Pink Floyd – Wish You Were Here

pink_floyd___wish_you_were_here_by_soulnex-d5f4nbwLa tripulante Kowalsky pretende llevar consigo un disco de Pink Floyd. Tras intensas cavilaciones y discusiones con el resto de la tripulación, se ha decidido por Wish You Were Here (1975).

Pink Floyd fue un grupo peculiar, cuya temática y estética encaja perfectamente en el desarrollo de cualquier viaje interestelar que se precie. Su música está compuesta de texturas que combinan sonidos electrónicos y acústicos, sin renunciar al nervio rock (perfectamente representado por los míticos solos de guitarra de David Gilmour), así como de imágenes icónicas (proyecciones en directo mediante tecnologías elaboradas por el propio grupo, una iconografía característica en sus portadas, básicamente diseñadas por el colectivo Hypgnosis, cuyos miembros procedían del mismo sustrato contracultural que el grupo), elementos todos que que sugieren largos viajes (trips?) que abarcan desde la psicodelia y la percepción interior hasta la contemplación extasiada del firmamento. O de la otra cara de la luna! CCC57F7CC

La tripulante Kowalsky podía perfectamente escoger otros álbumes de la dilatada trayectoria del grupo.  Evitaría, quizá, sus primeros tiempos (etapa Syd Barret, e incluso Soucerful of secrets), aunque a veces todavía los escuche en su taller. Sin embargo, no tendría inconveniente en subir a bordo cualquier disco del grupo a partir de Atom Hearth Mother (1970). Con Meddle (1971) disfrutaría de lo lindo (“One of these days” o “Echoes” son de sus preferidas, e incluso “Seamus”, el sorprendente blues cantado por el perro, sin desmerecer de “Fearless”, con su coro de hooligans final). También algunos temas de The Dark Side of the Moon (1973) serían de su interés (aunque Kowalsky haya siempre pensado que es un álbum sobrevalorado), como “Time”, “Eclipse” o “Us and them”.

pink_floyd_pompeii_wallpaper_by_ineedfirePrecisamente “One of these days“, “Us and them” o, en particular, “Echoes” constituyen unos de los puntos de anclaje de estos episodios sonoros con el sustrato personal de Kowalsky. Su escucha le remite a aquellas tardes de domingo post-adolescentes cuando, en el reservado de un pub, se tragaba una y otra vez el video de “Live at Pompeii”,  con aquellas siluetas de músicos al trasluz entre las ruinas, la lava y las humaredas del volcán, las silenciosas y milenarias pinturas romanas, las estatuas del museo de Nápoles, con Gilmour sentado descalzo tocando la slide, el perro de “Seamus” emitiendo lamentos, el anfiteatro lleno de cables y las gradas vacías mientras la música sonaba frenética, con Roger Waters golpeando furioso el gong mientras el sol alcanzaba su zénit, con todas aquellas referencias astronómicas (telescopios, vistas de la luna) envueltas en texturas musicales medio humanas medio máquinas, sonidos irritantes, orgánicos…

PINK FLOYD - WISH YOU WERE HERE - PS01 frontLa tripulante Kowalsky interiorizaba todo aquello mientras intentaba dar algún sentido a su vida, cosa realmente difícil las tardes de domingo. La transición de cualquier humano hacia una vida autónoma y plena tiene un duro precio, requiere transitar por territorios desolados, preñados de momentos de zozobra y de incertidumbres ancestrales. Un mar de incógnitas que inevitablemente han propiciado la invención de la música (y, probablemente… de la religión) como mecanismo evolutivo extremadamente útil para sobrevivir en este mundo. Para los humanos, el tránsito hacia la vida adulta es una batalla a vida o muerte de la que no es posible salir indemne. Las cicatrices de esa lucha conformarán la personalidad del individuo en lo que le reste de vida. Y la música es un buen punto de apoyo para dicho viaje. Tanto como para el viaje a las estrellas que preparan nuestras protagonistas.

Pink Floyd Wallpaper 124Por ello, la supervivencia requiere de lugares a donde ir a lamerse las heridas con tranquilidad. El primero suele ser el útero materno, más tarde la casa de la infancia. Pero, cuando salen a dar la batalla por su cuenta, los humanos necesitan encontrar refugios seguros, puertos a cubierto de los temporales donde descansar y reordenar pensamientos, recuperar fuerzas y purgar emociones. La trastienda del Pub Aravy era uno de esos lugares. Un lugar de oscuridad casi absoluta, con varias filas de asientos de lona encarados hacia una pantalla donde sólo se proyectaba música (cuando aún no había llegado la MTV). Allí Kowalsky se empapó de proyecciones de conciertos y videos como (recuerda) los sudorosos de la Creedence Clearwater Revival, o el insistente Rock & Ríos en su apogeo. Lo dicho, un lugar de refugio, siempre en domingo por la tarde (las horas más hostiles jamás inventadas).  Allí los miembros de Pink Floyd deambulaban entre las ruinas de Pompeya. Y Kowalsky entre las ruinas de su post-adolescencia, intentando dar un salto más allá, crecer y ponerse a salvo.

Pink Floyd llegaron así hasta Kowalsky. Por la vista antes que por el oído. O al menos a la vez. Y en este impacto visual jugaron un importante papel las portadas de los discos. Aquella portada de Wish You Were Here, con dos hombres de negocios bien plantados dándose la mano en una medio de la calle de un polígono industrial… era chocante. Enigmática. Chocaba tanto con el imaginario rock como con el de la psicodelia, del hipismo, y de todo tipo de corrientes contraculturales que hacían furor entre los entendidos de la época. Chocaba sólo hasta cierto punto, porque una de las cosas sorprendentes era que… ¡uno de los dos hombres estaba envuelto en llamas!, mientras el otro no dejaba de darle la mano. De algún modo, la natural desconfianza que la tripulante Kowalsky sentía hacia los trajes y las corbatas, se veía reafirmada a partir de aquella icónica imagen. Es más, cada vez que a lo largo de su itinerario biográfico tuvo que dar la mano a alguien disfrazado con dicha vestimenta, nunca pudo evitar mirar disimuladamente si surgían llamas por encima del hombro de su interlocutor.

El interés de la tripulante Kowalsky por Pink Floyd, además de por su vertiente musical, se fundamentaba también en el planteamiento ideológico. Sus letras y actitudes pretendían una crítica social permanente de la alienación de los individuos en aquella perversa sociedad capitalista industrial donde le había tocado vivir, una crítica hacia la incomunicación, la desorientación, la manipulación y opresión, etc., que sufrían los humanos de la segunda mitad del siglo XX.

Wish You Were Here es un disco conceptual alrededor de la idea de ‘ausencia’, del extrañamiento de las personas queridas, un lamento por los humanos concebidos como simples piezas de la máquina, al servicio del mercado, de la empresa, del estado. De músicos enajenados por una industria musical que les promete riquezas a cambio de exprimirles al máximo, de anularles como creadores (‘Welcome to the machine, ‘Have a cigar). En este disco Pink Floyd homenajean a su antiguo líder caído, Syd Barret, a quien al parecer va dirigido el lema principal (“ojalá estuvieras aquí”) y dos de los temas (el homónimo ‘Wish you were here’ y ‘Shine on you crazy diamond’). Seis años antes, la disfunción psicosocial extrema en la que se encontraba Barret amenazaba con llevar el grupo a la descomposición, así que simplemente le abandonaron. Ello les conllevó acusaciones de traición por parte de sus fans, aunque quienes más tenían que perder eran ellos, pues Barret había sido el principal compositor, cantante y guitarrista, por lo que tras su ausencia nadie daba un duro por ellos.

Sin embargo, a juicio de la tripulante Kowalsky, su reconversión fue providencial, pues desarrollaron un proyecto musical mucho más estimulante (al mismo tiempo que intentaban ayudar a Barret en su carrera en solitario!) que les convirtió inopinadamente en unos de los grandes triunfadores del rock de los 70. Con una música cada vez más compleja, con temas de largos desarrollos con partes melódicas fácilmente asimilables combinadas con pasajes ruidosos, desconcertantes, incómodos, que requerían de una intensa complicidad del oyente. ‘Shine on you crazy diamond’ sería un buen ejemplo (en conjunto duraba unos 26 minutos, con nueve partes y dividido en dos mitades para abrir y cerrar el álbum).

pinkfloyd-diver-1Poco a poco, su música se fue convirtiendo en un reto para su propio público, pero sorprendentemente fueron ganando adeptos hasta devenir un grupo de masas. Probablemente, su vertiente visual tuvo mucho que ver en este éxito, pues sus conciertos fueron adoptando una forma cada vez más teatral, a modo de un espectáculo de ópera moderna y llenos de cachivaches tecnológicos (rayos laser, hinchables voladores, aviones de guerra sobrevolando el escenario, etc.), constituyendo aquel tipo de eventos que nadie ‘en la onda’ debía perderse (el gran circo del rock’n’roll). Eso fue su perdición, pues a medida que ahondaban en temáticas sonoras y filosóficas más complejas, sus conciertos se volvían más y más masivos, y con dicho planteamiento y convertidos en un grupo de estadios, el divorcio con la actitud de su público no tardaría en llegar. La tensión explotó en la gira de presentación del álbum Animals (1977), cuando Waters se enfrentó directamente y con violencia a un grupo de espectadores que actuaban descontrolados de acuerdo con el rol de “público disfrutando en un concierto”. El desenlace fue traumático para el equilibrio de una banda que empezaba a ir a la deriva.

Además coincidió en el tiempo con la eclosión punk, cuando se convirtieron en uno de los símbolos a derribar por la nueva generación emergente (Johnny Rotten daba conciertos con una camiseta donde se leía ‘odio a Pink Floyd’), urgentemente necesitados de nuevas vías y modos de expresión. Una nueva escena musical y estética desplazaba a la anterior, tal como los mismos Pink Floyd habían hecho con sus antecesores. Ahora Pink Floyd pasa a ser exponente de lo antiguo. Lo curioso del caso es que fue justo entonces, acosados por la crítica, el público y sus propias tensiones internas, cuando Pink Floyd dieron la campanada con The Wall (1979), donde vertieron toda su angustiada reflexión sobre la incomunicación que sentían. Había un muro entre ellos y su público. Pero este muro tenía unos orígenes sociales y políticos que iban mucho más allá de su micro-mundo. Necesitaron un doble álbum temático para explicarlo, entre los que destacaba un tema que les llevó al número uno de las listas comerciales (‘Another brick in the wall). images2Lo nunca visto, Pink Floyd triunfaban con un single (ellos que diez años atrás ya habían renunciado a editar singles), en plena era punk, con un texto demoledor y… ¡a ritmo de música disco! Parecía un acto de justicia poética: unos hippies vilipendiados forrándose justo cuando el entorno se les había vuelto más hostil. Doblemente poética porque su previsible arrogancia ante esta pirueta del destino se vio contrarrestada por el descalabro que les ocasionó la gira de presentación de The Wall, con un diseño y montaje tan faraónico que perdieron todo el dinero ganado con el disco. Vuelta a la casilla de salida.

Pero su historia ya estaba contada. Grabaron un nuevo disco (The Final Cut), hecho a partir de retales sobrantes de The Wall, que ni siquiera presentaron en directo y poco después se disolvieron. Unos años más tarde aún volverían sin Roger Waters para grabar en 1987 y 1994 sendos álbumes que, especialmente el último, aún tenía el rescoldo de las brasas de antaño. Una muerte digna, un cadaver que el tiempo ha situado en su sitio como una experiencia de lo más interesante. Son un producto de otra época que no volverá. En la era del iPod y del MP3, los discos conceptuales, los temas de largo desarrollo, las texturas musicales de Pink Floyd no tienen fácil cabida.

Wish You Were Here sólo contiene 4 temas, con unos textos logrados y un sonido impecable. Y se trata del último álbum compuesto con la intervención de todos los miembros del grupo (a partir de ahí Roger Waters tomaría el mando sin contemplaciones y ya nada sería igual). Además, este disco contiene uno de los más sentidos lamentos por la ausencia de un amigo jamás compuestos en la historia de la música popular. Indispensable para cuando se abandona el planeta Tierra rumbo a las estrellas. La tripulante Kowalsky lo tiene claro.

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Fabrizio De Andrè: Rimini

La tripulante ALFA se decanta por un álbum de Fabrizio De Andrè, cantautor italiano de largo recorrido y poderosa influencia musical y social. Un personaje singular que empieza a editar sus primeros temas a principios de los años 60 (tiene incluso un single de 1958!), cuando ejerce de transmisor del legado gamberro e iconoclasta de Brassens y de la tradición goliárdica francesa e italiana. Un tipo que durante varios años se dedica a compaginar trabajo y estudios, y a experimentar la intensa vida nocturna y portuaria genovesa, hasta que en 1966 la cantante Mina triunfa con una versión de un tema suyo (La canzone de Marinella), cosa que le da acceso a los medios y le permite dedicarse plenamente a la música.

Fabrizio De Andrè graba entonces ‘Volume I (1967), un puñado de canciones más que notables que le proporcionan un éxito creciente (e incluso algunos problemas con la justicia a causa de un vocabulario ciertamente descarnado para la época) y, a partir de 1968 inicia una serie de álbumes conceptuales: Tutti Morimo a Stento (1968) (sobre el papel de la droga y la marginación en una sociedad hipócrita); La Buona Novella (1970) (una interpretación del Jesús cristiano cuestionando su pretendido carácter divino y mostrándolo como un hombre arrastrado por las circunstancias sociales, basada en los evangelios apócrifos, cuya difusión fue prohibida por el Vaticano); Non al Denaro, non all’Amore ne’ al Cielo (1971) (una adaptación musical de poemas de la ‘Antología de Spoon River’ escrita en 1914 por el norteamericano Edgar Lee Masters, un libro sobre la vida de una comunidad a partir de las lápidas del cementerio); Storia di un Impiegato (1973) (sobre el devenir de los protagonistas del mayo francés del 68 y sus ideales políticos deglutidos por el sistema).

Fabrizio De Andrè graba también algunas recopilaciones en las que mezcla sus antiguos temas de la primera época con otros nuevos y nuevas versiones de Brassens, Dylan o Cohen, como Volume III (1968), Canzioni (1974), o Volume VIII (1975) este último compuesto a medias con un Francesco De Gregori entonces emergente. Hasta aquí se trata de una obra inmensa, de gran calidad musical y literaria, pero todavía ceñida a los cánones musicales de los cantautores de la época, con algunos aditamentos tradicionales (ritmos de tarantela, polkas, etc.).

Pero en 1978 Fabrizio De Andrè da un nuevo giro a su carrera y, junto con un joven rockero veronés llamado Massimo Bubola, graba un álbum con guitarras y ritmos de aires rock. El disco se llama Rimini, y es el escogido por la tripulante ALFA para su viaje interestelar (a pesar de que suele ser uno de los menos valorados por los seguidores acérrimos de De Andrè). Sin embargo, este disco constituye la asunción de la tradición rock y blues entendida como una música étnica más, que pasa a impregnar las canciones de nuestro cantautor. No en vano, Rimini es una especie de álbum temático, que gira alrededor de las identidades colectivas perdedoras o sometidas por el orden social imperante (sardos, indios americanos, homosexuales, etc.).

El álbum tiene 9 temas, dos de ellos instrumentales. Se abre con Rimini, una canción delicada y cruel sobre una chica de la pequeña burgesía de provincias que se queda embarazada y a quien su entorno social obliga a abortar. Ella posteriormente se arrepiente y, con el feto en brazos,observa la indiferencia del mundo que tiene a su alrededor, en las playas de Rimini, ciudad costera de turismo de masas. Para intentar dar un sentido a su situación decide inventarse una historia de aventuras en la que ella es la protagonista viajando por el mundo (y por el tiempo), en donde su (desaparecido) novio ha sido asesinado por la Inquisición, o quizá murió en Cuba durante la revolución, o en el puerto de Nueva York durante la caza de brujas, quién sabe. Entre otras cosas, imagina también un encuentro con Cristóbal Colón, a quien reprende por haber regalado un mundo a un “triste rey católico” que éste descuartizó con la cruz, en referencia a los estragos de la evangelización en América.

Sigue con Volta la Carta, musicado con aire de tarantela y un texto en forma de rima encadenada que es capaz de contar todo un mundo fantástico, a veces crudo, pero que se presenta con ligereza y naturalidad. Es la historia de una chica que se enamora de un piloto americano y que al final consigue casarse con él, pero en el trayecto van apareciendo numerosas referencias a canciones populares italianas, películas de la época, etc., en una sucesión de imágenes de lo más sugerente. Unas imágenes que la tripulante ALFA no puede dejar de asociar a las aventuras del Corto Maltés, con adivinas gitanas, puertos, gatos, aviones, amuletos, juegos infantiles, soldados en retirada, bailes con gramófono, etc.

La tercera pieza es Coda di Lupo, para la tripulante ALFA lo mejor del disco. Se trata del tema que la capturó e introdujo en el universo de Fabrizio De Andrè, por las imágenes tan potentes que transmite, pero, sobre todo, a causa de los enormes riffs de guitarra que las subrayan. Una guitarra a la que el enigmático Marco Zoccheddu le arranca los lamentos más profundos. El tema trata la conversión crítica de los indios de las praderas en indios urbanos, metáfora parcial de las revueltas de los años 70 (especialmente duras en Italia), comienza con las memorias de un joven indio desde su infancia (“cuando era pequeño me enamoraba de todo y corría tras los perros“), sigue con su juventud (“y quizá tenía dieciocho años y ya no apestaba a serpiente“), donde relata la destrucción de su entorno familiar (“descubrimos a mi abuelo crucificado en la iglesia“), hasta su inserción forzada en el mundo de los blancos, para lo cual tiene que robar un traje a alguien que sale de la ópera de Milán, pero luego no es aceptado por la burguesía local (en Brianza), y que  observa en la universidad cómo los líderes sindicales son abucheados por los estudiantes a causa de su excesiva moderación. Cada estrofa acaba con un estribillo mediante el que remarca su desconfianza respecto al Dios de los blancos (“y nunca ceeré en un Dios sin alma“).

Le sigue Andrea, una canción contra la guerra y a la vez de denuncia de los obstáculos que nuestra sociedad pone a las relaciones homosexuales. Cuenta la historia de dos soldados amantes, ambos muertos, uno en la batalla en los montes de Trento (en la 1a GM), el otro tirándose a un pozo cuando supo de la muerte del primero. Andrea es el que está a punto de saltar al pozo, primero ha tirado un mechón de cabellos de su amado y, mientras lo sigue con la vista, imagina que el pozo le habla y le dice “Señor, el pozo es profundo, más hondo que el fondo de los ojos de la noche del llanto“, a lo que Andrea responde lacónicamente que “me basta con que sea más profundo que yo“.

La segunda cara se inicia con Avventura a Durango, una versión del tema homónimo de Bob Dylan. Se trata de la historia de una pareja que huye camino de Durango (México) después de que el hombre haya cometido un asesinato (quizá por accidente), y durante la huída aquél intenta consolar a la desesperada mujer. En una ciudad del camino asisten a una corrida de toros y se casan, pero otra vez en ruta su fuga se ve interrumpida cuando el hombre es alcanzado por un disparo por la espalda. La letra no dice si consiguen escapar o no a sus perseguidores, dejando astutamente una tensión no resuelta. Fabrizio De Andrè y Massimo Bubola traducen el texto al italiano de manera bastante literal, ralentizan un tanto el ritmo y cantan en napolitano el estribillo que Dylan recitaba en castellano, para mantener una nota exótica. Se dice que Dylan incluso les envió una nota de admiración y agradecimiento por cómo había quedado el tema.

Otro tema celebrado es Sally, una historia sobre una niña (o niño) que, desafiando a su madre, se interna en el bosque (“Mi madre me dijo… no debes jugar con los zíngaros en el bosque“), una fábula moral sobre por qué los jóvenes deben atreverse a atravesar el bosque, a experimentar los peligros que irán encontrando por el camino, aunque no siempre acaben bien. Las estrofas iniciales provienen de una canción infantil inglesa, a la que De André y Bubbola añadieron numerosas referencias literarias (personajes de Cien años de soledad, del surrealismo de Jodorowsky, etc.), todo muy bien envuelto en una música cautivadora, agridulce e irresistible, de esas que a uno le persiguen cuando anda distraido.

Zirichiltaggia es un tema folk-rock, que podría ser firmado por The Pogues, y que tiene la particularidad de estar cantado en idioma sardo gallurés. Se trata de un tema popular reelaborado por De Andrè, que cuenta la historia de dos hermanos que se riñen por cuestiones de herencias, donde uno le recrimina al otro el haberse ido a gastar la fortuna familiar a la ciudad, y el otro al primero por haber dejado arruinar las tierras, en un crescendo en el que se van acusando mútuamente de cada vez más cosas hasta llegar al insulto (“pon tu cara en mi culo“).

El último tema cantado es Parlando del naufragio della London Valour, con una música rock, casi heavy, y una letra hermética, una sucesión de imágenes que de manera fragmentaria van relatando el naufragio de un barco (el London Valour) hundido por un temporal en la bahía de Genova (en 1970). El texto es susurrado con voz grave por De Andrè entre los recurrentes vacios dejados por la guitarra atronadora, y describe la situación en la nave combinada con una visión crítica del público que observa el hundimiento desde la orilla.

Los dos temas restantes son instrumentales. La tripulante ALFA se enamoró de este álbum durante su estancia en Italia en 1993, fue su puerta de entrada a la música italiana, y desde entonces no ha podido dejar de escucharla. Es lamentable que los sistemas mediáticos terráqueos estén tan compartimentalizados que no sea posible acceder a este tipo de música desde fuera del propio país. Una verdadera lástima, que sólo una parte de música anglosajona pueda circular a través de las fronteras estatales. Confiamos que en el ígnoto punto de destino de este viaje interestelar no repitamos los mismos errores.

Fabrizio De Andrè editó varios álbumes más después de Rimini. Durante los años 1979 y 1980 creó un espectáculo rock con la progresiva Premiata Forneria Marconi como grupo de acompañamiento, que dio lugar a dos discos en directo (muy recomendables). En 1980 fue raptado por un grupo de mafiosos sardos y estuvo varios meses secuestrado, junto a su mujer, Dori Ghezzi, en una gruta de las montañas sardas. En 1981 editó un disco sin nombre (conocido como l’Indiano, por el indio a caballo que ilustra su portada) en el que hay varias referencias al episodio del secuestro, y donde profundiza en la utilización de esquemas blues y rock. En 1984 vuelve a dar un giro radical a su carrera y publica “Creuza de Mä“, un disco cantado íntegramente en dialecto genovés con una música tradicional arabizante, con instrumentos y cadencias de todas las orillas mediterráneas, que constituye una de las primeras expresiones de música étnica en la industria musical occidental. En 1990 publica Le Nuvole, un disco ecléctico donde se mezclan muchos de los estilos anteriores y cargado de crítica social y política, y donde De Andrè canta, además de en italiano, en genovés y en napolitano. Finalmente, en 1996 edita su último disco de estudio, Anime Salve, un impresionante fresco que constituye todo un reto musical y en cuanto a textos, que fue considerado por crítica y público el mejor álbum del año en Italia.

CD-Libro editado postumamente por la revista anarquista italiana “A”

Fabrizio De Andrè murió el 11 de enero de 1999. A su funeral acudió una ingente massa de gente de todos los colores, desde una representación muy nutrida de anarquistas italianos hasta  representantes de la burguesía genovesa a la que su familia pertenecía. Su muerte fue llorada largamente como una pérdida fundamental en toda Italia. Desde entonces varias bandas italianas recorren el territorio tocando exclusivamente temas de Fabrizio De Andrè. Cada 11 de enero una multitud proveniente de mil y un rincones de la península italiana se congrega en la plaza del Duomo de Milán para tocar durante toda la noche versiones de sus canciones legendarias.

Algunas webs de interés sobre la obra y el artista:

http://www.viadelcampo.com/

http://www.faberdeandre.com/

http://www.fondazionedeandre.it/