que nosotros no contamos con esa suerte.

Qué difícil ver la luz / si en tus manos se abren huecos

Estoy clavado a la cruz / pero de espaldas al cielo

Para la tripulante Kowalsky, tras su audición es imposible no acabar exhausto.

La combinación de ritmo y voz es impecable, consiguiendo una atmósfera tan dura como cargada de romanticismo. Porque, en definitiva, el texto va desgranando una serie de premisas de las que el oyente deberá extraer su propia conclusión. La tripulante Kowalsky lo vio claro: corre por ti misma o nadie lo hará por ti. “De espaldas al cielo” no transmite energía, sino que la produce como si fuera un generador de alta potencia.

No puedo mirarte” es el tercer tema del álbum, el único firmado por el guitarra Jesús Trasobares en solitario. Aborda de manera muy inteligente el tema del desamor (“tus ojos son el mar de mi derrota”), un tema clásico en el mundo de la canción popular. Se inicia con un bajo sincopado sobre el que un saxo va desplegando su sensualidad con una intensidad creciente, hasta que Sopeña introduce los primeros versos “Cuando sólo noche esconde tu mirada…”. A partir de ahí el tempo va creciendo mientras la letra va describiendo el estado de ánimo de quien se siente derrotado ante la incapacidad de resolver a su favor una relación de pareja. Una canción que crea un ambiente propicio para recogerse y lamerse las heridas. Y quizá la mejor grabada del disco.

Cuando no hay preguntas para las respuestas

Cuando un puño en la pared habla por los dos

La cuarta canción, “Resaca”, fue un clásico en la Zaragoza de la época. Fue de las más radiadas, apareció en varios recopilatorios, y se convirtió en algo así como la firma representativa del grupo. Con unas guitarras rítmicas constantes en su ida y vuelta, que en la versión del álbum son más recias que en la versión más acústica aparecida previamente en el recopilatorio “Sangre Española”. La tripulante Kowalsky quizá prefería la versión acústica. Pero lo mejor llega con la lírica. Con una estructura llena de simetrías, la letra es toda una lección de como combinar sensibilidad, dureza y erudición. Es una canción que no se puede escuchar sin salir más sabio, más consciente de los pliegues de la vida.

Ferrobós en la foto de la contraportada del recopilatorio Sangre Española (1987)

La canción nos habla de tres resacas vitales:

  • La ‘resaca de amor’ que uno experimenta cuando se da cuenta de que “no representa nada para ti / el boquete que se ha abierto en tu almohada”; es decir, el lamento herido y solitario de un amor finalizado a destiempo.
  • La ‘resaca de Dios’ que sobreviene cuando uno observa que vive en un lugar donde “cualquier guerra es una bendición / cualquier ataque es un regalo / y la paz es un sustantivo sin identidad” y sólo le queda intentar escapar, pero sin tener muy claro hacia dónde.
  • La ‘resaca de alcohol’ en la que cae uno cuando se da cuenta de que “lo que hay que encontrar / hace tiempo que dejó de importar”.

Es definitiva, una síntesis perfecta de los retos a los que se ha de enfrentar un humano cualquiera en su devenir por el planeta (y por el espacio exterior, como es el caso de la tripulante Kowalsky). Todo ello declamado sobre un ritmo hipnótico de raíces entre springsteenianas y dylanianas que le dan ese aire clásico. Si lo llevara, la tripulante Kowalsky no podría hacer otra cosa que quitarse el sombrero.

La quinta canción, que cerraba la primera cara del álbum, era una actualización de “¿Dónde estás ahora?”, un tema vitalista que, a partir de una guitarra acústica arpegiada, despega con una sección de viento que lanza todas las campanas al vuelo. Nada tan optimista como unos buenos metales, trompetas a trombones de todos los tamaños y bien dosificados, pero que contrastan con la enigmática letra del tema. Se trata de la letra más abstracta del álbum, a medio camino entre el surrealismo onírico daliniano y las imágenes expresionistas del cine alternativo de los setenta. Toda ella redactada en forma de una serie de preguntas para las que no se espera respuesta, puesto que se trata al oyente como si ya las supiera:

¿Dónde estás ahora que el ruido está vivo / Y el neón cae rendido a tus pies?

¿Quién modeló tu figura al trasluz / Y plantó guitarras en tu talle?

¿Quién con arena te dio de beber / Y te hizo guardián de la calle?

Sólo sugerencias para que el oyente las lleve a su terreno y las tenga que hacer suyas. Como un buen cocinero, Sopeña no parece nada partidario de masticar la comida que ofrece. Si nos han dado dientes es para morder.

En la época de los vinilos, cuando acababa la primera cara procedía darle la vuelta. Y la primera canción de la segunda cara era la que daba título al disco: “Círculo de fuego”. Está firmada por el tándem Sopeña / Trasobares. Aparentemente, se trata de una canción a la vez de reproche y de advertencia, aunque los motivos permanecen incógnitos. Con todo, transmite también una actitud optimista, dado que el narrador se permite la elegancia de darle una salida a la persona objeto de los reproches.

Si no quieres reventar con tu propio veneno  / debes romper de una vez el círculo de fuego

Se trata de una cuestión fundamental: me has decepcionado, no estoy nada de acuerdo contigo, quizá ni con tu forma de ser, incluso me has hecho daño, pero mereces seguir adelante y te procuro una salida digna. Esta actitud, de reconocimiento de la humanidad del otro, aunque se trate de un potencial enemigo, es lo que a la tripulante Kowalsky le sirvió para orientarse durante una temporada por este “valle de las sombras y de la muerte” (como decía Lennon) y salir indemne.

El tema está vestido musicalmente con unas guitarras limpias, poco saturadas, salpicadas de breves notas de saxo, que se podrían confundir lejanamente con algunas canciones de Nacha Pop. Parecería un tema nuevaolero si no fuera por la letra. No obstante, la tripulante Kowalsky prefiere una versión totalmente acústica que escuchó en un concierto de Ferrobós en la Sala “En Bruto” de Zaragoza en mayo de 1989. A causa de su frecuentación de ciertos bares zaragozanos de la época, consiguió hacerse con una copia de dicha grabación y ha decidido que también la subirá a bordo de la nave espacial. Será una grabación indispensable para un viaje hacia las estrellas.

Línea 30” es el siguiente tema. Una declaración de amor a la inversa. Un acto de reafirmación y autoestima que traslada la iniciativa a la persona amada. Un bombazo metafórico que da una idea de las posibilidades del grupo. Gruesas guitarras marcan la pauta a un ritmo complejo en el que bajo y batería hacen malabares, mientras una voz rotunda declama su valía ante el mundo, y, en particular, ante otra persona a la que aparentemente se quisiera cazar mediante unos versos implacables e inspirados :

“Hay una fina línea entre tus labios /  que sólo esconde el miedo de ser tú / Deja que tu piel trague fuego en vez de libertad”

“Y yo te digo que siempre hay una perla / en el fondo de cada deseo / Y que atraparla depende de lo cerca que duermas de mí”

Pero, como en la más clásica tradición del bolero o el corrido, el amante no piensa mover un dedo. Lo fía todo a su exhibición, tal es su valía que se trata de que sea la otra persona la que demuestre su amor, la que se movilice para materializarlo. De ahí que el estribillo repita incansable una idea muy simple: “Toma la línea 30 y ven”. La 30 era la línea de autobuses que conectaba el centro de la ciudad con el barrio de Casablanca, donde Sopeña vivía y el grupo ensayaba. Una actitud muy propia de la época de la “autosuficiencia” de los 80: Soy tan bueno que tendrás que venir a por mí. Era un país que se sacudía los complejos del pasado a marchas forzadas, lo cual a menudo requería aparentar una autoestima exacerbada. Pisando fuerte.

La siguiente canción era “Río Abajo”, un tema que alcanzó una cierta popularidad en la Zaragoza de entonces y que utiliza la metáfora del viaje (el descenso de un río) para dar cuenta de ciertas decisiones vitales. Sigue la fórmula de las dicotomías o relaciones entre contrarios, que sirven para desvelar falacias comúnmente aceptadas como ‘norte y sur’:

Decir ‘norte y sur’, es decir ‘bien y mal, blanco y negro, delante y detrás

A lo que el narrador muestra su desacuerdo proponiendo un criterio propio (retorna el sentido de autosuficiencia, o más bien de romper con el lastre de lo heredado, al estilo machadiano del ‘se hace camino al andar’):

El sol siempre sale por donde quiero mirar

Ferrobós tocando en el BV80, mítico bar zaragozano.

El tema estaba firmado por Sopeña / Trasobares, y formalmente tenía dos peculiaridades: por un lado, el instrumento más característico era un violín (tocado por Carlos Gonzalvo), lo que le daba un aire country (o incluso medieval!); y, por otro lado, estaba cantado a medias entre el propio Sopeña y Mauricio Aznar, entonces carismático cantante y compositor del grupo Más Birras. Se trata del único tema en que aparece un cantante solista externo (si bien hay varias personas que hacen coros en varias canciones, como Mariano Chueca, líder de Distrito14, o Josean López, técnico de los estudios de grabación Tsunami de San Sebastián). Se trata sin duda de un buen tema, con un ritmo y melodía bastante pegadizos, pero quizá una canción menor en el conjunto de este álbum, puesto que está lejos de la sensibilidad e intensidad de varias otras incluidas en el mismo.

A continuación viene “Me das un minuto”, una canción que a raíz de su aparición previa en el recopilatorio Sangre Española se hizo un hueco en la programación radiofónica especializada de la ciudad, por lo que se convirtió un poco en el estandarte del grupo. Es un tema de desarrollo largo (de hecho, tiene dos partes separadas y perfectamente distinguibles, con diferentes ritmos y estribillos, algo que también habían hecho en “De espaldas al cielo”), con un ritmo trepidante, basado en un riff de guitarra intenso y elocuente, que imprime la sensación de urgencia que desprende toda la canción.  “Me das un minuto” narra la historia de un desamor brusco y sobrevenido, donde el protagonista pide “un minuto para olvidarte” y para largarse bien lejos. Es la crónica de una huida desesperada, una canción de carretera con imágenes surreales que acrecientan la ansiedad de quien huye.

Escurro mis deseos sobre el acelerador / mientras la realidad come a dos carrillos / Quiero decirte ‘ven’ y te digo ‘vete’ / quiero saber qué estoy haciendo aquí / tragándome la fiebre de la madrugada / lanzando mis pupilas contra la nada

No sé dónde acaba esta lengua de asfalto / que lame mi visión hasta conseguir desconectar / mis sentidos de la luz y hacer me sólo una mitad

El huido quisiera que todo siguiera igual, pero sabe que no puede regresar, la huida es su única opción. Ha sido rechazado y su destino es seguir por la carretera hasta que salga el alba e incluso más allá. Difícilmente se podría decir mejor con otras palabras, difícilmente se podría expresar más con menos, tras este texto y música difícilmente Sopeña se podrá superar a sí mismo en el futuro (aunque a veces parezca que casi lo consiga).

El tema realmente romántico del álbum es “Sangre de la luna”. La balada. La lenta. Con un acompañamiento acústico casi minimalista, con gotas puntuales de un saxo que gime a la luz de la luna. Es una declaración de amor que, sobre todo, huye de los tópicos babosos al uso. El texto descansa parcialmente en el juego de conceptos complementarios (voz / eco; sangre / corazón), y en la sentida declamación de Sopeña resulta sobrecogedor. Intimista e irracional, se propone una relación donde “cualquier principio parecerá un fin”. O como reza el estribillo:

Tu voz es sangre de la luna,  y yo/ sólo seré un eco de tu corazón

El vinilo finalizaba con esta canción, pero en realidad no era la última del álbum ya que en la versión ‘cassette’ se incluía un tema extra (que también fue utilizado como cara B del single): “Pon fuego en mis manos”. Resulta difícil comprender cómo una canción de este calibre se pudo dejar fuera del disco. “Pon fuego en mis manos” lo tiene todo: una melodía excelente, una letra impresionante, una interpretación demoledora, sensibilidad y romanticismo hasta morir, brutalidad. Todo. A partir de unos arpegios de guitarra sobre los que caen como una tromba los golpes de batería, se despliega una inaudita declaración de amor:

Toda mi sed es una fuente en tu voz / Tu silencio es mi mordaza

Es sencillo, chica, es simple, esta guitarra habla claro:

Si te has sentido libre un solo instante, mi vida vale algo

Si te has sentido libre un solo instante, pon fuego en mis manos

La letra retoma las simetrías conceptuales entre términos opuestos y complementarios (sed / fuente; silencio / mordaza; sombra / luz; etc.), con imágenes y metáforas de la mejor tradición:

“Tu roce, casi a carne abierta, escarba precipicios en mi piel / y el último abismo me hace caer, clavando la espada en la pared”

“En la certeza de tu ternura sólo soy la sombra de una historia que fue luz”

No hay mejor manera de acabar.

La formación que grabó este disco llevaba junta desde 1982, pero justo después de su edición, en 1988, se separó. Una verdadera lástima.

Maqueta (1989)

En 1989 el grupo reapareció con una nueva formación en la que se mantenían Gabriel Sopeña y Jesús Trasobares, y se incluían tres nuevos miembros: Gavilán Hernández (batería), Raúl Martí (bajo) y Rafael Santos (percusión); a los que se añadía Manuel Enguita al saxo (quien ya era anteriormente el quinto miembro en la sombra, y que compaginaba su labor de saxofonista también con Más Birras). Esta nueva formación grabaría en 1989 una Maqueta de cuatro temas (“San Juan”, “Rosas en la carretera”, “Cisjordania” y “Dime”), que manteniendo un sonido contundente, unas melodías vitalistas y unos textos más que notables, abrían nuevos caminos hacia fronteras musicales más “étnicas” (como era el caso de los destellos latinos en “San Juan” o de los riffs arabizantes de “Cisjordania”).

Entrada del concierto de Ferrobós en la Sala En Bruto, 24 de mayo de 1989. Este concierto fue retransmitido posteriormente por Radio 3.

Aquella nueva formación dio algunos conciertos durante 1989, pero en pocos meses también se disolvió. Algunas de estas últimas canciones fueron recuperadas en el siguiente proyecto de Gabriel Sopeña, El Frente, donde continuaban Jesús Trasobares, Manuel Enguita y Gavilán Hernández, además de José A. Coronas como nuevo bajista.

El Frente grabó dos excelentes álbumes con la discográfica independiente donostiarra ES-3 Records, producidos por Iñaki Altolaguirre.  Estos álbumes, Otro lugar bajo el sol (1991) y Barcos (1992), contenían un puñado de canciones realmente impresionante, como las dos que dan título a ambos discos o como algunos temas inéditos recuperados de la época de Ferrobós (como “Tengo miedo”, “Tócala otra vez”, etc.). Estos discos no tienen desperdicio, pero eso ya es otra historia (quizá “la sombra de una historia que fue luz”). Aquí se podían escuchar algunas de estas canciones.

Por su parte, Gabriel Sopeña un par de años más tarde, a través de los contactos propiciados por el productor Iñaki Altolaguirre, empezaría a colaborar con Loquillo, una colaboración que será providencial para ambos y que, en cierto modo, dará forma a los últimos veinte años de carrera de Loquillo. La tripulante Kowalsky lamenta profundamente la desaparición de Ferrobós y de El Frente, pero reconoce son cadáveres bonitos que dejaron su huella grabada, por lo que en el fondo tenemos suerte de poder disfrutar de aquellos momentos de historia musical simplemente activando el “play” de cualquier artilugio musical. Pero eso también es otra historia, y la tripulante Kowalsky debe descansar para el viaje.