Acerca de la tripulación

Siglo XXI dC, en un lugar remoto de la Vía Láctea.

Un cúmulo de convulsiones políticas y medioambientales han llevado al planeta Tierra a una situación prácticamente insostenible. Las fuentes más fiables estiman que el mundo tal y como lo conocemos tiene los días contados, un gran cataclismo se espera, según cálculos expertos, en un plazo de entre 20 y 200 días como máximo.

Los conflictos entre humanos por el control de los recursos se han incrementado exponencialmente durante el último mes. Los noticiarios televisivos muestran cómo las luchas por la energía han enfrentado a las grandes corporaciones económicas transnacionales, al tiempo que las pequeñas oligarquías locales han pasado a ejercer su poder con mano de hierro en sus respectivos ámbitos territoriales, en un intento desesperado de expresar su rabia por el previsible fin de su poder en la Tierra.

Los robots han empezado a tomar posiciones con la esperanza de que un mundo post-humano les sea propicio para romper con su esclavitud. Los expertos discrepan sobre si los robots sólo buscan su liberación o si además quieren implantar un régimen de terror contra sus creadores.

En este contexto, unas pocas personas han decidido emprender un viaje hacia el único sitio al que todavía se puede huir: el espacio interestelar.

Tras árduos meses de trabajo, los preparativos están casi finalizados: La nave “Estrella Lejana” está bien engrasada, sus tanques de combustible repletos, la bodega de carga llena de alimentos liofilizados y de barriles de agua destilada.

La tripulación la componen tres mujeres. Dos hombres iban a acompañarles pero finalmente decidieron quedarse, pues con sólo tres tripulantes la nave tiene mayores probabilidades de tener éxito en el despegue. En lugar de los dos hombres, una probeta de semen congelado les acompañará para futuras reproducciones humanas en el hipotético nuevo hogar.

Tan sólo les falta una cosa: La MÚSICA.

Fragmento de “La Estrella Lejana”, de Daniel Torres, pág. 45. (Editado por Norma Editorial en 1987, dentro de la colección “Las aventuras siderales de Roco Vargas”).

Un viaje de este tipo no se puede llevar a cabo sin MÚSICA. Está claro.

Sólo la MÚSICA puede ayudarles a resistir el largo e inclemente viaje que tienen por delante.

Sólo la MÚSICA les ayudará a dar sentido a su existencia, a forjarse una identidad útil para sobrevivir en un Universo a la vez amable y hostil.

Sólo la MÚSICA les ayudará a mantener el necesario equilibrio mental para situarse en un lugar equidistante entre el pasado añorado, el presente caótico y el futuro incierto.

Pero… ¿qué MÚSICA?

Aquí se presenta la selección musical que las tres personas de la tripulación han decidido escoger, aportando argumentos sobre su mayor o menor conveniencia para un viaje de este tipo. Confían que esta selección pueda ser útil a otros humanos que en algún momento decidan romper amarras con la Tierra. O incluso para quedarse en la Tierra!

Ante la deserción del resto, @esplugatrenc hace las veces de cronista.

¡Saludos humanos!

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