Amaral – Nocturnal

nocturnal2La tripulante Kowalsky no podía imaginar que Amaral entraría en su lista de discos preferidos para el tour galáctico. Amaral era un grupo al que siempre había observado a distancia, un grupo correcto pero que no formaba parte de aquellos que le tocaban la fibra. Pero ahora aquí está.

Amaral ha sido un grupo capaz de componer buenas canciones, de formas clásicas y deudoras del mejor pop luminoso y (suavemente) guitarrero, con producciones sofisticadas y procesos de filtrado y limado que aseguraban una amable digestión por parte de esa gran porción de la humanidad que casi nunca ha comprado un disco. Hay que reconocer que tiene su mérito. Es un grupo que partiendo de una posición más bien marginal supo llegar al público masivo sin perder del todo el aroma y la actitud rock. Una auténtica rareza entre los de su estatus.

Tanto sus músicas como sus letras han solido apelar a un suave inconformismo ante nuestra realidad cotidiana, una realidad siempre más gris de lo prometido, y tienden a reivindicar una difusa revuelta adolescente como vía de escape ante las contrariedades. Son textos y rimas que describen situaciones de incomprensión y desencuentro que, mal que bien, todo ser humano ha experimentado en algún momento de su vida. Por ello, desde hace más de una década larga, Amaral han sido el grupo por excelencia de ese sector de edad que se encuentra en proceso de metamorfosis entre la infancia y la juventud, a la búsqueda de referentes con los que definir sus límites personales y reequilibrar su estado emocional. Amaral proporciona pequeñas dosis de energía positiva para enfrentarse a dichas situaciones de humillación adolescente ante el mundo hostil conformado por los adultos (y por los otros adolescentes). En este sentido, Amaral tienen auténticos himnos populares, entusiastas y dolorosos, expresivos e introspectivos, capaces de canalizar estos flujos de emociones entre las generaciones más jóvenes que ellos.

imagen6La tripulante Kowalsky ya conocía varios de sus CD’s, con una cierta predilección por ‘Estrella de mar’, el disco que les dio a conocer al gran público; aunque por el resto de su discografía hay también pequeñas joyas que resplandecen entre el resto del material, siempre digno aunque sea de relleno. Pero Kowalsky encontraba un cierto exceso de materiales flotantes como revestimiento de sus canciones, materiales demasiado ligeros, que le impedían zambullirse con ellas en las profundas aguas de la emoción, el pensamiento y la experiencia. Es decir, le atraían más por estética que por ética. Lo cual, dados los tiempos que corren, tampoco es moco de pavo.

Pero al escuchar ‘Nocturnal’ la tripulante Kowalsky entendió que esta vez Amaral habían llegado hasta el final. Bien adentro, hasta el tuétano del espíritu y de la materia. Hasta ese núcleo de protones y neutrones sobre el que gira nuestro campo electromagnético. De pronto, Amaral han conseguido que tono y contenido se acoplen en la misma longitud de onda. Bien honda. Una evolución sustancial que dota a sus canciones de las energías y mensajes indispensables para posicionarse y no perder pie ante un mundo que gira cada vez más deprisa. No se trata necesariamente de temas más rápidos o fuertes, sino más bien de unos ritmos hipnóticos, quizá algo más reposados que en anteriores entregas, con los que afianzarse para tomar impulso y despegar hacia las estrellas. Por ello Kowalsky tiene claro que este álbum le acompañará en su viaje interestelar, durante sus inminentes noches con luna, sin luna o con varias lunas a la vez a lo largo de la circunvalación de los planetas exteriores y por los bancos de niebla de la galaxia.

Nocturnal, editado en 2015, es el séptimo álbum de Amaral. El segundo editado en su propia discográfica ‘Antártida’ (por cierto, que un grupo de su peso e influencia haya apostado por la autogestión indica el nivel de indigencia en la que debe encontrarse la industria discográfica clásica, incapaz de adaptarse a los tiempos).

¿Qué es lo que le gusta a la tripulante Kowalsky de ‘Nocturnal’?

Muchas cosas. El nervio rabioso de ‘Llévame muy lejos’ y de ‘Cazador’, sendas explosiones de energía sónica para describir un entorno salvaje y/o con la civilización en retirada. La sensibilidad y el equilibrio precario de ‘Unas veces se gana y otras se pierde’, de ‘Chatarra’ y de ‘La niebla’, repletos de fraseados sublimes, desapasionados pero rebozados con tonalidades hipnóticas. La contenida desesperación de ‘Nadie nos recordará’ y de ‘El tiempo equivocado’, enormes lamentos que ensordecen sin necesidad de gritar. La desnudez moral de ‘Nocturnal’ y de ‘Laberintos’, capaces de iluminar los más profundos rescoldos del alma después de su combustión.

amaral-nocturnal-tourEl álbum al completo está compuesto de textos de gran dignidad, que transmiten perfectamente la idea de haber tocado fondo, individualmente y socialmente, como personas y como colectivo. Esta vez Amaral se lamentan de un país hostil, de una sociedad resquebrajada, de unos personajes exhaustos que lo han dado todo y que ya sólo esperan poder escapar. Unos lamentos que, a su vez, se presentan como el punto de partida necesario para poder construir una nueva realidad. Porque, de alguna manera, intuyen que en algún lugar (utopía) puede haber humanos capaces de ser mejores personas y de construir un mundo mejor. Se trata de una cuestión de confianza. De hecho, el núcleo de la reflexión quizá sea la renovada confianza en el ser humano. Somos unos animales en fase de autodestrucción, pero podríamos ser de otro modo, si quisiéramos nos podríamos organizar de otra manera menos hostil. Mientras tanto no nos queda otra que asumir nuestro turbio destino sin pestañear, pues sabemos que para llegar al mundo utópico insinuado hay que atravesar intrincados laberintos, caer una y otra vez, traicionar y ser traicionados, amar sin esperanza de ser correspondidos, huir una y otra vez hasta caer en el olvido. Todo ello con la creciente sospecha de que el lugar utópico anhelado no está tan lejos de nosotros, puede que incluso ya estemos allí.

A la tripulante Kowalsky le encanta degustar algunos versos como los de ‘Llévame muy lejos’:

Quiero dormir para despertar en un universo paralelo, un refugio en otra dimensión /  Llévame muy lejos, por favor / Llévame muy lejos de este país sin corazón.

O ‘Unas veces se gana y otras se pierde’:

¿Para qué perder el tiempo en convencerte? / Unas veces se gana, y otras se pierde…

O ‘500 vidas’:

Quiero vivir 500 vidas, quiero una distinta cada día / Unas donde sea la heroína, otras donde esté entre bambalinas.

O ‘Cazador’:

Ahí va el gran cazador, insensible a mi dolor / Dame al fin el tiro de gracia, apunta al blanco y dispara.

O ‘Nadie nos  recordará’:

Desde entonces ya no creo en nada que nos seas tú,  nuestra frágil condición humana, nuestra inquietud ¿Qué será lo que llamamos alma? Sé que nadie nos recordará.

O ‘La niebla’:

No sé si me buscaran o me dan por muerta. Ojalá pudieras alumbrarme entre la niebla / … la niebla … pasará.

O ‘Laberintos’:

¿Dónde ruge el animal que mantiene vivo lo que un día fuimos? ¿Dónde está el amor real? En los laberintos de nuestra imaginación

O ‘Chatarra’:

A qué has venido si no aquí no hay nada, sólo el vacío y la chatarra. Dime por qué las calles están desiertas no veo a nadie,  dime por qué las piernas no me sujetan si tú lo sabes.

O ‘El tiempo equivocado’:

Hemos crecido con los puños apretados / somos los dueños de un país imaginario / yo estoy dormida con los párpados sellados / tu estas colgado como un Cristo boca abajo.

En  cuanto a la música, se observa que abundan los tiempos medios, con elaboradas líneas melódicas y pocas estridencias. A diferencia de sus obras anteriores, Nocturnal requiere de varias escuchas para poder gozar de su poderío, pero una vez dentro atrapa con mucha más fuerza. Hay detalles reveladores como la segunda parte de la canción que abre el álbum, ‘Llévame muy lejos’, con una larga coda semiacústica al estilo de los mejores clásicos del rock. O como el segundo tema, una pieza instrumental que sirve de introducción a ‘Unas veces se gana y otras se pierde’, todo un lujo que parecía perdido en el panorama pop contemporáneo. Detalles que contribuyen a dar una sensación de ‘album’, en el que cada tema está connotado por los que le acompañan, lo cual se agradece en una época de fragmentación en la que el consumo musical tiende a las piezas sueltas y descontextualizadas (y, por tanto, sin sentido).

Fuente: http://www.amaralstation.es (LuzJiménez)

Fuente: http://www.amaralstation.es (LuzJiménez)

En definitiva, una estupenda colección de canciones de carácter expresionista vestidas con las mejores melodías y una gran interpretación vocal, mucho más contenida que en anteriores entregas del grupo, pero quizá más efectiva. Una descripción de estados de ánimo que se corresponden en gran medida con los de la tripulante Kowalsky mientras prepara su huida interestelar.

Nada mejor para orientarse durante el viaje, mientras tararea los versos de ‘Nocturnal’:

“Primera norma nocturnal: no me mires así / Nada te puedo dar, no hay nada bueno en mí (…) / Un impulso irracional, de destruirlo todo. Hundirte y descender, como el Octubre rojo / Y volverte a levantar, cuando has tocado fondo, de una mala racha / Misteriosas e infinitas, son las leyes del azar / Si pudieras elegir, ¿cuál de ellas romperías?”

O los versos de ‘La ciudad maldita’:

Te vi caer de bruces para increpar al cielo / que estaba sordo y ciego como estatua de sal / y mientras te llevaban amaneció en silencio / alguien maldijo la tierra y la simiente cayó (…) / Fueron pasando los años en la ciudad maldita / y se plantaron flores allí donde ocurrió / pero en esos jardines no crecerá la hierba / hasta que se haga justicia y tu descanses en paz.

O los versos de la impresionante ‘Noche de cuchillos’:

Yo quiero ir contigo / Donde el alma de la gente no se apague con el tiempo / Y no exista moraleja al final de cada cuento / Y haya cosas importantes por encima del dinero / Donde yo no sea raro solo porque soy distinto a ti.

 

Los Burros – Rebuznos de amor

_MG_8242La tripulante ALFA ha rebuscado en sus archivos hasta dar con él. Le ha costado lo suyo, pues es una pieza que escuchó una y otra vez durante mucho tiempo, y que en algún momento archivó en el cajón de las cosas importantes del pasado. Se trata de un álbum poco común, que en su momento apenas se vendió, que sus autores distribuyeron manualmente por tiendas de barrio y por emisoras de radio, pero que pasó como un vendaval allá por donde fue escuchado.

La tripulante ALFA tuvo la suerte de que su menú radiofónico semanal incluía un programa de un tal “Javier” (nunca supo su nombre completo ni real), un pausado locutor de Radio Huesca que se esforzaba por emitir las cosas más excitantes del momento. Una ventana abierta a la ebullición de grupos subterráneos, al rock más visceral, al pop más melódico, al punk más combativo o al tecno más lúcido, todo ello sin dejar de lado a los clásicos. Era uno de aquellos programas capaces de marcar criterio en tiempos revueltos. Un lujo ecléctico e inesperado, tan necesario que debería estar subvencionado por el Ministerio de Sanidad, por lo que se ganaría en Salud Pública (aunque lo más probable es que el tal “Javier” ni tan siquiera tuviera contrato laboral, pero su labor fue providencial y hay que reconocerlo).

La-movida-rockera-de-Huesca-Recopilatorio-LP-Soua-20140509204411En aquel programa sonaban tanto grupos oscenses locales, como ORNI, Ejercicios Espirituales o Vade Retro, como grupos ibéricos estilo los primeros Ilegales, los Coyotes, Los Suaves, Radio Futura o La Mode, todo ello mezclado con el Leonard Cohen de los tiempos de la Isla de Wigh, el Lou Reed del rock’n’roll animal, el Bowie de la era glam, el Springteen anterior a The River, o los Police en el cénit de su esplendor.

_MG_8243En ese contexto, uno de los grupos más radiados por aquel entonces, curso 83-84, fueron Los Burros. Nunca se les pudo oír en las grandes cadenas de radio, ni en los programas musicales de audiencias masivas, pero sin embargo tenían un lugar privilegiado en cientos de programas marginales de radios locales de Cataluña y Aragón. Justo en aquel momento Los Burros, con su LP Rebuznos de amor, habían dado una patada a la mesa tirándolo todo y abriendo varios kilómetros de ancho las posibilidades expresivas del pop-rock ibérico. Pero solo el submundo lo sabía. El mundo mediático oficial lo descubriría años más tarde, en su siguiente reencarnación como El Último de la Fila.

mostrarimg.php¿Qué había en Rebuznos de Amor? Aunque su título no lo hiciera presagiar, contenía grandes canciones de las que tocan la fibra. Una inusual colección de temas con un imaginario complejo y nada común, capaz de conectar a través de la ironía con el alma de los oyentes. Un puñado de canciones sobre un mundo poblado por personajes contentos de habitar en un mundo absurdo a su pesar. Unos personajes a los que, paradójicamente, la conciencia de que nunca iban a ganar les hacía ganadores. He ahí el truco.

_MG_8244El álbum se abría con un instrumental de enigmático título: ‘Hoy no cruzo. ¿Era una declaración de intenciones? ¿Por qué no cruzar? ¿Si hoy no cruzaba, acaso mañana sí cruzaría? ¿Entonces… cuántas veces habría cruzado antes? ¿Por cierto… cruzar el qué? Ahí queda eso. La tripulante ALFA se lo preguntaba entonces y se lo sigue preguntando ahora, cuando está a punto de despegar hacia las estrellas. Imposible sugerir más con menos.

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Los Burros en directo en TV (Estoc de Pop)

El disco continuaba con varias canciones firmadas por Quimi Portet, con un estilo luego patente en su reencarnación posterior con el Último de la Fila y en su discografía en solitario. Temas como ‘Huesos’, ‘No puedo más’ o ‘Hazme sufrir’, llenos de ideas surrealistas expresadas con guiños a la cultura popular y envueltas en un peculiar ritmo guitarrero sincopado, saturado al estilo Ramones u otras glorias del punk-rock, a menudo elaborado con cajas de ritmo y con una base de teclados ochenteros. Una mezcla adictiva por lo inesperado del resultado. Son temas acelerados, que no dan tregua, en el que se canta al amor anómalo (Huesos: “Cómo te voy a querer estando flaca como estás / mis besos se pueden perder sin sitio donde aterrizar”); se lamentan los penosos rituales del enamorado mal correspondido (No puedo más: “A veces me pregunto cuanto tiempo / voy a estar aguantando esta situación / siempre estoy escalando tu ventana / debe haber otra entrada a tu habitación”); o se parodian formas alternativas de disfrute a través del dolor (Hazme sufrir: “No intentes complacerme, hazme sufrir / pégame puñetazos en la nariz”, incluyendo aceleradas e imperativas súplicas propias de dementes sin remedio ni complejos: “Nooo veladas fantásticas / Nooo bailes frenéticos / Lo que quiero es ser infeliz / Rómpeme con un martillo algunos dedos de los pies / Vamos a un sitio tranquilo y arráncame la piel”). Estupefacción desbordante, provocaban. La única defensa posible, adherirse a su delirio.

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Los Burros y su impactante puesta en escena en la onda Devo

El álbum continuaba con dos temas de Manolo García, más orgánicos y armónicos, con una instrumentación menos agresiva, unas letras metafóricas que transmitían imágenes de belleza inquietante, cantadas con una emoción capaz de erizar el vello de cualquier oyente ávido por conocer aquel nuevo mundo propuesto por Los Burros.

Así, en “Portugal” se describía una situación límite donde, en un contexto de derrumbe del entorno social y personal, a modo de inicio de conflicto bélico, alguien buscaba a otra persona (presumiblemente la amada) mientras trataba de huir entre la confusión. Ante la imposibilidad de hacerlo juntos, se citaban para más adelante en Portugal, aunque ella (o él) nunca llegaría. La sucesión de imágenes cantadas constituye un poderoso dispositivo para trasladar al oyente al lugar de los hechos, testigo en primera línea de la angustia de los protagonistas, los cuales siempre tienen más recursos de los que aparentan. O, en el fondo, todo lo relatado se la trae floja. (“Carreras en coche de acá para allá / Volviendo de día, siempre hasta el final /Aunque pierda el tiempo me da igual (…) De las montañas hasta el mar / Vagando por el frente / Terror a la inseguridad / Tormenta en las vanguardias / Nunca llegaste a Portugal”). Además, en este tema aparecen los primeros indicios de entonación andaluza o sureña, no tanto flamenca sino más bien propia de la copla española, que posteriormente sería el sello de identidad de El Último de la Fila.

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El sufrido casette de la tripulante ALFA

Disneylandia” era la balada del álbum, cantada de manera muy sentida, próxima y distante a la vez. Un canto al amor canalla, al amor que se ha dejado perder pero al que no se quiere dejar de lado, que necesita ayuda pero no puede ser ayudado precisamente por ser como es, cuando lo que es, es precisamente lo que lo hizo atractivo. Un lamento en espiral, con una instrumentación minimalista en la que un casiotone de juguete ocupa el lugar central. Con esta impresionante interpretación se cerraba la cara A.

_MG_8245La cara B del álbum contenía tres joyas absolutas, con Manolo como compositor principal (‘Conflicto armado’, ‘El faro del fin del mundo’ y ‘Moscas aulladoras, perros silenciosos’), así como dos canciones gamberras que evidenciaban el surrealismo innato del grupo (‘Mi novia se llamaba Ramón’ y ‘El himno de los cazadores de vacas’).

El tema más potente era sin duda ‘Conflicto Armado’, con un contagioso riff que marcaba el ritmo a lo largo de toda la canción, con referencias a The Clash y a los conflictos bélicos de la época (guerra Irán / Iraq), todo ello para representar la dura lucha de un amor a tres bandas, indeseado pero inevitable. Una lucha perdida de la que, a pesar de todo, se pretendía salir airoso. La letra transcurría en primera persona y, aunque mantenía en todo momento una gran ambigüedad, lograba que el oyente se identificara con los lamentos del protagonista (“La busco desde hace un mes / Se lo dices tú si la ves / La única posibilidad de sobrevivir al final / En esta maldita ciudad / Eran sus miradas asesinas”). Una colección de lamentos rematados por las poderosas guitarras de Quimi Portet y de José Luis Pérez. Musicalmente, el tema más contundente del álbum, hábilmente atemperado por las armonías vocales de Manolo García.

jajajaja

Quimi Portet en plena actuación con Los Burros

Pero la canción preferida de la tripulante ALFA siempre fue ‘El faro del fin del mundo’, una estimulante declaración de intenciones que incluye algunos de los elementos principales de la filosofía del grupo (y de sus futuras reencarnaciones). Es un tema espídico, dominado por la singular guitarra de José Luis Pérez, una de las piezas clave del sonido del grupo, cantado con absoluta visceralidad por Manolo García, con referencias a lugares utópicos “Llegué a la tierra de lo simple / Por los caminos del cansancio y de la soledad / Crucé paisajes desdentados / Los niños tienen todo el día para jugar”; con aportaciones de una filosofía popular que apela a la experiencia (“No he perdido la constancia / No he luchado para luego abandonar / Me han dibujado sonrisas / Y al dar la espalda me han querido apuñalar”), y con una perspectiva singular sobre el lugar que sus autores ocupan en el mundo (“Aventurero en busca de no sé bien qué / Pequeño héroe de revista / Soy un insecto en la inmensidad”), con un intrigante estribillo que sentenciaba con moraleja (“Ni castigo a los vencedores / Ni a los vencidos redención / Si cruzas para de reírte / Si vuelves rómpeme el porvenir”). Rebelión y autoafirmación a partes iguales. Por cierto, aparece aquí un nuevo indicio de cómo o hacia dónde “cruzar”, una actividad presuntamente esencial en la filosofía del grupo.

IMG_8388La última de las joyas es la que cierra el disco, ‘Moscas aulladoras, perros silenciosos, título envidiable donde los haya. Nos encontramos otra vez ante una situación interpersonal peculiar (“Cuarenta y dos y aún estás muy bien, tú siempre sola en aquel bar / Mi seriedad, yo dieciséis, me hicieron al principio dudar”), una relación amorosa de presente y futuro inciertos, expresada en tono melancólico a un ritmo galopante (muy característico de sus futuras reencarnaciones como EUDF) que imprime una irresistible sensación de urgencia al lamento: (“Al principio tú viste en mí alguien con quien poder hablar / Pero luego pensaste ‘no, no me querrá compadecer’ / “Cielo rojo, estrellas, hay luces en el callejón / Gatos muertos, puertas, vértigo en la oscuridad / Rabia en las miradas, no hay tiempo para pensar”). Guitarras robustas, coros que remarcan la intensidad de la tragedia, con una temática totalmente ajena a lo que se supone que tratan las canciones de pop-rock del momento (y de todas las épocas).

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Manolo García teatralizando temas de Los Burros

El disco se completaba con otros dos temas de vena estrictamente surrealista. ‘Mi novia se llamaba Ramón” era un medio tiempo potente, con una instrumentación rotunda y amenazante, que podría haber firmado los primeros The Cure, pero con una letra totalmente disparatada (“Mi novia se llamaba Ramón, eso qué más da / se murió muy deprisa / Las palabras que terminan en ‘on’, esas suelen ser para morirse de risa”), que transmite una supuesta ambigüedad sexual que les servía para ironizar sobre sí mismos y provocar al potencial público que no estuviera en su onda. El tema restante seguía esta onda surrealista pero elevada al cubo: “El himno de los cazadores de vacas” era una gamberrada con un ritmo pretendidamente tribal y un sonido ajeno al conjunto del álbum, si bien su inclusión potenciaba su función de rareza anecdótica. Servía para mostrar que Los Burros se atrevían con todo, e incluso coqueteaban con el suicidio comercial.

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Fuente: Manolo García, Vacaciones de mí mismo, Ed. Temas de Hoy, 2004 p. 73.

Rebuznos de amor se editó en 1983, gozó del absoluto desprecio de su propia discográfica (la barcelonesa Belter) y sirvió al grupo para darse a conocer en los circuitos más subterráneos y periféricos. Según sus biógrafos (el ínclito Toni Coromina, quien no sólo les pagó parte del disco, sino que años más tarde les escribió un libro delicioso), después de muchos esfuerzos manuales consiguieron vender unos 3.000 ejemplares. Curiosamente, por aquellos días triunfaba a lo grande la manida ‘Movida madrileña’, una explosión musical nuevaolera que emanaba con luz cegadora desde Madrid y protagonizada por una serie de nuevos grupos con nuevas actitudes (Gabinete Caligari, Radio Futura, Siniestro Total o Alaska y sus variadas formaciones) que se situaron en la cresta de la ola. Los Burros no estaban tan lejos de todo aquel barrizal, ni en forma ni en espíritu, pero se encontraban en una posición prácticamente marginal y con mínimas posibilidades de hacerse visibles para el gran público.

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Fuente: Manolo García, Vacaciones de mí mismo. Ed. Temas de Hoy, 2004, p. 24.

Por otro lado, aunque compartían una cierta vertiente lúdica y frívola con muchos de aquellos grupos de la Movida (Alaska, Nikis, Bólidos, Hombres G, Peor Imposible, Polanski y el Ardor, etc.), su frivolidad era sólo aparente pues en el fondo de sus temas latía siempre una perspectiva de búsqueda filosófica y vital. Pero había también diferencias culturales de clase. Buena parte de los grupos de la Movida pertenecían a ambientes acomodados (de clases medias-altas) y, básicamente, pretendían divertirse. Los Burros procedían de un entorno más popular y arrabalero y no sólo buscaban diversión, además estaban de exploración. Exactamente igual que la tripulante ALFA en aquellos mismos momentos. Lo mismo que ahora, apunto de zarpar hacia las estrellas. Por ello se llevará consigo Rebuznos de amor.

 

Addenda

0Un sábado de junio de 1984 la tripulante ALFA se topó de bruces con Los Burros. En aquel tiempo, la tripulante ALFA vivía en Alcampell, famoso municipio oscense cercano a Lleida, cuando vio anunciado un concierto de Los Burros. Aquel grupo que llevaba oyendo durante los últimos meses en el programa del ‘Javier’, iba a tocar en su propio pueblo. El día de marras, con sus colegas se fue hacia el pabellón municipal, donde aquella noche tendría lugar el concierto. Grabadora en mano, preguntaron por los músicos. Han ido a comer, estarán al llegar. Entonces les vieron bajar por la calle de la iglesia con sus vaqueros de pitillo, cazadoras de cuero marrón (Manolo) y tejana (Quimi). ¿Os podemos hacer una entrevista? Por supuesto, sentémonos aquí mismo. Allí mismo, junto a las escaleras del colegio, pegadas al pabellón de baile, nos sentamos. Y esta fue la conversación, tal como la tripulante ALFA ha transcrito de la vieja cinta de casette:

[Nota: Aunque fue grabada el 9 de junio de 1984, esta entrevista había permanecido inédita hasta ahora, y refleja muy bien el momento en el que se encontraban aquellos Burros a punto de disolverse y de renacer como El Último de la Fila. Treinta años más, treinta años menos, no son gran cosa cuando se prepara un viaje sideral]

 

ALFA- ¿Tú quién eres?
QUIMI PORTET (Q)- Yo soy el Quimi, de Los Burros. Quimi Portet. Y este señor es Manolo García. Somos muy amigos éste y yo. Los burros y los tontos.
ALFA- Ah, sí, a ti te vimos un día en la tele. En un programa de la catalana.
MANOLO GARCÍA (M)- ¿Y a éste no? [a Quimi]
ALFA- No, a ti no te vimos. ¿Dónde estabas?
Q- Yo soy… ¡un micro! Trabajo de micro en un conjunto.
ALFA- Bueno, vamos a lo que interesa. ¿Cómo empezasteis en la música?
M- A pedales…
Q- Empezamos como todos los chicos…
ALFA- Pero ¿cuáles serían vuestras primeras influencias?
Q- Cada uno tiene las suyas. Manolo, por ejemplo, como era pobre de pequeño, sólo tenía una radio y un embudo, y prefería escuchar la radio que el embudo. Entonces lo que oía por la radio él lo interpretaba en sus ratos libres. Yo, por ejemplo, a mi mamá le gustaba mucho el soul, y cuando fregaba el piso ponía discos de soul, y escuchaba mucho soul, y los Beatles… De hecho, tal como están concebidos, los grupos pop son una amalgama de influencias de cada individuo.
M- Una amalgama de desastres y pestes, diría yo…
ALFA- También vimos en TV vuestro video. Porque grabasteis un video ¿verdad?
Q- Sí, hicimos un video hace unos seis meses. Es de la pieza ‘No puedo más’. Va de una alegre familia contemporánea que está comiéndose una paella de espaguetis, en medio de multitud de vicisitudes y de sorpresivas actuaciones del personal del grupo y de otros artistas invitados. Vemos que ha tenido una gran aceptación. No sé si porque la gente pasa bastante hambre en esta época de crisis o porque a la gente le gusta la música.
ALFA- ¿Qué canción vuestra os gusta más?
M- ¡Tú!
Q- Nos gustan todas muchísimo.
ALFA- ¿Estáis preparando nuevo material?
Q- Estamos siempre preparando nuevo material. Para eso cobramos.
ALFA- ¿Para cuándo se espera el próximo disco?
Q-Cuando encontremos… Cuando encontremos una empresa alimenticia que quiera construírnoslo.
M- Y cuando los tratos negociables lleguen a buen punto.
Q- A buen cauce.
M- O sea, cuando podamos. Cuando alguien nos quiera firmar un contrato decente. No comment.
ALFA- ¿Cómo veis la movida en Barcelona?
M- ¿La movida? ¿Qué movida? ¿Qué es esto de la ‘movida’?
ALFA- No lo sabemos, pero en la radio se habla a todas horas últimamente.
M- Pero ¿aquí también se habla de eso?
ALFA- Últimamente hasta los gatos, por aquí.
M- ¿Aquí de qué habláis? ¿De qué soléis hablar?
ALFA- Pues de música, de tías, de tíos…
M- ¿De tías? Vais mal, eh. Así nunca llegaréis al reino de los cielos. Hay que practicar la castidad… Pero bueno… Os pensáis que en Barcelona pasan grandes cosas, grandes…
ALFA- No tanto, no tanto…
M- ¿Creéis que allí hay una gran ‘movida’?
ALFA- Pues mira, no tenemos ni idea de lo que hay en Barcelona.
M- Allí la gente se aburre igual o más que aquí. Y les cuesta más caro aburrirse que aquí.
Q- Y hay menos chicas.
M- No. Igual. Bueno, no sé. No sé las que hay aquí. Barcelona está musicalmente como en todos los sitios. Grupos que empiezan, grupos que terminan, gente que graba discos, gente que los hace muy bien… No, gente que los grabe bien, no. Gente que los grabe muy bien, apabullantemente bien, no hay.
ALFA- Estuvisteis hace poco en Huesca ¿no?
Q- Sí, en Huesca capital, en una sala maravillosa que se llama ‘Peña la Alegría Laurentina’. El local tendría que ser un monumento nacional. Es muy bonito.
M- Estaba muy bien, muy bien. Llegó la gente de la Peña ésta de ‘la Alegría’ y… de puta madre.
Q- Fue divertido.
ALFA- Por cierto, ¿Por qué os cambiasteis el nombre? ¿Por qué antes Rápidos y ahora Burros?
M- Todo cambia. Nos tomamos una temporada de vacaciones y paramos medio año o así. Cuando reemprendimos la marcha pues… tuvimos que cambiar el nombre.
ALFA- ¿Cómo os definiríais musicalmente?
M- Pop. Imagino que pop ¿no?
Q- Hacemos pop, power pop, pop machote.
M- Pop erecto… No sabemos… Pop.
Q- Pop tirando a machote. Pop litúrgico. Pop menstrual… No sé…
ALFA- ¿Quién ha hecho las portadas de vuestros discos? Son muy originales.
M- ¿De cuál de los trescientos, a ver?
ALFA- De todos.
M- Pues uno, el primero, el de los Rápidos, lo hizo un chico de Barcelona. Y el otro, este de ahora, el de los Burros, lo hizo una chica de Madrid, una fotógrafa que se llama Oukalele, o algo así.
ALFA- ¿Quién compone las canciones?
M- Nosotros tres. Los dos guitarras y el gobernador.
Q- El rebuznador… (risas).
ALFA- Hemos oído decir que lleváis una puesta en escena muy acojonante…
M- Huy! Sí, ya verás. Con los periódicos que ha ido a buscar el tío ese del bajo por los bares…
ALFA- ¿Qué vais a hacer hoy?
M- Hoy vamos a volar el monumento este… Lo vamos a volar con dinamita. Vais a salir todos volando. Nosotros no, porque tenemos unas campanas anti-reflectantes y separantes del público. Vosotros vais a salir volando todos. Ja! Con la entrada regalamos unas alas estupendas, con unos tirantes de cuero y un precioso motor… No. Yo qué sé. Eso que tú llamas puesta en escena es una pequeña improvisación que sale cada día. Ponemos plásticos, ponemos periódicos, ponemos embudos… bidones… Es simplemente un cruce de casualidades en el momento oportuno.
ALFA- ¿Os gustan otros grupos emergentes de Barcelona, como por ejemplo Loquillo y los Trogloditas, que acaban de sacar un disco imponente [‘El ritmo del garaje‘]?
M- Hombre, pues a gente del grupo le gustan unas cosas y a otros pues otras. Pero en general… no sé… [después de un recuento de porcentajes en cuanto a si les gusta o no Loquillo, responden que sí] Sí. Al grupo le gusta más bien que menos. Tres dicen que sí y dos que no. Aunque a mí de momento… me gustan más cosas como Decibelios, como Veneno, como la Trapera…
ALFA- A nosotros también nos gustan esos…
M- Por cierto, ¿aquí hacéis algún tipo de fiesta taurina para la fiesta patronal del pueblo o así…?
ALFA- Aquí no tenemos tradición. Hace unos años se intentó hacer. Pero como había hostias cada año…
M- No, yo me refiero a ese tipo de…
ALFA- Vaquillas. Hacíamos vaquillas, pero como siempre había hostias…
M- ¿Cómo que había hostias?
ALFA- Hombre, porque venían valientes que las querían matar a cabezazos. Había muchos muertos cada año… Vaya, que no va mucho con nosotros.
M- A cabezazos… no jodas… O sea, que por esta zona es normal, que hay algún pueblo que lo siguen haciendo…
ALFA- Sí, sí, por aquí sí. No mucho, pero en algún pueblo sí. En Altorricón principalmente. Y sólo para la fiesta mayor. En el resto… Ya hay que ir a Fonz, Estadilla y esa parte, más hacia Aragón…
M- Entonces ¿qué hacéis? ¿Vais vosotros y las matáis a cabezazos o qué…?
ALFA- Estos me dicen que os preguntemos si fumáis porros…
M- No, eso no. Ponlo. Que no fumamos porros.
ALFA- O sea, que os enrolláis sin porros.
M- Sin porros. Todo esto es un efluvio natural que emana de nuestro cuerpo de una manera espontánea.
Q- De nuestro cuerpo o de nuestras extremidades, no sabemos exactamente. O del espíritu.
M- El espíritu es una cosa muy pequeña. Es una cosa que yo llevo en el bolsillo a veces.
Q- Y del speed.
M- No el speed es una cosa que llevamos todos naturalmente. Bueno, a veces no. En verano cuando hacemos muchas actuaciones así seguidas, al quinto día se te cae el espíritu y el speed, y estás hecho una mierda.
ALFA- Entonces ¿os enrolláis a base de cerveza?
M- No, tampoco, porque la cerveza te tira mucho. Nosotros a base de bocadillos de chorizo.
ALFA- Tiene mucha grasa el chorizo…
M- Bueno, pero te salen unos granos bastante consistentes y en las fotos quedas muy aparente. Con unos granos aquí estupendos tipo… ¿cómo dicen los ingleses?
Q- Tipo teenager.
M- Sí eso, tipo chico joven. Aparentas menos años.
Q- Bueno, tú tienes ochenta y seis ¿no?
M- Sí, y tú doce. Sí, el Quimi es seminarista. Lo que pasa es que los fines de semana sale.
Q- Sí, ¿no veis la coronilla por aquí?
ALFA- Te echo la mía!
M- Tú ya fuiste cura.
Q- A mí aún no me han ordenado. La semana que viene me ordenan.
M- Vamos a ir a tocar a su ordenación u ordenamiento.
Q- Ordenamante, prefiero.
M- Sí, también tocarán el obispo y el abad…
ALFA- ¿Hoy tocaréis algún tema nuevo?
M- Sí, tres.
ALFA- Oye, a ver si os enrolláis bien.
M- Hombre, como en todos los sitios, eso…
ALFA- Que no os duela hacer un cuarto de hora más…
M- Más… Siempre más ¡Más! ¡Maaas! ¡M a a a s s!
ALFA- Aquí más. Si triunfáis aquí, triunfareis en España. Esto es el trampolín. Preguntádselo a los de la Salseta del Poble Sec, que desde que vinieron aquí se han hinchado a hacer conciertos por toda la zona. De aquí…
M- De aquí al cielo…
ALFA- Exacto…
M- O al infierno. O al cuartel de la Guardia Civil.
ALFA- No, que nos lo vendimos. Lo reconvertimos y ahora es la Casa de la Cultura. Aunque los abuelos no quieren ir porque les trae recuerdos demasiado trágicos.
M- Habéis hecho como el Astérix y el Obélix con los romanos…
ALFA- Lo que está claro es que si tocas y a la gente le gusta lo que haces… De hecho, nos han hablado muy bien de vosotros. El que hablen bien no quiere decir que aquí quedéis bien, pero…
M- Una cosa sí que te voy a asegurar, y es que nosotros donde vamos lo ponemos todo. El equipo siempre es el mismo, nosotros somos los mismos… Hombre puede hundirse el escenario, irse la luz…
ALFA- Ya no es el tocar diez minutos más o menos. Es que si hay ambiente… es el hecho de decir ‘oye, no nos va a venir de un cuarto de hora’.
M- Ya os veo venir, ya. Lo que queréis es que nos den aquí las siete de la mañana, tomando vinos y tocando…
ALFA- Si hace falta vino, bocadillos… tenemos ahí un par de botellas de Chivas que…
M- Hacer una maratón…
ALFA- Tocaréis cinco horas y cuarto ¿no?
M- O diez.
Q- Siete o diez.
ALFA- Con hora y media quedaréis bien.
M- ¿Aguantaremos hora y media? Ya no somos tan jóvenes, aunque lo parezcamos. Por aquello de “…cuarenta y dos y aún estás muy bieeeen…”
ALFA- ¿Tú eres el que canta, entonces?
M- Sí, aunque no lo parezca.
ALFA- ¿Tú eres el que dice “qué más da…”? ¿Lo habéis oído hace un rato por el altavoz del pregón, cuando hemos anunciado el concierto de esta noche?
M- Sí, pero parecía que sonaba por un pepino, más que por un altavoz.
ALFA- Lo ha puesto Sixto [el entonces alcalde comunista del pueblo]. Oye ¿no nos vais a hacer una primicia ahora, a tocar algo para ver qué tal suena eso?
M- Eso luego, cuando probemos sonido. Pero pediremos al respetable que se vaya y cerraremos las puertas, si es posible.
ALFA- Ok. Nos vemos luego.

——

AIMG_8402quel sábado 9 de junio de 1984, las 11:30h de la noche, empezó el concierto. Los teloneros fueron el grupo oscense ORNI, que gustaron mucho a sus fans y al público en general, en especial por la repercusión que tenía entonces su estupendo tema ‘Siempre esperando‘. A la 1 salieron Los Burros al escenario. Durante el concierto volaron latas, bidones, embudos, polvos talco, espuma, humo… Quimi y Manolo dieron tantas volteretas que acabaron magullados por todas partes. Lo suyo era una profesión de riesgo. Salieron al escenario todos vestidos de negro, pero Manolo llevaba un montón de camisetas, una debajo de otra, de las que se fue desvistiendo paulatinamente. Cuando tocaron ‘No puedo más’, Manolo dijo “Y esta canción, como dirían en Madrid, es postmoderna”, y luego se metió con la Chamorro.

Al día siguiente, domingo por la tarde, sintonizando Radio Huesca, una buena parte del programa del “Javier” fue dedicada a describir el concierto, pues por lo visto habían organizado una excursión colectiva al mismo desde la capital provincial. Gracias a dicho programa la tripulante ALFA pudo hacerse con el set-list, que fue como sigue:

  • Volvamos a los árboles
  • Dulces sueños
  • La llamada
  • Grité
  • Portugal
  • Café
  • Mi novia se llamaba Ramón
  • Conflicto armado
  • Huesos
  • No puedo más
  • Te quiero bastante
  • El himno de los cazadores de vacas
  • Ruta del Sur
  • Hazme sufrir
  • Televisión
  • Disneylandia
  • El faro del fin del mundo
  • Septiembre

Bises:

  • Volvamos a los árboles
  • La llamada
  • Dulces sueños

Como se puede observar, tocaron una mezcla de temas de Los Rápidos, de los Burros y algunas todavía inéditas.

IMG_8392Los Burros pasaron por el territorio donde habitaba la tripulante ALFA dos veces más durante aquellos escasos meses. En agosto fueron contratados en las fiestas mayores de Altorricó, y en septiembre tocaron en las fiestas de Tamarit de Llitera. En ambos casos se hicieron con una buena pila de acérrimos e infatigables seguidores. Durante los meses siguientes las casettes corrieron de mano en mano. La tripulante ALFA quedó definitivamente enganchada a los ritmos, melodías y filosofía vital de Los Burros (luego replicada con mayor ambición en su aventura como El Último de la Fila, especialmente en sus dos primeros LP’s, deudores claros de los experimentos burrísticos). Por ello, la tripulante ALFA se llevará Rebuznos de amor en su viaje interestelar. Saludos terráqueos, y recordad que sois unos insectos en la inmensidad.14067686_303231426704567_257614053984850256_n14117801_303231470037896_5115161449067560087_n

 

 

Antony and the Johnsons – I am a bird now

índiceLa tripulante Kowalsky se levantó melancólica esta mañana. Casi sin darse cuenta, se percibió a sí misma como un insecto deambulando por el cosmos ígnoto e infinito, hasta que su evidente insignificancia hizo mella en su autoestima. El hecho de tener que abandonar el planeta Tierra para lanzarse hacia el sumidero de la galaxia ha profundizado su natural sentimiento de alienación y, en su interior, ha descubierto un hueco difícil de llenar, lo cual se traduce en una angustiosa presión latente que en cualquier momento puede estallar. Un lamento por la pérdida de sus raíces. Aun así, se trata de un lamento esperanzado por la metamorfosis que adivina en su personalidad futura. Ya nada será igual (pero no tiene por qué ser peor).images2

Buscando algún disco adecuado para sobrellevar estas tensiones, la tripulante Kowalsky se dio de bruces con ‘I am a bird now’, de Antony and the Johnsons. El mismo. O la misma. O ambas cosas. Un lío en un mundo tan poco dado a los matices. Como la atribulada mente de Kowalsky en estos momentos inciertos, tan cerca del vértigo del despegue.

BinaryCacheServletAntony Hegarty graba unos discos mayúsculos a la par que intimistas, con aquel falsete trágico de ojos humedecidos, tan oportuno para vehicular sus reivindicativos discursos de libertad sexual y de orgullo transgénero sin perder ni un ápice de credibilidad ni de sentido del espectáculo. Partidario de sentirse tan hombre como mujer en un mundo bipolar y excluyente, con su look mitad Oscar Wilde mitad monje ortodoxo (Josep Massot dixit), se ha convertido en un artista total que, en sus interpretaciones al piano o con su banda de acompañamiento (The Johnsons u otros), ofrece motivos musicales y extramusicales a partes iguales, con igual poder de convicción. Su entrega solemne y su pinta de diva de ópera lampiña y ultrajada generan una tensión ideal para cantar unos textos y músicas que parece que le broten de la más honda entraña. Unos textos que siempre suponen un desafío, que reflejan situaciones poco comunes, que persiguen la comprensión de sentimientos singulares.

índice2I am a bird now, editado en 2005, es su segundo LP. Contiene 10 temas compuestos al piano con una atmósfera unitaria, casi conceptual, alrededor de unas ideas clave: redefinamos nuestra situación, celebremos el presente y olvidemos sufrimientos futuros. Justo lo que la tripulante Kowalsky andaba buscando, aunque por diferentes razones que no le impiden empatizar con el/la cantante. Antony contó en esta ocasión con las colaboraciones estelares de Lou Reed, Boy George, Rufus Wainwright y Devendra Banhart.

1. Hope There’s Someone: ‘Espero que haya alguien / ¿Quién va a cuidar de mí cuando me muera?’
Fragilidad quebradiza. Está asustado. Cae la noche y no sabe cómo dormir. Espera que haya alguien ahí cuando vaya a morir. Cuando esté a punto de irse. Se pregunta quién se va a ocupar de él –o de ella- (¿será el fantasma que aparece en el horizonte? ¿Será el hombre que ha venido esta noche?) Se da por vencido, caerá a sus pies para, al fin, descansar la cabeza con los ojos cerrados. Solemne celebración de las diferencias. En la sección final, un piano retumba hasta acoplarse, tan irritante que nos indica que no es un tema para radiofórmula.

2. My lady story: El lamento de una mujer rota, humillada por alguien a quien amaba (¿un hombre?) y a quien quizá todavía se quiere.
“Mi historia de mujer / es una historia de aniquilación
Mi historia de mujer / es la historia de una amputación de mama
Soy un agujero enamorado / soy una novia en llamas
Estoy tan rota / pero todavía quiero ver los ojos brillando / sobre mi belleza perdida”
Traiciones íntimas. Resentimientos largamente meditados. Un largo lamento por la belleza perdida. Su historia como mujer. Como un agujero enamorado. Como una novia en llamas. Pero su vientre es un océano de dolor y de rabia. Se adivina la venganza.

images33. Today I Am A Boy: El deseo de un niño por crecer y convertirse en una hermosa mujer. “Un día creceré y seré una hermosa mujer, una hermosa chica. Pero hoy soy un niño, un chico. Por hoy soy un niño”. Una suplicante a la vez que orgullosa disolución de las fronteras de género. Una celebración del transgénero que huye de dificultades futuras. Se adivina el gozo mientras se espera la discriminación en la sociedad de la exclusión implacable, a la que habrá que vencer.

4. Man Is The Baby: Una celebración ante un nacimiento. “Perdóname, déjame vivir, bendice mi destino, mi espíritu libre. El hombre es el niño. Deseo de ser olvidado, perdonado”. Vive y deja vivir. Deseo de que llegue un día triste. El hombre es el bebé. Deseo de libertad. De romper amarras con lo que la naturaleza nos dejó, con lo que nos hizo. Deseo de romper con el destino. Un deseo.

5. You Are My Sister: Un sentido homenaje a una hermana (real o figurada). Tan diferente a él cuando eran niños, pero con el tiempo cada vez más próxima, más cómplice. Como tantos, el protagonista experimenta una difícil travesía desde niño. Pero ella le acompañó a través de su enrevesado mundo protegida sólo por su bondad. Por ello él la quiere. Y le desea lo mejor: que sus sueños se hagan realidad, quizá tanto como se han hecho los suyos también. El protagonista habla desde otra orilla, ya a salvo.

6. What can I do: ¿Qué puedo hacer yo cuando el pájaro tiene que morir? ¿Qué puedo hacer yo cuando ella es demasiado débil para volar? ¿Qué puedo hacer? Ante la muerte (de un ser que ya no puede volar y le llama de lejos). Él paralizado, atenazado por el miedo y el desconcierto, pide ayuda para actuar. ¿Qué puede hacer? Es la desnudez ante la muerte, la grandiosa vulnerabilidad en que vivimos. Somos unos héroes.

images7. Fistful Of Love: Una relación apasionada y compleja: El protagonista tumbado en la cama es golpeado sin avisar por su compañero/a mientras está mirando las estrellas. Una entrega total (puños, látigos, todo por amor). Pero eso no es amor. Está fuera del amor. Es un amor sometido. No se puede luchar, los golpes van cayendo y no se pueden parar. Una impresionante sección de viento sostiene y marca el ritmo, un ritmo bluesy incrustado en una orquestación soul. Una voz apasionada, una fiebre que se balancea entre gemidos en medio de una tormenta de septiembre. Golpes. Viento. Trompetas. Saxos. Sexos.

8. Spiralling: Está desolado como un perro en celo. Está deshecho, incompleto. Se siente morir. Pero no sabe a dónde irá. Un lamento por una situación insoportable. Se siente congelado. Se percibe en espiral (y por ello no puede mirar a lo lejos).

9. Free At Last (North american Slaves Spiritual Chant Gospel): Alguien recita una oración en el paseo del cementerio (allá abajo). Alguien da las gracias a Dios porque será libre al fin. Porque podrá charlar con Jesús. Y su alma volará libre y alto. Pero eso ocurrirá una de esas mañanas brillantes y estupendas.

10. Bird Gehrl: Es una chica-pájaro al fin. De esas que saben volar (¡se palpa las alas para convencerse!). Y volará alto. Renacerá en el cielo. Se ha convertido en una chica voladora al fin.

ajfortodayLa tripulante Kowalsky se llevará este álbum en su viaje a las estrellas, pues sabe que el ciclo vital de los humanos contiene inevitables periodos de tormento y momentos de caída. La vida mezcla el dolor y el placer en proporciones inestables, a menudo a la vez, dando lugar a nuestras paradójicas y psíquicamente complejas existencias. ‘I am a bird now’ es un bálsamo ideal para acompañarnos en el desarraigo, en la expresión de lamentos profundos, en la aspiración a una vida mejor y, hasta cierto punto, liberada de la opresión propiciada por la mera presencia de nuestros congéneres. ‘I am a bird now’ es una declaración de orgullo, una aceptación de la diferencia, una abolición de las fronteras sociales basadas en supuestos trasfondos biológicos. Una declaración rotunda del vive y deja vivir. Y no hay nada más que decir.

Radio Futura – De un país en llamas

0000304727_350La tripulante ALFA sabe que hay momentos clave en la historia en los que ciertos grupos, cantantes o compositores alcanzan la síntesis mágica, rozan con las yemas de los dedos el campo gravitatorio que mantiene misteriosamente unida a la sociedad, dan con la combinación perfecta para expresar el alma de su gente y su tiempo. Después de descartar a muchos grupos o solistas que sin duda también merecerían este puesto, la tripulante ALFA ha decidido que si entre nosotros algo se aproximó a dicho estado fue Radio Futura. Y por ello se los llevará a su viaje a las estrellas.

Fuente: max-elblog.blogspot.com

Fuente: max-elblog.blogspot.com

Radio Futura son un icono de una cierta “España moderna”, con una propuesta enraizada en el solar ibérico pero cosmopolita al mismo tiempo. Un icono no tanto de hoy, sino de aquel pasado próximo que se inició con el cambio de régimen político de finales de los 70, que vivió una sonora efervescencia durante los 80, y que a partir de los 90 se contuvo ensimismado, para ir desmoronándose, degradándose poco a poco, hasta llegar al punto de no retorno actual.0 Quizá por ello la tripulante ALFA está preparando su huida a las estrellas.

Radio Futura representan como nadie el espíritu de aquella época, aunque su mensaje, formas y actitudes la trascienden de tal manera que su obra resiste el paso del tiempo con envidiable frescura y prestancia. A partir de un formato rock, que les daba un punto transgresor (en relación a su época), no sólo supieron incorporar las inquietudes por indagar en las raíces ibéricas y africanas de nuestras culturas peninsulares, sino que además manifestaron una curiosidad insana por lo que sucedía más allá de las limitadas fronteras anglosajonas. De esta manera, derivaron hacia la conexión latinoamericana y africana, que descubrieron entre Nueva York y Cuba, una conexión que a su vez les trajo de vuelta hacia la música peninsular secular. Un viaje en espiral y en el tiempo que, a la postre, desdibujó el planteamiento inicial del grupo, lo cuarteó y les lanzó hacia metamorfosis artísticas dispares pero siempre interesantes.

010000026158_n_imggLa influencia de Radio Futura es grande. A pesar de que se separaron en 1992, nunca han dejado de sonar en las radios, nunca han desaparecido del todo del entorno mediático, siempre están ahí, como un punto de referencia respecto al que medirse. Quizá por eso el panorama posterior palidece tanto.

No obstante, el amplio reconocimiento de crítica y público también llevó a su mitificación gratuita. Sus últimas obras están claramente sobrevaloradas, pero cuando las perpetraron su popularidad y prestigio era tan grande que nadie se atrevió a decir que el rey había perdido parte del traje (la tripulante ALFA piensa en ‘Escueladecalor’ (1989), ‘Veneno en la piel’ (1991) o ‘Tierra para bailar’ (1992). También su primer álbum (‘Música Moderna’, 1980) no deja de ser una anécdota, quizá sólo relevante por el mérito de conseguir editar semejantes canciones en un entorno discográfico hostil como el de finales de los 70 y principios de los 80.

Radio Futura pusieron los cimientos a su mito gracias a los desencuentros con su discográfica primigenia (Hispavox), que les condenó a varios años de semi-clandestinidad durante los que mutaron hábilmente hasta encontrar el filón que les haría grandes. Un filón basado en un esquema rock, una base rítmica con filiaciones negroides, unos riffs guitarreros metálicos pero inspirados en el funky y unas letras bien medidas y nada banales. No en vano, contaban con un filósofo como cantante, y varios de sus miembros eran colaboradores habituales de la prensa underground. Tras un par de años componiendo y tocando por las catacumbas madrileñas, su nombre fue sonando entre el público más abierto y expectante, sobre todo a raíz de la publicación de un single, ‘La Estatua del Jardín Botánico’ (1982), una atractiva melodía (que incluso contó con un videoclip propio de película de Ed Wood) con enigmática y profunda letra que suponía un salto cualitativo en el panorama local de la época.

índice0000304727_350índice22Pero si fueron grandes fue gracias su trilogía básica e imprescindible: ‘La Ley del Desierto / La Ley del Mar’ (1984), ‘De un país en llamas’ (1985) y ‘La canción de Juan Perro’ (1987). Todo lo demás sobra. Tres obras capitales seguidas que, sin ellos pretenderlo, muestran el punto en el que se encontraba el alma colectiva del país a mediados de los 80, así como la evolución que estaba tomando. Tres obras maestras e ineludibles. Obligatorias para el canon de los viajes interestelares. Hay que sorberlas hasta el fondo.

La tripulante ALFA quedó deslumbrada con la aparición de ‘La Ley del Desierto / La Ley del Mar’, una auténtica explosión creativa. Unas canciones que venían del punk-rock, se entretenían por la new-wave (ese punto arty a lo Talking Heads…) e incorporaban algunas gotas étnicas (latinas, algo poco usual por aquel entonces). Allí, casi como de propina, ya escuela_de_caloraparece ‘Semilla negra’, el germen de lo que luego iba a crecer y a ocupar espacio mediático durante décadas (no sólo por parte de Radio Futura, sino que se iba a convertir en un estilo por derecho propio que seguirían multitud de grupos y solistas del más variado pelaje). La tripulante ALFA se recuerda a si misma con nostalgia tarareando la canción mientras realizaba trabajos agrícolas, encendiendo hogueras al atardecer y retirando hierbas de la falda de olivos centenarios. Mágicos momentos que no volverán. No era el único tema de esta guisa que se oía por aquel entonces, puesto que la radio emitía con frecuencia el ‘Colecciono moscas’ de Golpes Bajos, incluido en un álbum (‘A santa compaña’, 1984) con un más que evidente fondo rítmico latino. E incluso Malevaje con sus tangos modernos sonaban con frecuencia. Es decir, el terreno para el hibridaje rock-tradición latina ya estaba abonado y bien regado.

maxilimitadainteriorwebPero el disco que la tripulante ALFA piensa llevarse a su viaje a través de la galaxia es ‘DE UN PAÍS EN LLAMAS’ (1985). La tripulante ALFA residía en una intensa ciudad norteafricana cuando, en el expositor de casetes de un bar de reclutas, vio la famosa carátula de ‘En un país en llamas’. Por 500 ptas se hizo con la preciada cinta (y también con la casete de Los Rápidos que, junto a la de Radio Futura, estaban allí acompañando a numerosas cintas de Los Chunguitos, de El Fari y de un sin fin de melodías barriobajeras). ‘De un país en llamas‘ es el álbum de Radio Futura con el sonido más extraño, con una especie de sorda tormenta eléctrica de fondo y con un raro brillo metálico y seco en las partes vocales, pero a pesar de eso contiene un ramillete de canciones insuperables. Algunas remiten a ese fondo rural y salvaje del solar ibérico (como ‘No tocarte’ o ‘El tonto Simón’), otras celebran cómo la vida y la muerte corren a borbotones por los degradados centros urbanos (‘En el Chino’ o ‘La ciudad interior’), mientras que otras describen las sensaciones de visitantes a lejanos pueblos y territorios exóticos (‘Viento de África’ o ‘La vida en la frontera’). notocartewebAdemás, contiene temas como ‘Las líneas de la mano’, ‘Han caído los dos’ y ‘Un vaso de agua (al enemigo)’ tres obras maestras que con frecuencia han quedado ocultas por la popularidad de otros temas canónicos del grupo, pero a la tripulante ALFA le gusta reivindicarlas para su viaje a las estrellas. Resta la onírica ‘En alas de la mentira’, un etéreo poema lleno de sugerentes imágenes y reflexiones sutiles sobre humanos sonámbulos deambulando por los tejados.

ciudadinteriorwebCon todo, la canción que la tripulante ALFA cree más lograda de este álbum no es otra que ‘La ciudad interior’. Aún puede recordar cuando la oyó en la radio por primera vez, a modo de anuncio del nuevo disco de Radio Futura (pues fue uno de los singles). Era la prueba de que el grupo estaba avanzando hacia terrenos raramente explorados en nuestro ámbito cultural. Se trata de una composición que tiende al rock industrial, con una letra totalmente orgánica y declamada con la tonalidad precisa para resultar convincente, y con un repetitivo riff de guitarra que recorre los laberintos cerebrales del oyente hasta generar sinapsis imprevistas. imagesLa visión del grupo interpretando esta canción en un programa televisivo le acabó de convencer (aunque fuera play-back!). Aquello era imparable. La tripulante ALFA apreciaba la tendencia étnico-latina-africana que latía tras algunas de las canciones, pero el post-punk tenebroso al que apuntaban otros temas era también muy prometedor. Mucho. Aquel grupo era el futuro, y el futuro lo iban a marcar ellos.

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Amenazantes en la época de ‘La canción de Juan Perro’

El futuro fue ‘La canción de Juan Perro’ (1987), un disco que constituyó la cima creativa de su carrera. Un sonido exultante, con metales a tutiplén y transmitiendo una energía increíble. Contiene joyas tan populares como ‘La negra flor’, ‘A cara o cruz’, ’37 grados’, ‘El canto del gallo’, ‘Annabel Lee’, ‘La mala hora’ o ‘En un baile de perros’.  Un disco entusiasta en el que los ritmos latinos fueron los grandes protagonistas, hasta el punto de que en muchos temas parecen alumnos aventajados de un Rubén Blades electrificado y metalizado. De hecho, en el futuro posterior se ha recordado a Radio Futura principalmente por su papel de padres (o abuelos) del rock latino, lo cual es una burda manera de minimizar su legado, pues supone ocultar una parte sustancial de su obra. La tripulante ALFA siempre se ha preguntado qué hubiera pasado si Radio Futura no hubiera dejado de lado su tendencia afterpunk, pues a su juicio tenían un potencial enorme por esta otra vía.

hancaidolosdoswebPero, después de este álbum, Radio Futura como grupo ya no fueron demasiado lejos. Tras el disco en directo ‘Escueladecalor…’ (1989) (en realidad, ni frío ni calor, tan neutro que los sentidos humanos casi no lo captan), tan sólo editaron un nuevo álbum con canciones originales, ‘Veneno en la piel’ (1991), cuyo tema homónimo (‘Veneno en la piel’) fue un rock-salsero popularísimo que llegó a competir en las listas con el segundo hit latino de la era pop: el ‘Devórame otra vez’ de Lalo Rodríguez (el primero había sido el ‘Pedro Navaja’ de Rubén Blades, de 1978, popularizado por aquí por la Orquesta Platería en 1979).

Radio_Futura-Veneno_En_La_Piel-FrontalVeneno en la piel’ era un álbum digno que, aunque no llegaba a las cotas de creatividad y calidad de los anteriores, optaba claramente por la vía latina renunciando a seguir desarrollando y evolucionando los esquemas más rockeros. Ese era el camino elegido y las cifras les dieron la razón puesto que llegaron a número 1 en las listas de ventas, tanto de singles como de LP’s, algo que no habían conseguido con ninguna de sus obras anteriores. Pero a juicio de la tripulante ALFA, algo se rompió a partir de ese momento. La historia que pudo haber sido dejó de poder ser, y Radio Futura quedaron como aquel grupo balanceándose eternamente a ritmo de salsa.

01La opción latina fue asimilada, digerida y replicada posteriormente hasta la saciedad por numerosos imitadores, perdiendo su originalidad primigenia y diluyéndose en un magma indiferenciado y a la larga cansino. Al menos es lo que piensa a posteriori la tripulante ALFA, aunque en aquellos tiempos estaba encantada con la vena latina que tanto juego daba en los discobares, discotecas y bailes públicos.

Seguramente el ambiente social del país era ya muy distinto, las aspiraciones de modernidad se habían colmado y apetecía un retorno colectivo al kitsch, a las músicas que habían sido barridas por el advenimiento de aquel régimen político (y musical) que ya empezaba a dar muestras de esclerosis. La troupe de Almodóvar o el círculo de Alaska y Dinarama, sin ir más lejos, hacían ostentación, en principio paródica pero a la postre sincera, de su gusto por el toque retro que las músicas latinas ofrecían. Quizá era una forma de demostrar que las cosas no habían cambiado tanto (y las élites de antaño y sus gustos seguían en su sitio).

Radio Futura-Memoria del Porvenir frontalRadio Futura se disolvería en 1992. Posteriormente aún editarían varias remezclas de temas antiguos (‘Tierra para bailar’, 1992; ‘Memoria del porvenir’; 1998), operaciones de interés relativo. La tripulante ALFA todavía esperaba que algún día se reunieran de nuevo y retomaran la vía interrumpida del post-punk-rock adaptado al carácter polisilábico de las lenguas ibéricas, pero la muerte del guitarrista Enrique Sierra en 2012 dio por cerrado el caso. Se acabó.

Santiago Auserón ha seguido una prolífica e interesante carrera bajo el estandarte de Juan Perro, mientras que Luís Auserón (el bajista) se ha mantenido en activo intermitentemente, siempre con un toque especial en sus trabajos. Lo mismo puede decirse de otros miembros circunstanciales. Pero nada volvió a ser igual.

tour_animal1Radio Futura supieron interpretar lo que flotaba en el ambiente y traducirlo a ritmos, melodías y palabras. Fueron un espejo en el que los habitantes de los pueblos de Iberia pudieron reconocerse y atisbar hacia dónde iban. Se convirtieron en prescriptores involuntarios de una ruta a seguir, una ruta que posteriormente se bifurcó y desdibujó, dejando huérfanas una buena parte de las expectativas creadas. De ahí, quizá, la inevitable sensación de que todo terminó demasiado pronto, de que quedaba mucho por dar, mucho por explorar.

La tripulante ALFA no ha dejado de hacerlo, y ahora seguirá su camino a través de la Vía Láctea, aunque no puede evitar que se produzcan ‘interferencias’ en su corazón cuando se acerque a discos tan particulares como ‘De un país en llamas’.

Zaz – Sans Tsu Tsou

sans-tsu-tsou-4f3d02798cab1La tripulante Kowalsky se quedó fascinada cuando la escuchó por la radio. Una chica con una voz quizá algo agrietada pero veraz, capaz de surfear con elegancia por las escalas más dispares con un timbre que se agarraba en la base del estómago del oyente y le zarandeaba a su antojo. Aquella voz cantaba en francés. La tripulante Kowalsky anotó en un papel, con ciertas dudas, el nombre que el locutor pronunció.

Poco después, durante una estancia en París, aprovechó para indagar por algunas tiendas de música. Constató que allí estos establecimientos también están en declive, pues el consumo musical ha mutado formatos y rituales de manera drástica, dejando dichas instalaciones como obsoletos residuos de tiempos remotos. De todas maneras buscó y se arriesgó. Compró una estupenda caja de cartón con siete EPs dentro. zaz-live-tour-sans-tsu-tsou-scDe acuerdo con la propuesta que rezaba en la caja, cada EP estaba dedicado a un día de la semana. La tripulante Kowalsky aceptó el reto y durante la semana siguiente escuchó con gran atención cada CD el día correspondiente. No estaba mal, era una especie de cantautora electrónica… pero lo que ella había escuchado en la radio era otra cosa, algo más visceral. Aquello estaba muy bien, pero era diferente. Era Zazie (una cantante y compositora más que recomendable, por cierto). Sin duda, la tripulante Kowalsky había tomado mal la nota el día que la oyó por la radio. Así que se solazó con Zazie durante una temporada.

maxresdefaultUn tiempo después, en una tienda musical de Barcelona, la tripulante Kowalsky se dejó caer por la sección de música francesa e italiana, que por alguna extraña razón siempre están juntas. Ya sabía de antemano lo que allí encontraría, pues nunca suele haber sorpresas. El apartado italiano rara vez va más allá de Nicola Di Bari, Adriano Celentano, Domenico Modugno, Renato Carosone, Mina, Umberto Tozzi, Ricardo Cocciante y varios recopilatorios de canciones folclóricas venecianas. Con suerte a veces algo de Battiato. En el lado francés, los eternos Charles Aznavour, Jacques Brel, Georges Brassens, Edith Piaf, Georges Moustaki, Françoise Hardy, Gilbert Becaud y varios recopilatorios de música popular parisina con sus inevitables acordeones.

1338246687-zaz-gives-stunning-performance-in-macedonia--skopje_1242610Nada de música contemporánea, ni en un caso ni en otro. Parece que la importación de música francesa e italiana se detuvo en los años 60 o principios de los 70. ¿Por qué este evidente déficit? ¿Cuál será la causa de esta clamorosa ausencia? ¿Será que sólo la música anglosajona dispone de canales para ser distribuida más allá de las fronteras nacionales? Quizá sea así. El caso es que aquel día, mientras paseaba con pereza la vista por los lomos de los CDs en exposición, contra todo pronóstico, la tripulante Kowalsky fue a dar con un nombre que le era familiar: Zaz.ZAZLIVE1

El disco era “Sans Tsu Tsou”, y esta vez sí, era ella. La grandísima Zaz. Sin duda, un error de distribución llevó este disco hasta la tienda de Barcelona. Algo inaudito. Seguramente las cadenas de distribución musical ya habrán puesto remedio para que no se vuelva a repetir.

La tripulante Kowalsky todavía no sabe qué era lo que le impedía dejar de escuchar a Zaz. Simplemente no podía. Aquellos ritmos y melodías magnéticos combinados con la sugerente voz de Zaz eran irresistibles. Sin entender a penas lo que decía, todo parecía verosímil. Transmitía tanta fuerza y ganas de vivir que una mueca de optimismo le acompañó durante varios días a partir de la primera escucha.

Sans Tsu Tsou” es un disco en directo (‘voilà mon premier live, quoi de mieux pour clôturer cette tournée incroyable, si riche en expériences, 2 ans intensifs!!!’), editado en 2011 a modo de registro de la larga gira previa, iniciada en 2010, justo tras la publicación de su primer álbum titulado simplemente ‘Zaz’, repleto de buenas canciones. zazMientras el disco de estudio es más bien acústico con un fondo jazzístico, el directo tiende al rock y las canciones son más robustas, sin dejar el gusto por el soul y jazz en ningún momento. Las letras se notan bien trabajadas y apuntan a experiencias vividas.

Sängerin ZAZ ( FRA ).

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En los conciertos registrados Zaz (o Isabelle Geffroy) se encuentra arropada por dos guitarras virtuosas, con las que su portentosa voz juega, improvisa y compite en una carrera desbocada de notas arriba y abajo, por un contrabajo peleón que ejerce de colchón sobre el que Zaz se arroja y balancea a placer, por un acordeón y teclados siempre atentos que ocupan dignamente los pocos espacios que Zaz deja libres, y por una sección de vientos (saxo y trompetas) que consiguen el clímax imprescindible tanto en tiempos lentos como en los trepidantes finales. El disco en directo incluye 5 temas inéditos hasta ese momento (‘Ma folie’, ‘J’arrive pas’, ‘Je saute partout’, ‘Pray the Sunshine’ y ‘Aux détenteurs’).

7-ZazA pesar de que al principio tenía muy claro que sus preferidas eran ‘Les passants’, ‘Le long de la route’, ‘Prends garde à ta langue’, ‘Port Coton’, o, evidentemente, la premiada ‘Je veux’, posteriormente a la tripulante Kowalsky le cuesta escoger un tema concreto, pues todos le parecen excelentes. Sans Tsu Tsou se convierte así en un documento sonoro imprescindible para llevar a las estrellas, la prueba irrefutable de que un día en el planeta Tierra hubo vida, mucha vida.

En 2013 Zaz ha editado un nuevo disco (‘Recto Verso‘) que mantiene el nivel y recrea algunos peldaños más de ese mundo pop-rock-jazz-soul que tan bien ha dibujado. Es dudoso que lo podamos encontrar en las tiendas al uso, pero eso no importa en la era de la información globalizada. Su propia web parece un buen lugar donde buscar.

Recto-versoKowalsky advierte a sus compañeras de viaje sobre la conveniencia de mantener abierta la línea de comunicación con el planeta Tierra mientras dure su viaje, por si aparecen cosas tan interesantes como Zaz.

Antònia Font – Taxi

Antonia_Font-Taxi-FrontalLa tripulante ALFA ha salido corriendo hacia su antigua casa para buscar un disco indispensable para su viaje interestelar. Un álbum remarcable e imprescindible por tres razones: a) por la temática, eminentemente espacial y marciana; b) por la reciente y sentida disolución del grupo, pues a modo de homenaje póstumo este disco viajará a las estrellas; c) por la indiscutible calidad y originalidad del conglomerado de música, letra, actitud y estilo que ofrecían los mallorquines. Sobre todo estilo. Se trata de ‘Taxi’, el cuarto LP de Antònia Font, editado en 2004.

Antònia Font (tomaron su nombre de su primera fan) ha sido un grupo esencial cuya reciente disolución (finales de 2013) ha dejado un vacío difícil de cubrir. Un grupo capaz de elaborar las más dulces y sincopadas melodías en las que lograban introducir las letras más psicalípticas, rocambolescas e interespaciales, detallistas y anómalas, extrañas a la vez que cotidianas, cantadas con una sensibilidad exquisita pero sin dejar de ser brutales, algo sórdidas y bastante ácidas. El timbre de Pau Debon, el cantante, tenía mucho que ver en ello. Siempre calmado, como preso de una eterna desgana, pero a la vez extremadamente hábil en el encaje de frases de métricas dispares en el sinuoso ritmo del grupo, con múltiples sentidos, incluso en los temas más acelerados, y siempre sin despeinarse ni perder la calma ni el compás (por supuesto).

Unas letras que mayoritariamente procedían de la clarividente mente de Joan Miquel Oliver, capaz de expresar los sentimientos más hondos con las palabras más superficiales, las experiencias más comunes de los pobres humanos a partir de las situaciones más excéntricas o paradójicas. Unas letras que siempre intentaban ir más allá, huyendo de la obviedad, de los tópicos y de las expectativas del oyente pop. Porque lo suyo era pop con mayúsculas, aunque a menudo apareciera aderezado con ciertos toques folk, ritmos electrónicos, cadencias brasileñas o ramalazos latinos. Jaume Manresa (teclados), Joan Roca (bajo) y Pere Manel Debon (batería) completaban este quinteto mallorquín. La tripulante ALFA los echará mucho de menos. Quizá intente convencerles de que se unan a su viaje a los confines del sistema solar, probablemente serían buenos mecánicos orbitales.

Sin duda, su mejor trabajo es ‘Alegria’, el álbum que en 2002 les lanzó al público masivo en el ámbito catalanófono, con perlas como ‘Alpinistes samurais’, ‘Dins aquest iglú’, ‘Vos estim a tots igual’, o la propia ‘Alegria’ que también daba nombre al disco. La tripulante ALFA todavía recuerda con emoción cómo y cuándo cayó rendida ante la avalancha de Antònia Font, de aquel ramillete de reflexiones originales, de estribillos irresistibles y cadencias pegajosas. Escuchando las canciones de ‘Alegría’ llegó a entender lo que debe sentir la cobra al bailar al son de la flauta del faquir, una especie de trance embriagador que deja un agradable regusto en la memoria. No en vano, tras ser escuchadas, las canciones de Antònia Font se pueden degustar durante horas, días, quizá semanas, extrayéndoles todo el jugo mediante simples ejercicios memorísticos. Un placer para los sentidos, un puñetazo para el estómago, un doloroso placer absurdo. Una crónica descarnada de nuestras insignificantes vidas en un absurdo planeta.

Pero el álbum que la tripulante ALFA  ha decidido llevarse es ‘Taxi’, un disco que a pesar de su título y de llevar en la portada la foto de unos futbolistas, representa la crónica de un viaje espacial. En ‘Taxi’ encontramos un CD con 17 canciones, un DVD con una película espacial, y un amplio libreto donde aparecen letras de los temas junto con fragmentos de historias y fotos relativas a dicha película (titulada ‘Acronia i col·lapse del Dr. Polanski’). Un verdadero lujo. Un paquete conceptual indispensable en la discoteca de cualquier melómano contemporáneo. La tripulante ALFA lo sabe y actúa en consecuencia: Antònia Font retornará a las estrellas.

Antonia_Font-Taxi-TraseraTaxi’ es un álbum conceptual basado en la idea de la excitante exploración espacial a cargo de unos humanos poco dotados para ello.  Está dividido en 4 partes:

La parte I, titulada ‘Dos souvenirs de la Terra’ contiene 2 temas: uno que es simplemente sonido ambiente (intrigantes pajaritos…) y otro (‘Vitamina sol’) que ya anuncia las buenas vibraciones que van a seguir. ‘Vitamina sol’ a ritmo de vals-pop tiene un aire de declaración de amor al transcurrir de la vida diaria, a la incipiente primavera, a la excitación de un antiguo amor recién estrenado, todo ello barnizado con una ironía demoledora. El contagioso estribillo:

Te quiero. Yo quería hacer un reggae / Te quiero, creo que esto es más bien un vals / Redundan estas palabras /Sobre todo lo que hemos fornicado.”

La parte II se titula ‘Recital del robot y el astronauta’ y se desarrolla mediante 6 canciones. Es la parte central del álbum, el núcleo de la historia. Empieza con la impagable ‘Armando Rampas’, nombre de un peculiar astronauta en pleno vuelo orbital, amado y odiado por el terráqueo que le canta:

Comandante Armando Rampas / no te folles a las azafatas una tras otra / Comandante, no me abandones con tu paracaídas / mal te mates, incinerador de árboles, violador de las alturas.

Hay que decir, además, nunca una sirena había encajado con tanta naturalidad en una canción pop. Sobresaliente.

La siguiente canción es ‘Jo, Robot’, una oda sobre las melancólicas cavilaciones de un robot que se siente alienado en un mundo que no acaba de comprender muy bien.

El astronauta me ha explicado / para entender que la vida / en la Tierra dura un día / y vuelve a comenzar / Retenciones en la autopista / sale un sol horizontal / y a través de un parabrisas / un individuo bosteza / Si me preguntan qué tal / diré que normal / que yo tan sólo soy un robot / de hierro para todo.”

hqdefaultContinúa con ‘La vida de l’astronauta’, una canción sobre el épico explorador de mundos remotos y desconocidos, pero con los mismos problemas que cualquier humano en la Tierra cualquier tarde entre semana:

Esta es la vida del astronauta / que flota entre espacios orbitales / La tecnología ha sido una trampa / tengo los nervios destrozados / (…) / Y con tal diversificación de gente / la estratosfera tiene mucho ambiente / los bares de copas siempre van llenos / y nunca se vacían los bares de gays.”

Uno de los platos fuertes del disco es sin duda ‘Extraterrestres’, una estupenda canción acerca de las impresiones del astronauta en su encuentro con los seres de otro mundo, un retrato ácido de los viajes a mundos ajenos, de los turistas del espacio (interior y exterior):

Qué guay, qué guay / qué extraterrestres más originales / van en motos de agua por el ciberespacio / y una espada laser en su mano / (…) / Qué guay, qué guay, y meriendan pan bimbo con tulipán, montan una orgía piromusical / y se explotan todos los genitales”.

Y con un contagioso estribillo:

Y hola ¿qué tal? / Somos vuestros amigos de la Tierra / un planeta de polvo y de mierda / de un inhóspito sistema solar”

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¿DEVO? ¿Aviador DRO? No, Antònia Font! Fuente: http://fanmusicfest.com/content/ant%C3%B2nia-font

Se completa esta parte de la trama con el tema ‘Robot’, una nueva descripción del ritmo vital de los robots mencionados anteriorment:

“Dime qué piensas de noche / cuando el mecánico te apaga / cuando haces un cambio de software / siempre que te reprograman / (…) / “Todos los secretos de la ciencia / dentro de tu chasis de hierro / Crees que fue necesario / hacerte de hechura tan feo”

Esta parte II finaliza con el delicado instrumental titulado ‘Vehicle lunar’.

La parte III se titula ‘Viatges i postals de la Terra’, y consta de 5 temas. El primero es una estimulante a la vez que hipnótica secuencia melódica titulada ‘Portavions’ con una ingeniosa letra sobre las dificultades de la convivencia terrestre expresada a modo de sutil ajuste de cuentas:

Me falta un botón del abrigo / Y posters de cuatricomía anuncian unos discos que dejé por aquí / (…) / Un día de noche y de sueño / que miras y recoges la ropa / que nunca sé dónde tengo la puerta / que no proliferan las horas / que no puedo abrocharme el abrigo / A un mundo lleno de combinaciones / combina mi cielo siempre gris / con todos tus portaaviones / bahías de petroleros / excusas de malos bebedores.”

Multicinemes’ es un tema más calmado con guitarra acústica y palmas marcando un ritmo al paso… tan o más hipnótico que el anterior.

Qué difícil el día y la casa / el doméstico hoy me patina / todo se arregla con el justo bricolaje / que las cosas en sí necesitan / (…) / Como es el día final previsible? / La atarazana de hierro-pintura / ¿Cómo es el día final previsible? / de taxistas invisibles / ciudadanos en los multicines.”

Loco’ es una explosión de ritmos latinos, aires de cumbia, flautas peruanas, pero sin dejar el sonido tamizado de transistores electrónicos en ningún momento.

Quién se apunta a bailar sobre el mar? / Quién se apunta a dormir y a soñar? / Cornamusas, tuper-wares, olé! / shorts y Twingos de alquiler / sobrasada y cocarrois, muy buenos / una ensaimada inicia el vuelo.”

DOCU_GRUPO AntoniaFont.JPG Producción ABC360.Holidays’ es otro de esos temas clave del álbum, que desafía la lógica gramatical pero logra transmitir cientos de sensaciones encapsuladas en una estructura musical compleja y nada obvia, con pasajes furiosos (“Sunshine in yellow, viento saharaui / tienes el mehari en el sol / no me das miedo Carmen Consuelo / el dromedario está en Liverpool”) seguidos de interludios placenteros (“Ingrid es minimalista y tiene un discurso / Desirée es futurista y tiene un futuro / Yo soy pintor de marinas y olivares / Yo quiero ser da-da”).

La tercera parte se cierra con la canción ‘Milers d’habitants’, donde en la primera parte del tema Pau Debon va recitando la letra sobre un tímido arpegiado, hasta un momento en que el tema se vuelve sólo instrumental, con un cuatro marcando el ritmo y fuertes vientos en crescendo hasta que llega el final:

Huiré de mis invisibles / sentiré que los átomos más próximos a mí / nunca serán divisibles / radian calientes frecuencias solares / sueñan en fosforescencias miles de habitantes

images2La parte IV titulada ‘Gran final a l’Hotel Galaxi’ contiene los 4 temas restantes del álbum. El primero es otra de las joyas del disco, el ‘Astronauta rimador’. Increíble canción construida sobre una base electrónica con ramalazos de guitarra flamenca donde el cantante va rapeando las desventuras de nuestro astronauta a lo largo de 46 largos versos (sin repetir ninguno). A medida que el tema va avanzando, la voz se va volviendo más y más inaudible bajo el peso de un enérgico punteo de guitarra eléctrica, acabando en un puré de texturas electrónicas y acústicas difíciles de definir pero de lo más adictivas.

Soy el astronauta rimador, que rima y que se caga si fallan los motores / Soy el astronauta noventa y tengo un papel mate y un rollo de papel de váter

imagesEl siguiente tema es un instrumental a base de teclado o sintetizador(‘Cosmos inmutable’) que funciona como introducción a la última canción original del disco: ‘Cápsula d’emergència’, uno de los temas capitales. Un instrumental que se inicia con un recitado que se oye lejano, como entrecortado a través de la radio del astronauta, un resumen del desconcierto que ha sobrevolado durante todo el disco a los prepotentes pero desgraciados astronautas que han ido apareciendo:

“Al mirar al cielo / ondas ultravioletas, infrarrojas

Entre el submarinista y el pez que no sabe a dónde va / entre los huesos calcificados, células

Hierven partículas de H2O en el suelo despintado / entre sistemas solares, entre el espacio perdido

El astronauta camina con la seguridad de saber / que los amperios son el voltaje partido por la resistencia

Camina sin escrúpulos por ser como es / y no se expresa abiertamente porque no puede

Es así, el astronauta / y mira el cielo desconcertado: ondas alfa, ondas gamma.”

Tras este recitado continúa un estupendo tema instrumental a lo largo de los más de 5 minutos de duración del tema. Un tema que en su día no hubiera desentonado en cualquiera de los discos de Pink Floyd, por ejemplo, aunque Antònia Font lo saben dotar de una rara sensibilidad pop. Quizá es que, como ellos mismos decían en la estrofa final de ‘Holidays’: “Yo quiero ser cosmpolita y ver mundo / Yo quiero ser Pink Floyd”.

Hasta aquí llega la historia espacial, de astronautas, robots, recuerdos terráqueos y demás parafernalia retrodecadente e interestelar que en su día nos propusieron Antònia Font. Pero en ‘Taxi’ aún queda una última canción. El último tema del disco es una hermosa y casi amateur versión de ‘I just called to say I love you’ del fabuloso Steve Wonder. Una versión que suena como si estuviera tocada al fondo de un oscuro bar de una suburbial estación espacial del cinturón de asteroides. No podía haber mejor despedida. Genial.

En definitiva, ‘Taxi‘ es un álbum difícil de superar. Que musicalmente llega a cotas más que dignas, estilísticamente variado pero siempre con un reconocible hilo conductor electro-pop-folk. Que, además, cuenta una lúcida historia de robots, astronautas y extraterrestres, donde los alienígenas más despistados no son otros que los humanos que habitan (habitamos) el planeta Tierra. Y al que se suma un desconcertante video (‘Acronia i col·lapse del Dr. Polanski’) donde se narran las aventuras del profesor Joel Ethan Polanski, quien ha presentado un proyecto para desplazar la órbita de la Tierra para evitar el impacto de un asteroide. ¿Hay quien dé más?

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Posando para ‘Lamparetes’ (2011)

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Pau Debon y Joan Miquel Oliver en 2013, preparando sus conciertos de despedida.
(Fuente: http://noticias.lainformacion.com)

Sí, ellos mismos continuaron firmando discos de una singular belleza a lo largo de muchos años, hasta que en diciembre de 2013 decidieron decir adiós. Quizá la tripulante ALFA consiga convencerlos para que viajen con ella a los confines del Sistema Solar.

The Beatles – Rubber Soul

TheBeatles-RubberSoul_originalLa tripulante Kowalsky llegó al Instituto, entró en el aula y se sentó. Se sorprendió de ver el rostro lloroso de su compañero de mesa, desconsolado y mal dormido. El día anterior había sido un lluvioso 8 de diciembre, y, muy lejos de nuestro perdido territorio prepirenaico, John Lennon había sido asesinado por un desequilibrado que no había conseguido asimilar el tsunami que los Beatles habían desatado. No fue en Liverpool sino en Nueva York.

Gabriel Plana (GP), el citado compañero de mesa de Kowalsky, era un beatlemaníaco confeso y la muerte de Lennon le afectó más que si le hubieran anunciado el secuestro y posterior violación de su abuela a manos de un comando turco (nivel mínimo que Woody Allen estableció como umbral de lo inadmisible). La tripulante Kowalsky no entendía nada, y de hecho todo aquel affaire le traía sin cuidado. Principalmente porque entonces todavía ignoraba quién había sido Lennon y su determinante influencia, junto a sus compinches de Liverpool, en la conformación de los gustos y del modelo de explotación industrial de la música popular contemporánea. Al menos desde la generalización del microsurco (el LP a 33 ½ rpm patentado por CBS aparece en 1948, y el 45 rpm de RCA en 1949) hasta la reciente masificación del acceso a Internet.

Kowalsky inquirió a su colega explicaciones sobre lo que acababa de pasar. Así descubrió que, sin saberlo, ya tenía en su cabeza un buen número de canciones de The Beatles, adquiridas por simple ósmosis. Era inevitable, flotaban en el ambiente. Nadie que tuviera una radio a finales de los 60 o principios de los 70 podía permanecer ajeno de su influencia. Daba igual donde se viviera. Incluso en el alejado territorio fronterizo donde Kowalsky residía.

Kowalsky pidió a GP que le prestara una casete de The Beatles. A ser posible su mejor álbum, pues quería comprobar hasta qué punto las lágrimas vertidas eran razonables. Su interlocutor, tras unos balbuceos de duda, optó por ‘Revolver’. He ahí el mejor disco. O la mejor casete, para el caso. Sin embargo, al cabo de un rato, GP recapacitó y le dijo que le traería la cinta del recopilatorio azul, que reemplazaría por el álbum rojo al cabo de una semana, pues este era el tiempo máximo de duración del préstamo. “¿Y qué pasa con ‘Revolver’?” preguntó Kowalsky. “No lo entenderías” fue la lacónica respuesta de GP.

Suficiente para que la tripulante Kowalsky se sintiera impelida a bucear en el universo de los de Liverpool. ¿No lo entendería? ¿Cómo no iba a entenderlo si en su propio Instituto abundaban seres de dudoso IQ exhibiendo su infantil e irritante beatlemanía? Si incluso los políticos en televisión se atrevían a mostrar su simpatía hacia The Beatles. Si sus cancioncillas eran tarareadas por las madres de medio mundo, por vecinas poco viajadas o por insípidos trabajadores de la Caja de ahorros provincial. “Ella te quiere (ye, ye, ye)”, “Qué noche la de aquel día”, “Ámame”, “De mí para ti” o “Quiero tomarte la mano” parecían ser los más frecuentes e inocentes temas voceados por aquel cuarteto, envueltos en musiquillas propias de anuncio televisivo y cantadas con una actitud más bien adolescente, quizá levemente transgresora. Las típicas letras de amor y desamor, no demasiado diferentes al canon lírico de las coplas y pasodobles omnipresentes en la radio de la España franquista, o de los insufribles cantantes melódicos que copaban la programación radiofónica y televisiva de aquel 1980 que entonces tocaba a su fin. Y qué decir de la supuesta transgresión de los interfectos liverpoolianos, que, a juicio de Kowalsky, no pasaba de ser una nota simpática contra los gustos musicales de las élites del pasado. ¿Que Kowalsky no lo iba a entender? ¡Venga ese ‘Revolver’!

Pero la realidad es dura. Ciertamente, a Kowalsky le costó entrar en el universo Beatle y más aún captar el sentido de su trayectoria en el planeta Tierra, más allá de las banalidades publicitarias. Por eso hoy, en su viaje hacia las estrellas, no puede prescindir de algún retazo de su monumental legado. GP tenía razón: ‘Revolver’ es quizá el mejor de los discos de The Beatles. Pero Kowalsky ha optado por su inmediato predecesor ‘Rubber Soul’.

La productividad de The Beatles era muy elevada para los estándares de épocas posteriores. Transcurren poco más de 3 años desde su primer single (Love me do, 1962) hasta la publicación de su sexto álbum (Rubber Soul, 1965), con innumerables grabaciones entre medio (singles y EP’s). Rubber Soul es su sexto LP, lo graban entre octubre y noviembre de 1965 y lo sacan al mercado en diciembre, para que esté en los comercios en las navidades de ese mismo año.

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The Beatles en el Shea Stadium de New York, el 15 de agosto de 1965.
Fuente: http://www.voxac100.org.uk/images/bands_03/closeups/bands_03_08a.jpg

Tras acabar de grabar su anterior álbum (Help) en junio de 1965, los Beatles hicieron una breve gira europea que, además de varias ciudades de Italia y Francia, propició las dos únicas actuaciones que hicieron en España (el 2 de julio en Madrid y el 3 en Barcelona). Tras un mes de vacaciones, viajaron a los USA donde, además de hacer su famosa e inaudible actuación en el Shea Stadium de Nueva York (donde batieron el récord de asistencia a un concierto hasta la época), tuvieron varios encuentros que marcarían su carrera posterior. El más relevante parece ser el que mantuvieron con Bob Dylan (con quien ya se habían encontrado por primera vez en agosto del año anterior y a quien dejaron perplejo al reconocer que nunca antes habían consumido marihuana). En muy poco tiempo Dylan había expandido los límites del repertorio rock hasta territorios insospechados hasta aquel entonces (lo que le valió iracundas críticas de sus seguidores folkies). Hay que recordar que aquel mismo 1965 Dylan publicó dos discos fundamentales (Bringing It All Back Home y Highway 61 Revisited) que sin duda influyeron en los de Liverpool y en el resto del universo del pop y del rock de la época. Las consecuencias son perceptibles en Rubber Soul.

pcs3075_bSin embargo, la primera canción que graban para Rubber Soul es ‘Run for your life, una barbaridad indigna de su leyenda, al menos en cuanto a su letra machista sin paliativos. Pero la segunda que graban ya apunta indicios de las nuevas maneras: ‘Norwegian Wood’, uno de sus primeros temas escritos en forma narrativa (el crítico Ian MacDonald, consideraba que es la primera canción de los Beatles donde la letra es más importante que la música). Los Beatles, finalmente, quieren decir algo. A partir de este momento no sólo se dedicarán a expresar los sentimientos de la juventud de los 60 iniciándose en el consumo de masas, sino que además tendrán algo que decir, cuestionando esa misma sociedad que les encumbra (y, en parte, esto es lo que les hará perdurables). En ‘Norwegian Wood’ Lennon explica su recomposición de expectativas tras el encuentro con una chica que le invita a su habitación, donde estuvieron hablando y bebiendo vino hasta la madrugada, para después dormir cada uno por su lado (ella en la cama y él en el baño). Por su música podría ser perfectamente un clásico del folk, y abre una nueva dimensión en la música beatle.

El LP se abre con el contundente riff de ‘Drive my car’, otra de esas canciones de rítmica impecable en la que no sólo se describen sentimientos sino que ‘pasan cosas’: una aspirante a estrella le pide al protagonista (McCartney) que haga algo por ella, por ejemplo que sea su chófer, y así quizá consiga que le ame, aunque luego acaba por reconocer que ni siquiera tiene coche. El doble sentido erótico del asunto acaba por dar contenido a la historia. Bip, bip.. bip, bip… yea.

Pero la perla lírica del álbum es sin duda ‘In my life’, un melancólico retrato de las memorias pasadas a cargo de Lennon (un tema basado en un intento fallido de recuperar el Liverpool de su infancia, que retomaría un par de años después con más éxito en Penny Lane o Strawberry fields). Se trata de la canción más sentida, en la que los recuerdos a los que se fueron se compensan con la promesa de un amor contemporáneo:

“Hay lugares que recordaré toda la vida / Aunque algunos hayan cambiado / Unos para siempre, y no para bien / Otros han desaparecido, otros permanecen / Todos estos lugares tuvieron su momento / Con amantes y amigos que aún recuerdo / Algunos han muerto, otros están vivos / En mi vida los he amado a todos (…) Aunque sepa que nunca perderé el cariño / Por la gente y las cosas que ya pasaron / En mi vida… te amaré más que a nadie”

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John Lennon durante la grabación de Rubber Soul.        Fuente: http://24.media.tumblr.com/d2d3076defd1c861e12dfd805cc39a20/tumblr_mj1uybFojn1rir0glo1_500.jpg

La alienación humana en una sociedad cada vez más impersonal y errática no formaba parte del repertorio de la música pop, hasta que en ‘Nowhere man’ Lennon se dedica a describir sus sentimientos de inadecuación al entorno social en que vive. A pesar de su éxito popular y comercial, los Beatles también se sienten fuera de sitio, lo que les identifica con un enorme sector de juventud a la que las promesas de la sociedad de consumo les dejan sin horizontes. (Hay que recordar que 1965 es también el año de ‘(I can’t get no) Satisfaction’, de los Rolling Stones, quienes también se decantan a cantar las insatisfacciones y frustraciones juveniles). En definitiva, ‘Nowhere man’ es un tema que invita a la reflexión, con un acusado sentimiento nihilista que les aleja aceleradamente de los alegres acordes del she loves you yea yea yea de un par de años antes.

También George Harrison compuso un par de inspirados temas para Rubber Soul, como la suave y etérea ‘If I needed someone’, inspirada en un tema de The Byrds (“The Bell of Rhymney”) y evidenciando los primeros indicios de su creciente interés por la música clásica india; y, sobre todo, la dinámica y expresiva ‘Think for yourself, una exhortación a pensar por uno mismo, a rectificar y transformarse, con una innegable intencionalidad micropolítica en el contexto de aquellos tiempos.

El signo de los tiempos lo reflejan también Lennon y McCartney en ‘The word’, una canción basada en una sola nota y dedicada a expresar que la única solución radica en el amor, donde trasluce el ambiente de humo de marihuana que forma parte del grupo tras su encuentro con Dylan, y que puede ser leída como preludio de la contracultura hippy emergente (en aquel momento todavía reducida a algunas comunidades de California y de Londres, pero que eclosionaría un par de años después con el ‘verano del amor’).

En el disco, sin embargo, tampoco se olvidan de su amor a las mujeres, reales o ideales, a la manera más clásica del grupo. Así, McCartney refleja sus tensiones con su novia en ‘I’m looking through you y en ‘You won’t see me, donde se hace patente su preocupación por el distanciamiento que percibe entre ellos. También la mujer ideal es objeto de reflexión, y parece que tanto Lennon (con su ‘Girl’ de aires germánicos o centroeuropeos) como McCartney (con su ‘Michelle’ de estilo francés) optan por mujeres de ambientes artísticos y bohemios, de una supuesta elegancia europea. La ‘Girl’ de Lennon parece estar inspirada en Astrid Kirchher, la novia del exbeatle Stuart Sutcliffe, con quien coincidieron durante su periodo hamburgués de 1960-62.

What goes on era una canción de aire country cantada por Ringo Starr que el grupo llevaba tocando desde años atrás y que finalmente publicaron en este álbum. Y Rubber Soul se completa con ‘Wait’ un tema que sobró de las sesiones de Help, el disco anterior, y que no deja de ser un conjunto de tópicos románticos de lo más manido, en los que evidentemente no creían, y que su inclusión empezaba a ser algo incongruente con la nueva fase de su carrera.

Durante las sesiones de Rubber Soul, de octubre y noviembre de 1965, los Beatles iban tan sobrados que también grabaron ‘Day Tripper’ y ‘We can work it out, dos piezas maestras que editaron como single a la vez que el álbum.

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The Beatles en el Shea Stadium de Nueva York, una de sus últimas actuaciones en directo.
Fuente: http://www.voxac100.org.uk/images/bands_03/closeups/bands_03_08.jpg

El caso es que Rubber Soul constituye un claro punto de inflexión en el itinerario de los Beatles. A partir de aquí las cosas ya no serían igual. La inocente alegría popi-adolescente de sus primeros discos va quedando atrás. Su música se irá haciendo más y más compleja, principalmente porque en 1966 abandonaron las actuaciones en vivo y se centraron en las grabaciones de sus discos, convirtiendo el estudio en su local de ensayo, trabajo y creación. Algo que sólo ellos podían hacer gracias a sus ventas millonarias, pues EMI, su discográfica, puso a su disposición a los mejores ingenieros de sonido y los medios técnicos más avanzados del momento, contando con tiempo casi ilimitado para sus grabaciones. Todo ello, junto a su talento innato y adquirido, configuró un cóctel imparable que explica su relevancia artística y longevidad en el mundo de la industria discográfica.

Tal como GP dijo a Kowalsky el día de la muerte de Lennon, Revolver (1966) es el mejor, es el primer disco en el que coinciden todos esos elementos, y probablemente sea su hito discográfico principal. Posteriormente Sergeant Pepper’s (1967) mantendrá muchos de los valores y será un experimento interesante (quizá sobrevalorado, pero icono de una época), el Álbum Blanco (The Beatles, 1968) se expande en lo musical y literario pero ya muestra los síntomas de desintegración del cuarteto, y Abbey Road (1969) y Let It Be (1970) muestran los dignos e imperecederos restos del naufragio, con los Beatles y buena parte de sus compañeros de generación navegando como pueden a toda velocidad en una sociedad que se ha vuelto mucho más compleja. Pero Rubber Soul (1965) es el inicio de todo, es la palanca mediante la que el cuarteto toma impulso y salta a otra dimensión, pasan a jugar en otra liga, suben de pantalla y ya no vuelven a caer. Ni siquiera después de muertos.

Hasta el día de la muerte de Lennon, para la tripulante Kowalsky el 8 de diciembre no era más que la fecha de aniversario de la revolución anarquista de 1933, un peculiar episodio histórico que en su pueblo tuvo como consecuencia el destierro y posterior exilio a Francia de varios de sus parientes. A partir de entonces dicha fecha amplió considerablemente su significado, incluyendo las vicisitudes del universo pop-rock, lo cual supone un nexo de unión con muchos otros atribulados tripulantes del planeta Tierra. La tripulante Kowalsky, tras escuchar durante una semana el Álbum azul y otra semana el Álbum rojo, gentileza de GP, se olvidó durante muchos años de la magia de The Beatles y se adentró en otras músicas más duras.

Varias décadas más tarde, en 2003, mientras residía en la ciudad de Edimburgo, experimentó un episodio de reconciliación con el pasado que le llevó a revisitar con detalle la discografía completa de Led Zeppelin. Durante varios meses este grupo se convirtió en parte fundamental de su banda sonora cotidiana, junto a la obra de Leonard Cohen (por motivos diferentes, como algún día quizá nos explicará). Sin embargo, un día, mientras recorría las estanterías de la megastore de la ciudad escocesa, se fijó en la carátula de un CD que, tras ser religiosamente adquirido, fue añadido sin remedio a aquella banda sonora de su periplo edimburgués. Aquel CD era Rubber Soul, Kowalsky lo disfrutó de lo lindo, y ahora lo ha escogido para su viaje a las estrellas, pues sabe de su poder reconfortante para sobrevivir en lugares ajenos.

Siniestro Total II. El regreso

el regresoUna mañana de finales de 1983 la tripulante ALFA deambulaba por el camino de tierra que llevaba hacia su lugar de trabajo. Un sol otoñal perfilaba con nitidez las sombras de los matorrales del sendero. Como de costumbre, la tripulante ALFA llevaba consigo una radio sintonizada en la (ahora) mítica Radio 3. Aquella mañana entrevistaban a un grupo musical cuyos miembros afirmaban categóricamente que su principal referencia era, ni más ni menos, que Manolo Escobar. Ante semejante declaración de principios, la tripulante ALFA decidió cambiar de emisora, pues el susodicho cantante por aquel entonces representaba todo aquello de lo que había que huir (aunque décadas más tarde descubrió que era un gran tipo).

Sin embargo, cuando el dedo estaba a punto de girar el dial, el altavoz empezó a emitir unas guitarras saturadas y urgentes, parecían Los Ramones mal grabados, mientras la voz declamaba unas sugerentes estrofas:

Paseando por el campo con una sed espantosa /

divisé un manantial con una agua asquerosa /

pero era tanta la sed que no tuve reparo /

y todo aquel beber me va a salir muy caro”.

A la tripulante ALFA le pudo la curiosidad: ¿por qué todo aquel beber le iba a salir tan caro? Ya no cambió de emisora. La entrevista fue un auténtico despropósito, pero el locutor parecía saber encajar con envidiable cintura la avalancha de enfermizas respuestas que los miembros del grupo le colocaban. A partir de ese momento, la tripulante ALFA supo que aquellos aparentes descerebrados se hacían llamar Siniestro Total y que acababan de publicar su obra maestra. Bueno, esto lo supo años después, cuando el grupo tuvo suficiente trayectoria como para poder comparar entre sus decenas de discos y canciones.

4c7bb7d61aa478.07698719Aquella mañana de otoño Siniestro Total estaban presentando su segundo disco titulado ‘El Regreso’. En la portada aparecía un enigmático Bob Hope sosteniendo una media sonrisa y un enorme vaso de leche (o viceversa). El grupo ya había grabado un disco previo y con un estilo (y un destrozo) similar, pero este segundo contaba con la novedad de que habían perdido al cantante (German Coppini), quizá harto de tanta irreverencia descontrolada. El ideólogo de ST debía ser sin duda Harpo Marx, y sus discípulos más aventajados aquellos tres humanos: Miguel Costas (guitarra), Julián Hernández (batería) y Alberto Torrado (bajo). Los dos primeros además cantaban o algo así.

El disco era un collage de irreverencias y despropósitos a la manera luliana. Se cuenta que Ramon Llull, el sabio mallorquín del siglo XIII, había inventado un método para predicar el cristianismo por tierras musulmanas consistente en una especie de ‘rueda’ de palabras que permitía rebatir cualquier cosa que el interlocutor pretendiera argumentar. No es de extrañar que Ramon Llull muriera apedreado en un pueblo norteafricano mientras probaba su invento. Siniestro Total, en su reencarnación como trío punk-rock, parecían haberse agenciado un instrumento de ese tipo, lo habían cargado con palabras escogidas al azar de la enciclopedia Espasa y las habían disparado sobre la mesa de mezclas del estudio  de grabación, dando lugar a una enorme cantidad de historias mordaces de menos de dos minutos. Al azar, pero no tanto, porque la resultante es un buen retrato sociopolítico del momento histórico que les tocó vivir (y componer).

El álbum incluía 21 temas, el más largo de 2’52’’ (‘Los malos al infierno’) y el más corto de 0’33’’ (‘Al que eyacula dios le ayuda I’), incluyendo todo tipo de sonidos extraños (timbres, cláxones, pedos, explosiones, alaridos, cadenas de váter, cremalleras, etc.).

La primera cara se abría con  una especie de instrumental sobre el que berreaban sucesivamente la enigmática frase ‘Al que eyacula Dios le ayuda’, hasta que, en un momento dado (a los 33 segundos justos), el tema se interrumpía de manera drástica y, súbitamente, aparecía la segunda canción. Al inicio de la segunda cara, aquel primer tema continuaba desde donde había quedado hasta el fade-away final…

4c7bb12ec110d7.18253350En el segundo tema (‘Más vale ser punkie que maricón de playa’), a un ritmo machacón nos informaban de que ‘a Bryan Ferry le huele el aliento’ y de ahí se deducía el título del tema. Sin tiempo para el respiro entraba el tercer corte, una espídica versión del Grupo Sportivo (Go’n get it!) que los gallegos tradujeron como ‘Superavit’ y que, curiosamente, tenía algo de clarividente, pues anticipaba al actual contexto de crisis financiera y económica: ‘veo la ruina a mi alrededor, todos en el paro y yo me estoy forrando’. Bien, lo cierto es que la España de 1983 era lo mismo pero con la amenaza de una guerra nuclear inminente en todos los noticiarios.

La cuarta canción permitía un cierto descanso al sufrido oyente. ‘Encuentros en la tercera edad‘ (un guiño a Spielberg) era el tema musicalmente más monótono del álbum (será que ST sólo funcionan a tope), si bien contaba con una letra perpetrada con la colaboración del poeta gallego Antón Reixa (quien, por cierto, también co-firmaba la letra del ‘Más vale ser punkie…’).

En el quinto lugar aparecía el tema que había llamado la atención de la tripulante ALFA en su paseo radiofónico otoñal. Su título era ‘Sexo chungo II (el regreso)’. Los autores osaron meter en 1 minuto y 43 segundos la historia de la caída y resurgimiento de un avispado transexual, todo ello con su correspondiente presentación, nudo y desenlace, y aún les sobró tiempo para añadir una parte instrumental final con ecos de western justiciero. ¿Hay quien dé más? images3Lo de ‘Sexo chungo II’ se debe a que con su antigua formación ya habían grabado un memorable single titulado ‘Sexo chungo’, cantado con decadente resignación por un Germán Coppini todavía en la órbita punk. Irrepetible. Los dos.

Ni siquiera llevábamos 9 minutos de música desde el inicio del álbum cuando hacía acto de presencia la sexta canción: una idiotez titulada ‘Oye nena, yo soy un artista’ que, a partir de los pausados acordes del ‘Woman from Tokio’ de los Deep Purple, de improviso se aceleraba tanto que a Blackmore le hubiera volado sin duda el peluquín. Quizá sea el tema más punk del álbum, con los dos cantantes de ST gritándose a pleno pulmón unas rimas estocásticas… La tripulante ALFA no consigue imaginarse el momento en que Miguel Costas y Julián Hernández se debían estrujar el cerebro (poco) para conseguir frases que rimaran con la proposición ‘Oye nena yo soy un artista’. El resultado sólo lleva a la perplejidad: ‘Mi padre trabaja en el sector vitivinícola / y yo no soy ningún cavernícola / Mi padre trabaja en el sector de hostelería / y mi pintura no es ninguna tontería’. Aun así, el tema tenía moraleja: era un lamento ante la falta de sensibilidad del público, porque, como suele pasar, ‘¡a ti todo te da lo mismo!’.

El corte séptimo volvía a relajar el ritmo pero soltando varias cargas de profundidad sobre lo políticamente correcto: ‘Trabajar para el enemigo’ es una incitación a la deserción y a la traición a la patria. “Me ha dicho un amigo / que en el otro lado / tienen una negra / todos los soldados / Tiro la corneta / y el estandarte /  y me voy corriendo / hacia la otra parte’, con un estribillo que reza ¡‘Viva la traición!’. ¿Es una canción antimilitarista? No lo podríamos asegurar.

imagesPero lo mejor del álbum llega a continuación. Con las dos siguientes canciones ST llegan al culmen de su carrera: ‘Naturaleza’ es un canto acelerado y a la par costumbrista sobre los problemas de los amantes de la naturaleza (“Los ecologistas se sientan en la hierba / y todas sus partes se llenan de mierda / ¿qué dirán sus mujeres cuando estén a solas / y vean que sucias tienen las bolas?”). Inenarrable. Justo después y a ritmo de swing llega ‘La caca de colores’, un tema que plantea una pregunta filosófica que habrá acompañado a la humanidad desde el principio de los tiempos. ¿Por qué la caca es de ese color y precisamente de ese? ¿Podríamos cambiarlo? O sea, como ellos dicen: ‘Tengo que inventar algo para poder hacer la caca de colores / No volveré jamás al váter a cagar la caca marrón / ¡Qué vulgaridad!’ (letra íntegra del engendro).

El escritor Moncho Alpuente firmaba la letra de la siguiente canción, inopinadamente cantada en italiano inventado: ‘Non credo en el amore’. Aunque dado lo rápido que la cantaban, al oyente medio le solía pasar inadvertido el idioma en el que era perpetrada. La primera cara del LP se cerraba con otra versión, esta vez del ‘Do the mutilation’ de The Revillos, que ST tradujeron como ‘Opera tu fimosis’. Un tema de contagiosa alegría a pesar de la letra. Impagable.

images2Las 11 canciones de la cara A han durado poco más de un cuarto de hora. No hay tiempo para aburrirse. La cara B ya está aquí. Dado que la tripulante ALFA va a necesitar grandes energías para convencer al resto del pasaje de la conveniencia de subir a bordo este LP, la descripción de la segunda cara ahorrará detalles. Quien los quiera no tiene más que oírlo.

La cara B se abría, como ya se ha dicho, con la parte final de ‘Al que eyacula Dios le ayuda’, y a continuación vienen 9 canciones más a cual más surrealista e irreverente. Los ritmos suelen ser tan acelerados como los de las anteriores, las melodías tienden a un power-pop de aires ramonianos. Y las letras son un perfecto resumen de los noticiarios del momento: Mención al deterioro político en América Latina en aquella época (‘El sudaca nos ataca’: “El sudaca nos ataca y en la pampa mata vacas / y paga a los mercenarios con dinero agropecuario“); referencias a personalidades políticas en situaciones ridículas (Fidel Castro o Martin Luther King, en ‘Los malos al infierno’); las peripecias de una seguidora del líder de una secta ultracatólica, el Papa Clemente, entonces recién excomulgado ‘(I left my heart in) El Palmar de Troya’: “Me voy a Sevilla inmediatamente / mi chica es devota del Papa Clemente / vestida de negro hasta los tobillos / contempla orgullosa su look tridentino“); el best-seller de Malcolm Lowry que todos los suplementos literarios de la época alababan, pero llevado al terreno ST (‘Bajo el volcán’: “El Kilimanjaro es un sitio caro / al lado del cráter hay cafetería y váter“); referencias al Papa Wojtila (‘Viva Polonia’: “Si fuese Papa heredaría el Vaticano una hija mía“); o a un perturbado secuestrador de diabéticas (‘Con ellas yo soy feliz’).

images5No obstante, la joya de la segunda cara es una alegre cancioncilla cantada con cara de palo en la que nada tiene relación con nada: ‘No somos de Monforte’.

Si el último mohicano te retira el saludo

Si se hunde el puente de Rande mientras tu estás pasando

O si aterriza el Columbia en el tejado de tu casa

Y descubres que la NASA roba tus discos de cumbia

Si eres honoris causa, si tienes la menopausia

Si estás afligido pues tu pito se ha caído

Esta canción no te importe / No somos de Monforte.

Intrigante ¿no? El disco lo completaban dos nuevas versiones, una de Andrés Do Barro, cantautor melódico de principios de los 70, de quien versionean ‘O tren’, un tema íntegramente en gallego y que parece hecho a medida de ST; y otra de Chuck Berry, ‘Carol‘, que tiene la extraña particularidad de que la cantan a capella, es decir, sin instrumentos, pero… ¡las voces sólo imitan la música, no la letra! Lo cual produce un efecto desasosegante. Impagable (de nuevo).

En fin, la tripulante ALFA lo tiene claro: Siniestro Total II (El Regreso) formará parte de su huida a las estrellas. Es una crónica perfecta de cómo era el planeta Tierra el último cuarto del siglo XX. Y todo el mundo necesita una válvula de escape.



ADDENDA

Tras Siniestro Total II (El Regreso), en unos meses la banda editó un nuevo LP titulado “Menos mal que nos queda Portugal” (1984) y que sería su impulso definitivo para acceder a la primera división del nuevo pop-rock ibérico. Este disco contenía perlas como E.L.E.V.E.N. (en el que se relataba el famoso encuentro entre Matt Murdock y Ray Charles), “Que corra la nicotina” (himno al tabaco negro), “Assumpta” (himno a una chica muy mona que vivía en Barcelona), “Keke Rosberg“(rugidos de motor para una conspiración entre boxes), “Oh qué raro soy” (inefable), “Te quiero” (un verbo que nunca nadie hubiera pensado oir en labios de Siniestro Total, pero que entró en los 40 Principales aprovechando el boicot de la emisora a las discográficas clásicas), o “Miña terra galega” (lo nunca visto: un grupo punk versionando a una banda de rock sureño y encima perpetrando un himno oficioso galego por excelencia). Olvidábamos mencionar la mejor del lote: “Quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos“, una lección de historia y ciencias naturales para dar respuestas gallegas a preguntas universales.

La vorágine que siguió a la edición de “Menos mal que nos queda Portugal” propició que la tripulante ALFA viera pasar a Siniestro Total por su localidad al cabo de poco tiempo, concretamente el 31 de agosto de 1985.

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La tripulante ALFA y sus colegas aprovecharon la prueba de sonido del grupo, entre la orquesta pachanguera de la tarde (Ethel y su Orquesta) y la sesión de noche (que incluía “sesión de tangos y chotis para la tercera edad”, según el dicharachero programa de fiestas), para hacerles una breve entrevista. Se realizó el 31 de agosto de 1985 hacia las 10 de la noche en la pista de baile del recinto escolar municipal, y constituye una muestra de la actitud y desparpajo del grupo (y del entorno en el que se movían, incluída la tripulante ALFA y sus adláteres), así como su lucidez para responder a preguntas absurdas. Ninguno de los presentes en aquella ocasión podía sospechar que tres décadas después el grupo continuaría en activo. No future… pero mañana nos vemos.

Hacia las 2 de la madrugada, tras un par de horas de baile pachanguero, salieron a escena los cuatro Siniestro Total, los tres de siempre: Julián Hernández a la batería y voz, Miguel Costas a la guitarra y voz, y Alberto Torrado al bajo; y a los teclados un recién incorporado Javier Soto. Hicieron un concierto demoledor, enlazando temas sin solución de continuidad y sin dar respiro al personal. De tanto en tanto lanzaban consignas extemporáneas (¡Viva el Frente de Liberación Animal!) y seguían a lo suyo a todo trapo. El tercio del público más próximo al escenario pudo dejar de saltar durante la hora y cuarto de actuación, a veces de manera arriesgada para la integridad física de muchos de los presentes. Tan pronto como acababa de sonar el último acorde de cada canción, Julián Hernández daba la entrada al siguiente tema golpeándose el casco con la baqueta (llevó un casco de minero durante todo el concierto). Tocaron varios temas todavía no grabados, algunos de los cuáles aparecerían en su siguiente Lp ‘Bailaré sobre tu tumba’.

Kaizers Orchestra – Ompa til du dør

Kaizers_Orchestra_-_Ompa_til_du_dørUna noticia de la radio ha dejado inquieta a la tripulante ALFA. Mientras daba los últimos ajustes a los tanques de combustible, un locutor ha anunciado distraído que la Kaizers Orchestra dejaría de grabar discos y de dar conciertos.

Incrédula, la tripulante ALFA se ha volcado en las redes digitales para intentar averiguar qué está pasando en el planeta para que los noruegos hayan decidido retirarse de circulación. La tripulante ALFA teme que se hayan escondido en algún frondoso bosque cercano a los fiordos, preparándose para la inminente destrucción global. Ella pensaba contar con más tiempo para la huida a las estrellas.

Tras consultarlo con las tripulantes Kowalsky y Omega, han acordado contactar con ellos para compartir el diagnóstico de la situación, así como potenciales conocimientos y esfuerzos de cara a la común huida a través de la galaxia. El viaje se prevé largo, y sería bueno contar con cómplices para encontrarse en el lugar de llegada, o quizá en paradas intermedias en su ruta interestelar.

Como es sabido, Kaizers Orchestra es un sexteto singular que produce una música situada en algún punto intermedio entre la galaxia rock/pop, la nebulosa klezmer  de la Europa del Este, el agujero negro del blues, a dos grados de latitud de los ritmos gitanos, ramalazos del black metal nórdico, bastante de las constelaciones inarmónicas de Tom Waits, y una puesta en escena típica del teatro de entreguerras.

Fuente: tuneoftheday.blogspot.com

Fuente: tuneoftheday.blogspot.com

La tripulante ALFA ha decidido subir a bordo el fundamental primer disco de Kaizers Orchestra, titulado “Ompa til du dør” (traducible como “Ompa hasta que mueras”) (en el tema homónimo, la frase completa se refiere a bailar ‘ompa’ hasta morir, donde ‘ompa’ parece ser un baile popular alemán parecido a la polka). Una característica esencial del sexteto es que cantan en noruego, concretamente en un dialecto del área suroeste del país (a diferencia de buena parte de sus congéneres que suelen grabar en inglés, con bastante buena fortuna).

Fuente: tuneoftheday.blogspot.com

Fuente: tuneoftheday.blogspot.com

Lo curioso del caso es que, aun cantando en noruego, consiguen transmitir grandes sensaciones a los oyentes socializados en otras lenguas. Cuando la tripulante ALFA los oyó por primera vez en un bar de Bergen (la ciudad más lluviosa de Europa y más musical del mundo), aunque no entendía nada supo inmediatamente que le estaban hablando a ella. Era una música de las que atraviesan el espinazo, que ella al principio confundió con algún tema desconocido de Tom Waits. Pero rápidamente se dio cuenta de que aquella voz contundente y aterciopelada, rodeada de instrumentos de cuerda, trompas sutiles y saturadas guitarras eléctricas, formaba parte de algo más amenazante. Preguntando a la concurrencia (Roger Strand and colleagues, many thanks!), la tripulante ALFA descubrió a un grupo excitante.

Ompa til du dør” fue editado el año 2001. Anteriormente, el cantante y principal compositor (Janove Ottesen) y el guitarrista (Geir Zahl) se foguearon en varios grupos de la impetuosa escena noruega de fin de siglo. Su anterior aventura se tradujo en dos grabaciones (en cassette!) de las que vendieron 50 y 100 copias respectivamente. Pero cuando el año 2000 fundaron Kaizers Orchestra y empezaron a dar conciertos, se dieron cuenta de que habían dado con una fórmula mágica, llegando a la fibra sensible de un público muy diverso y curioso, que les agradecía su voluntad de ir más allá.

Ompa til du dør” incluye una docena de temas con un ambiente común, una mezcla de energía y melancolía, en la que las letras retratan a personajes caídos, describen obstáculos que la sociedad (im)pone a quien se sale de la ‘norma’ (Kontrol pá kontinentet; Ompa til du dør), dibujan escenas de guerra donde los soldados son víctimas de un juego macabro que todo el mundo parece querer ignorar (Mr 170), efectúan menciones a la resistencia (en varios sentidos), describen situaciones límite y absurdas (Rullet), se ponen en la piel de alguien en búsqueda de venganza (Fra Sjåfør Til Passasjer), etc. Imposible permanecer indiferente.

Fuente: michaelgrein.com

Fuente: michaelgrein.com

Tras “Ompa til du dør”, los noruegos facturaron una decena de álbumes, cada cual más interesante, así como algunos EPs y elocuentes directos. Sus últimos discos (hasta el momento) forman la trilogía Violeta – Violeta I (2011), Violeta – Violeta II (2011) y Violeta – Violeta III (2012), incluyendo un total de 30 canciones que configuran una ambiciosa obra conceptual.

La tripulante ALFA se tranquilizó cuando, en una web de fans del grupo, descubrió que la decisión de dejar de grabar y de actuar se debe a que, durante unos años, van a dedicar todas sus energías a transformar dicha trilogía en un musical con el que piensan girar por la escena teatral nórdica. La tripulante ALFA agradece las inquietudes por la experimentación de la Kaizers Orchestra, y no puede dejar de aullar con ellos con impetuosa energía el final del fabuloso tema ‘Resistansen: ompa til du dør! ompa til du dør! ompa til du dør!Kaizers+Orchestra+-+Butoon+.+Gasmask+Goldjpg

Pink Floyd – Wish You Were Here

pink_floyd___wish_you_were_here_by_soulnex-d5f4nbwLa tripulante Kowalsky pretende llevar consigo un disco de Pink Floyd. Tras intensas cavilaciones y discusiones con el resto de la tripulación, se ha decidido por Wish You Were Here (1975).

Pink Floyd fue un grupo peculiar, cuya temática y estética encaja perfectamente en el desarrollo de cualquier viaje interestelar que se precie. Su música está compuesta de texturas que combinan sonidos electrónicos y acústicos, sin renunciar al nervio rock (perfectamente representado por los míticos solos de guitarra de David Gilmour), así como de imágenes icónicas (proyecciones en directo mediante tecnologías elaboradas por el propio grupo, una iconografía característica en sus portadas, básicamente diseñadas por el colectivo Hypgnosis, cuyos miembros procedían del mismo sustrato contracultural que el grupo), elementos todos que que sugieren largos viajes (trips?) que abarcan desde la psicodelia y la percepción interior hasta la contemplación extasiada del firmamento. O de la otra cara de la luna! CCC57F7CC

La tripulante Kowalsky podía perfectamente escoger otros álbumes de la dilatada trayectoria del grupo.  Evitaría, quizá, sus primeros tiempos (etapa Syd Barret, e incluso Soucerful of secrets), aunque a veces todavía los escuche en su taller. Sin embargo, no tendría inconveniente en subir a bordo cualquier disco del grupo a partir de Atom Hearth Mother (1970). Con Meddle (1971) disfrutaría de lo lindo (“One of these days” o “Echoes” son de sus preferidas, e incluso “Seamus”, el sorprendente blues cantado por el perro, sin desmerecer de “Fearless”, con su coro de hooligans final). También algunos temas de The Dark Side of the Moon (1973) serían de su interés (aunque Kowalsky haya siempre pensado que es un álbum sobrevalorado), como “Time”, “Eclipse” o “Us and them”.

pink_floyd_pompeii_wallpaper_by_ineedfirePrecisamente “One of these days“, “Us and them” o, en particular, “Echoes” constituyen unos de los puntos de anclaje de estos episodios sonoros con el sustrato personal de Kowalsky. Su escucha le remite a aquellas tardes de domingo post-adolescentes cuando, en el reservado de un pub, se tragaba una y otra vez el video de “Live at Pompeii”,  con aquellas siluetas de músicos al trasluz entre las ruinas, la lava y las humaredas del volcán, las silenciosas y milenarias pinturas romanas, las estatuas del museo de Nápoles, con Gilmour sentado descalzo tocando la slide, el perro de “Seamus” emitiendo lamentos, el anfiteatro lleno de cables y las gradas vacías mientras la música sonaba frenética, con Roger Waters golpeando furioso el gong mientras el sol alcanzaba su zénit, con todas aquellas referencias astronómicas (telescopios, vistas de la luna) envueltas en texturas musicales medio humanas medio máquinas, sonidos irritantes, orgánicos…

PINK FLOYD - WISH YOU WERE HERE - PS01 frontLa tripulante Kowalsky interiorizaba todo aquello mientras intentaba dar algún sentido a su vida, cosa realmente difícil las tardes de domingo. La transición de cualquier humano hacia una vida autónoma y plena tiene un duro precio, requiere transitar por territorios desolados, preñados de momentos de zozobra y de incertidumbres ancestrales. Un mar de incógnitas que inevitablemente han propiciado la invención de la música (y, probablemente… de la religión) como mecanismo evolutivo extremadamente útil para sobrevivir en este mundo. Para los humanos, el tránsito hacia la vida adulta es una batalla a vida o muerte de la que no es posible salir indemne. Las cicatrices de esa lucha conformarán la personalidad del individuo en lo que le reste de vida. Y la música es un buen punto de apoyo para dicho viaje. Tanto como para el viaje a las estrellas que preparan nuestras protagonistas.

Pink Floyd Wallpaper 124Por ello, la supervivencia requiere de lugares a donde ir a lamerse las heridas con tranquilidad. El primero suele ser el útero materno, más tarde la casa de la infancia. Pero, cuando salen a dar la batalla por su cuenta, los humanos necesitan encontrar refugios seguros, puertos a cubierto de los temporales donde descansar y reordenar pensamientos, recuperar fuerzas y purgar emociones. La trastienda del Pub Aravy era uno de esos lugares. Un lugar de oscuridad casi absoluta, con varias filas de asientos de lona encarados hacia una pantalla donde sólo se proyectaba música (cuando aún no había llegado la MTV). Allí Kowalsky se empapó de proyecciones de conciertos y videos como (recuerda) los sudorosos de la Creedence Clearwater Revival, o el insistente Rock & Ríos en su apogeo. Lo dicho, un lugar de refugio, siempre en domingo por la tarde (las horas más hostiles jamás inventadas).  Allí los miembros de Pink Floyd deambulaban entre las ruinas de Pompeya. Y Kowalsky entre las ruinas de su post-adolescencia, intentando dar un salto más allá, crecer y ponerse a salvo.

Pink Floyd llegaron así hasta Kowalsky. Por la vista antes que por el oído. O al menos a la vez. Y en este impacto visual jugaron un importante papel las portadas de los discos. Aquella portada de Wish You Were Here, con dos hombres de negocios bien plantados dándose la mano en una medio de la calle de un polígono industrial… era chocante. Enigmática. Chocaba tanto con el imaginario rock como con el de la psicodelia, del hipismo, y de todo tipo de corrientes contraculturales que hacían furor entre los entendidos de la época. Chocaba sólo hasta cierto punto, porque una de las cosas sorprendentes era que… ¡uno de los dos hombres estaba envuelto en llamas!, mientras el otro no dejaba de darle la mano. De algún modo, la natural desconfianza que la tripulante Kowalsky sentía hacia los trajes y las corbatas, se veía reafirmada a partir de aquella icónica imagen. Es más, cada vez que a lo largo de su itinerario biográfico tuvo que dar la mano a alguien disfrazado con dicha vestimenta, nunca pudo evitar mirar disimuladamente si surgían llamas por encima del hombro de su interlocutor.

El interés de la tripulante Kowalsky por Pink Floyd, además de por su vertiente musical, se fundamentaba también en el planteamiento ideológico. Sus letras y actitudes pretendían una crítica social permanente de la alienación de los individuos en aquella perversa sociedad capitalista industrial donde le había tocado vivir, una crítica hacia la incomunicación, la desorientación, la manipulación y opresión, etc., que sufrían los humanos de la segunda mitad del siglo XX.

Wish You Were Here es un disco conceptual alrededor de la idea de ‘ausencia’, del extrañamiento de las personas queridas, un lamento por los humanos concebidos como simples piezas de la máquina, al servicio del mercado, de la empresa, del estado. De músicos enajenados por una industria musical que les promete riquezas a cambio de exprimirles al máximo, de anularles como creadores (‘Welcome to the machine, ‘Have a cigar). En este disco Pink Floyd homenajean a su antiguo líder caído, Syd Barret, a quien al parecer va dirigido el lema principal (“ojalá estuvieras aquí”) y dos de los temas (el homónimo ‘Wish you were here’ y ‘Shine on you crazy diamond’). Seis años antes, la disfunción psicosocial extrema en la que se encontraba Barret amenazaba con llevar el grupo a la descomposición, así que simplemente le abandonaron. Ello les conllevó acusaciones de traición por parte de sus fans, aunque quienes más tenían que perder eran ellos, pues Barret había sido el principal compositor, cantante y guitarrista, por lo que tras su ausencia nadie daba un duro por ellos.

Sin embargo, a juicio de la tripulante Kowalsky, su reconversión fue providencial, pues desarrollaron un proyecto musical mucho más estimulante (al mismo tiempo que intentaban ayudar a Barret en su carrera en solitario!) que les convirtió inopinadamente en unos de los grandes triunfadores del rock de los 70. Con una música cada vez más compleja, con temas de largos desarrollos con partes melódicas fácilmente asimilables combinadas con pasajes ruidosos, desconcertantes, incómodos, que requerían de una intensa complicidad del oyente. ‘Shine on you crazy diamond’ sería un buen ejemplo (en conjunto duraba unos 26 minutos, con nueve partes y dividido en dos mitades para abrir y cerrar el álbum).

pinkfloyd-diver-1Poco a poco, su música se fue convirtiendo en un reto para su propio público, pero sorprendentemente fueron ganando adeptos hasta devenir un grupo de masas. Probablemente, su vertiente visual tuvo mucho que ver en este éxito, pues sus conciertos fueron adoptando una forma cada vez más teatral, a modo de un espectáculo de ópera moderna y llenos de cachivaches tecnológicos (rayos laser, hinchables voladores, aviones de guerra sobrevolando el escenario, etc.), constituyendo aquel tipo de eventos que nadie ‘en la onda’ debía perderse (el gran circo del rock’n’roll). Eso fue su perdición, pues a medida que ahondaban en temáticas sonoras y filosóficas más complejas, sus conciertos se volvían más y más masivos, y con dicho planteamiento y convertidos en un grupo de estadios, el divorcio con la actitud de su público no tardaría en llegar. La tensión explotó en la gira de presentación del álbum Animals (1977), cuando Waters se enfrentó directamente y con violencia a un grupo de espectadores que actuaban descontrolados de acuerdo con el rol de “público disfrutando en un concierto”. El desenlace fue traumático para el equilibrio de una banda que empezaba a ir a la deriva.

Además coincidió en el tiempo con la eclosión punk, cuando se convirtieron en uno de los símbolos a derribar por la nueva generación emergente (Johnny Rotten daba conciertos con una camiseta donde se leía ‘odio a Pink Floyd’), urgentemente necesitados de nuevas vías y modos de expresión. Una nueva escena musical y estética desplazaba a la anterior, tal como los mismos Pink Floyd habían hecho con sus antecesores. Ahora Pink Floyd pasa a ser exponente de lo antiguo. Lo curioso del caso es que fue justo entonces, acosados por la crítica, el público y sus propias tensiones internas, cuando Pink Floyd dieron la campanada con The Wall (1979), donde vertieron toda su angustiada reflexión sobre la incomunicación que sentían. Había un muro entre ellos y su público. Pero este muro tenía unos orígenes sociales y políticos que iban mucho más allá de su micro-mundo. Necesitaron un doble álbum temático para explicarlo, entre los que destacaba un tema que les llevó al número uno de las listas comerciales (‘Another brick in the wall). images2Lo nunca visto, Pink Floyd triunfaban con un single (ellos que diez años atrás ya habían renunciado a editar singles), en plena era punk, con un texto demoledor y… ¡a ritmo de música disco! Parecía un acto de justicia poética: unos hippies vilipendiados forrándose justo cuando el entorno se les había vuelto más hostil. Doblemente poética porque su previsible arrogancia ante esta pirueta del destino se vio contrarrestada por el descalabro que les ocasionó la gira de presentación de The Wall, con un diseño y montaje tan faraónico que perdieron todo el dinero ganado con el disco. Vuelta a la casilla de salida.

Pero su historia ya estaba contada. Grabaron un nuevo disco (The Final Cut), hecho a partir de retales sobrantes de The Wall, que ni siquiera presentaron en directo y poco después se disolvieron. Unos años más tarde aún volverían sin Roger Waters para grabar en 1987 y 1994 sendos álbumes que, especialmente el último, aún tenía el rescoldo de las brasas de antaño. Una muerte digna, un cadaver que el tiempo ha situado en su sitio como una experiencia de lo más interesante. Son un producto de otra época que no volverá. En la era del iPod y del MP3, los discos conceptuales, los temas de largo desarrollo, las texturas musicales de Pink Floyd no tienen fácil cabida.

Wish You Were Here sólo contiene 4 temas, con unos textos logrados y un sonido impecable. Y se trata del último álbum compuesto con la intervención de todos los miembros del grupo (a partir de ahí Roger Waters tomaría el mando sin contemplaciones y ya nada sería igual). Además, este disco contiene uno de los más sentidos lamentos por la ausencia de un amigo jamás compuestos en la historia de la música popular. Indispensable para cuando se abandona el planeta Tierra rumbo a las estrellas. La tripulante Kowalsky lo tiene claro.

Los Pistones – Persecución

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La tripulante ALFA sabe que no se puede viajar al espacio interestelar sin llevar consigo un disco increíble: Persecución.  La tripulante ALFA conocía de memoria varios de sus temas antes de conseguir hacerse con él porque, entre 1983 y 1984, fue ampliamente radiado por las FM’s, no sólo por Radio 3, sino por buena parte de las radiofórmulas de la época. El disco, editado en 1983, contenía melodías impecables, con letras ingeniosas y cercanas, con un punto de misterioso y descolorido glamour, temas que oscilaban entre la energía optimista y la melancolía resignada. Una inmensa bocanada de aire fresco que a principios de los 80 recorrió las ondas anunciando el advenimiento de una nueva era donde todo, inlcuída la música, sería mejor. Fue cierto sólo en parte. Fue un espejismo interesante.

Impecable power-pop con guitarras, baterías y melodías en estado de gracia, una temática variada y alejada de tópicos al uso y un sutil sentido del humor. Ricardo Chirinos era el principal compositor y quien ponía la voz a todos los temas. Una producción impecable inédita para la época, cuando la mayoría de los productores no sabían cómo tratar a las guitarras electrificadas. Con una producción de Ariel Rott, cosa que también chocaba con las fobias y prejuicios del ambiente musical ‘moderno’ de aquel entonces, siempre dispuesto a distanciarse de los triunfadores de antaño, percibidos como residuos de una época a evitar. Una historia que se repite cada pocos años en el proceloso mundo de la música pop. De todas formas, a la labor del exTequila hay que añadir la del ingeniero de sonido Peter McNamee, que parece ser que es quien dio el brillo tan especial a la atmósfera del álbum (no en vano, el siguiente disco de Los Pistones no sonaba ni de lejos tan bien, a pesar de contar de nuevo con Ariel Rott a la producción).

Un disco redondo, un lujo increíble, un caso extraño. Más todavía si se tiene en cuenta que la canción que triunfó masivamente fue un single que bien poco tenía que ver con la obra completa. Un single, ‘El pistolero’, que situó a Los Pistones en una órbita que quizá no era la suya. La tripulante ALFA siempre se quedaba atónita cuando, poco a poco, en los bares la única canción que seguía sonando era ésa. ¡Pero si ‘El pistolero’ no era más que un subproducto del álbum! ¡Si era tan sólo el tema gracioso e intrascendente, estilísticamente alejado de lo que el grupo representaba!

Anteriormente la banda había publicado algunas canciones en singles y EP’s, temas que inmediatamente pasaron a formar parte de la banda sonora de la efervescente nueva ola madrileña, cantando cosas como “Yo jamás te hubiera conocido si no llega a ser por los Ramones” o “Son las siete menos cuarto en la Puerta del Sol” (y ella sigue sin llegar). Canciones frescas y resultonas, pero nada que ver con el salto cualitativo que dieron con su primer LP ‘Persecución’ (1984).  Diez temas redondos como diez soles. Vale, nueve y un asteroide menor titulado ‘El pistolero’.

Las diez joyas:

  • Persecución: Un inicio urgente y contundente, una curiosa manera de echar los tejos y un tímido halo de misterio que enlaza con la detectivesca portada. Una apertura que sitúa musicalmente al grupo en un terreno de gruesas guitarras melódicas y voces frescas.
  • Último soldado: Antimilitarismo pesimista. Un soldado encargado de llevar un importante y lacónico mensaje a la retaguardia: ‘ve y di que todo acabó, jamás volverá el sol’.
  • Galaxia: Ella es tan diferente… “de dónde vienes tú, de qué galaxia saldrás”. Una batería que redobla sutilmente hace remontar  la melodía cada dos por tres, contagiando un optimismo psicodélico difícil de esquivar.
  • Lo que quieres oír: Arpegios melancólicos para expresar sentimientos compasivos respecto aquella actriz que se rompió. “Qué puede quedar? sólo existo yo, tu último admirador” “tu cara se olvidó, ya nadie espera el próximo guión, el gran estreno en Nueva York se aplazó” “Vuelve a actuar sólo para mí, diré lo que quieres oír”. Un gran tema entonado con una serenidad envidiable, que aunque parezca mentira se hace creíble en la medida voz de Ricardo Chirinos. Los Pistones también bordaban los tiempos medios.
  • Nadie: Frenético alegato contra la incomprensión, el mundo me persigue y nadie me entiende, un tema típico en las letras de los 80 (y de todos los tiempos, probablemente). La juventud desubicada se retuerce buscando su sitio: “no sabes qué hacer, nadie te va a comprender”. Nadie te debe coger. Un riff de guitarra tan frenético como  nervioso. “La noche termina, también tu pesadilla”. Este tema se había editado en single un año antes, en 1983, pero la versión del LP mejoraba en mucho su revestimiento musical. Hipnótico envoltorio.
  • Mientes: Crónica de la traición, nadie se libra de ella. Estribillo arrebatador ideal para cualquier radiofórmula, coreable a todo pulmón en cualquier concierto. “A la luz de aquel bar proclamaste tu pasión, pero a la luz del sol sé que todo ha sido un error”.  Que nadie busque originalidad, pero lo que sí que encontrará son toneladas de energía.
  • Fórmula: Velocidad, aceleración. ‘un, dos, tres, ya!”. A punto de empezar la carrera el piloto se imagina triunfador mientras va describiendo el ambiente, las miradas de la gente, el sudor que resbala sobre su frente,…  “sé que tengo que ganar, tengo todo a mi favor”. A pesar de todas las exhaustivas descripciones de la carrera, la letra no desvela quien ganó la prueba, pero en ningún momento deja de transmitir un optimismo rayano en la inconsciencia.
  • Metadona: Una enigmática canción que transcurre a toda velocidad y transmite sensación de vértigo, de huida… “Tengo que salir pronto de aquí… No sé cómo voy a escapar”. Emparentada con ‘Nadie’ por su descripción del ambiente opresivo que rodea al protagonista, comparte similares soluciones musicales. Metadona metafórica, una palabra muy extendida durante la primera mitad de los 80. La canción acaba y el enigma permanece. Este tema también se había editado anteriormente en single y era uno de los emblemas de la banda en directo. Más energía desbordante.
  • El pistolero: La canción  más dispar del álbum, un ritmo totalmente diferente, una guitarra tirando al funk, nada que ver con el pop robusto y melódico del resto. El pistolero más sucio y rápido ha llegado a la ciudad “y yo sé que esta vez viene a por mí”. “¡Acabaré con él!”. El tema más raro fue el single que reventó las listas de éxitos. Llevó el nombre de Los Pistones a todas las radios, a todas las discotecas, a todos los bares, pubs, discobares glamourosos y antros de carreteras. También fue su condena.
  • Flores condenadas: Crónica saltando de una separación, de una pérdida urgente, “el dinero que gané lo gasté en conseguir / flores condenadas a morir”.  Un riff pegadizo, una batería revoltosa, una línea de bajo bien dispuesta, una voz que expresaba deseo y resignación, que combinaba lamento y expectación. Una obra maestra. Punto.

Varias décadas después ‘Persecución’ sigue teniendo vigencia, su sonido sigue siendo apabullante, sus canciones redondas y perfectas con breves trazos de imperfección que no hacen más que aumentar su perfección. La tripulante ALFA por nada del mundo renunciaría a este disco en su viaje a planetas lejanos. ¿Cómo se levantaría de la cama si no pudiera escuchar ‘Flores condenadas a morir’? ¿Cómo ambientaría su nostalgia sin poder escuchar ‘Lo que quieres oír’? ¿Cómo se encaminaría a la pista de despegue sin el acompañamiento de ‘Fórmula’? No es realista pensarlo.0

Los Pistones tardaron tres años en grabar el siguiente disco, puesto que su cantante y compositor principal tuvo que cumplir su ‘servicio militar’ (a pesar de que cantara aquello del ‘último soldado’). Durante ese tiempo el ala rockista de la música ‘moderna’ española intentó distanciarse de la proliferación de pijos nuevos románticos y tecnopops, y, pretendiendo una mayor autenticidad, se decantó hacia un supuesto rock con raíces tirando al western. Grupos como La Frontera, Los Desperados, Los Rebeldes, los Gatos Locos, Las Ruedas, Dinamita pa los pollos, etc., alcanzaron notables éxitos siguiendo esta senda. Los Pistones en su reaparición se adentraron en esta dirección, quizá porque ellos habían sido en cierto modo pioneros con su ‘Pistolero’ unos años antes. El resultado fue el LP ‘Canciones de Lustre’ (1986), que a pesar de algunos buenos temas tenía un planteamiento mucho menos brillante, su estilo no acababa de encajar en los moldes rudimentarios del rock fronterizo. Años más tarde lo volvieron a intentar con el LP ‘Entre dos fuegos’ (1992), pero tampoco consiguieron la repercusión deseada.

PersecucióPISTONES3n’ fue algo más que una estrella fugaz, fue una auténtica supernova que brilló con fuerza durante un par de años y que dejó un recuerdo imborrable en mucha gente. Como en la tripulante ALFA, quien sigue tarareando aquellas increíbles melodías por donde quiera que vaya. Sólo desearía que Ricardo Chirinos y los demás pistones, de tanto en tanto, hicieran lo mismo. A su salud.

Por cierto, la tripulante ALFA se acaba de dar cuenta de que esta entrada coincide con el treinta aniversario de la edición del disco. Tres décadas de nada, que a escala de las edades del universo son una insignificante fracción de tiempo, pero que para los humanos suponen una buena porción de las respectivas esperanzas de vida. Quizá los pistones ya estén muertos. En cualquier caso, a su salud!

The White Stripes: Get Behind Me Satan

220px-Get_Behind_Me_SatanLa tripulante Kowalsky no puede dejar de escuchar un disco de sonido algo primitivo y  arrebatador perpetrado por el curioso dúo (guitarra y batería, básicamente) The White Stripes. Se trata de su disco de 2005 titulado  Get Behind Me Satan, un título proveniente de una antigua canción compuesta para una película de Fred Astaire y Ginger Rogers (Irving Berlin, 1936), a su vez está extraído de una cita bíblica (probablemente bien conocida en tierras de lectores de Biblias como las del dúo, obviamente ignorada sin mayor problema por los habitantes de nuestras iletradas tierras). Follow_the_Fleet_cinema_poster

Se trata de una obra low-fi, como es habitual en el resto de su carrera (es su quinto disco, y después de éste sólo hicieron uno más, si descontamos el directo final), pero bastante menos ruidoso que los anteriores. A la tripulante Kowalsky le gustan todos, pero la mayor carga melódica de Get Behind Me Satan lo convierten en una perla ideal para ser disfrutada en audiciones solitarias. A su entender, los anteriores álbumes se experimentan mejor de manera colectiva, aunque esto dista de ser una regla generalizable. En el fondo, Get Behind Me Satan es diferente porque sus temas se fundamentan en sonidos de pianos, mandolinas, etc., en vez de en la guitarra distorsionada típica de sus otros discos (aunque se mantienen sus típicos riffs que estructuran todos los temas). No es el más apreciado por sus seguidores, ni el más valorado por la crítica. Pero el álbum acústico de The White Stripes es el que partirá hacia las estrellas  con nuestra tripulación. Kowalsky pegaría por haber escrito My door bell!

La tripulante Kowalsky no lo puede evitar. Las gruesas guitarras y las contundentes baterías destempladas le acompasan el ritmo respiratorio a los latidos del corazón de tal manera que podría permanecer bailando días enteros sin dar apenas muestras de fatiga. Quien dice bailando dice leyendo, recolectando fruta o trabajando en una oficina de seguros. Este disco es una fuente energética. La electricidad que rebosa es una energía primordial que, tanto la tripulante Kowalsky como el resto de habitantes de este sistema solar, necesitamos consumir con una cierta frecuencia para mantener nuestro precario ritmo vital.

Engraving from Mechanics Magazine published in London in 1824.

Engraving from Mechanics Magazine published in London in 1824.

Mientras escucha estas músicas (donde la voz es prácticamente un instrumento musical más) la tripulante Kowalsky consigue, no sólo caminar un par de palmos por encima del suelo, sino mantenerse allí durante tiempo indefinido e incluso ascender a trompicones hasta alturas considerables para, a continuación, descender planeando sobre nuestro absurdo e insignificante mundo. ¡Qué mejor manera para tomar distancia de las supuestas cosas importantes! De esas que nos atan a ras de suelo, arrastrándonos por parajes desde los que es difícil divisar el horizonte y, por tanto, orientarse.

En este sentido, las canciones de The White Stripes, como las de tantos otros (como la mayoría de los citados en esta web), constituyen un punto de

apoyo esencial para sobrevivir en este planeta y en otros por venir. Indispensables. Como el oxígeno del aire. Como la sal del mar. Como los taninos del vino o la guanina del ADN. Como los cilios para los paramecios o los dedos para el mástil de la guitarra.

En las canciones de The White Stripes resuenan ecos muy antiguos de la música popular de las calles y los bares, de los miles de personas desplazadas que, a lo largo de los dos últimos siglos, acabaron en la América del Norte y se llevaron con ellas el poso de sus melodías y ritmos ancestrales, y que reelaboraron con una incesante y repetitiva creatividad.

“You took a white orchid, you took a white orchid and turned it blue”

The White Stripes se disolvieron el 2 de febrero de 2011. Pero sus grabaciones siguen a nuestro alcance…

Ferrobós: Círculo de fuego

La tripulante Kowalsky ha llegado esta tarde a bordo con Círculo de Fuego, el primer y único álbum de FERROBÓS, un grupo que existió en la ciudad de Zaragoza entre 1982 y 1990. La banda la componían Jesús Trasobares (guitarra), Eduardo Jimeno (bajo), Sergio García (batería) y Gabriel Sopeña (voz y guitarra, y principal compositor del grupo), a los que hay que añadir el característico saxo de Manuel Enguita como quinto miembro en la sombra. Durante su existencia fueron uno de los puntales de la escena musical y cultural de aquella ciudad durante los agitados años 80 del pasado siglo.

El grupo se hizo muy popular en Zaragoza porque fue uno de los ganadores de la Muestra de pop, rock y otros rollos, que se celebró en la ciudad en 1984, evento que se considera el pistoletazo de salida que conecta el ambiente artístico de la ciudad con la efervescencia que se vivía en otras ciudades de España, principalmente con la llamada Movida madrileña.

Círculo de Fuego no fue editado hasta 1988 por la discográfica independiente local Grabaciones Interferencias, (promovida por el bar del mismo nombre) y recopiló lo mejor de su repertorio hasta la fecha, unos temas repletos de energía y rebosantes de actitud, con afiladas guitarras, contundente base rítmica y unas letras tan lúcidas como emocionantes. Para la tripulante Kowalsky, eran unos textos capaces de dejar en ridículo al 90% de los letristas del pop y el rock de las últimas décadas.

En 1987, un año antes de sacar su álbum, el grupo había dado a conocer varios de sus temas en un par de discos recopilatorios de grupos aragoneses, como el titulado Monegros (donde aportaban dos temas: “Demonios entre el humo” y una versión de su posterior “¿Dónde estás ahora?”), y el Sangre Española (donde aparecían versiones previas de tres temas que posteriormente irían en su primer álbum: “Si hay una guerra“, “Me das un minuto” y “Resaca“).

La tripulante Kowalsky, que ya había oído por la radio local algunas de estas canciones, tuvo ocasión de ver al grupo en directo hacia principios de 1988, e incluso de entrevistar al cantante y compositor (Gabriel Sopeña) con motivo de unas colaboraciones radiofónicas que en estuvo haciendo durante aquella época. Por ello, Kowalsky esperaba la aparición de Círculo de fuego como quien espera la lluvia en el desierto, si bien con el temor de que las expectativas creadas no pudiesen ser satisfechas. Parecía demasiado bueno para ser cierto.

El álbum se publicó durante la primavera de 1988 y la tripulante Kowalsky no se lo podía creer. ¡Era aún mejor de lo esperado! Las nuevas versiones de antiguos temas superaban lo publicado previamente! ¡Y qué decir de los nuevos! Se trataba de un ramillete de canciones que por sí solas generaban un mundo nuevo, dibujaban una historia en la que reconocerse y con la que medirse, unos anhelos por los que suspirar, unas imágenes fortísimas con las que ilustrar su errático deambular por la vida.

El álbum se abría con “Si hay una guerra”, en una versión más guitarrera que la previamente aparecida en el recopilatorio Sangre Española. El tema es toda una declaración de intenciones:

Al diablo con lo que se supone que tengo que hacer / voy a agarrarlo todo ¡voy a volver a nacer!”;

Repleto de certeras metáforas:

Voy a alcanzar contigo la línea del horizonte / hasta sentir que la historia canta para mí”;

De sentencias elocuentes:

Para llegar a triunfar sólo hay dos caminos: o mentir perfectamente, o creérselo hasta el fin”;

Y con un estribillo de simetrías y oposiciones impagables:

Si hay una guerra quiero hacerla en tu boca /

Si hay una paz quiero tocarla en tu piel /

Si hay un infierno quiero olvidarlo contigo /

Y si hay un cielo lo robaré para ti

Todo ello cantado con una voz cuya emoción y rabia procedía de la mismas entrañas. Imposible escucharla sin sentir un zarpazo en el estómago. A la tripulante Kowalsky todavía se le eriza el vello de la nuca al oírla.

La segunda canción era “De espaldas al cielo”, firmada a medias por Gabriel Sopeña y Jesús Trasobares. De guitarras rotundas y estructura tendiente al heavy, con unos estribillos que remontan el alma, y una voz que delinea con rotundidad el clima del tema. “De espaldas al cielo” tiene sin duda la letra más dura y reivindicativa del álbum, con una elaborada descripción de las miserias sociales, políticas y económicas de nuestra época. El inicio ya deja claras las intenciones:

He nacido donde el sol manda en la noche / donde la sangre hace la ley

Donde se prefiere un ruido de pistola / al latir de un corazón

El tono se repite en el resto de versos. Por citar un simple fragmento:

He nacido donde el torpe es el que ordena /

Donde el idiota firma un papel /

Donde el demente reza ‘¡que Dios me bendiga!’ /

Mientras me apunta hacia la sien

“De espaldas al cielo” es una canción de rabia ante la desesperación, de profunda desconfianza hacia los poderes, hacia los supuestos salvadores, de resistencia ante explotación y el sometimiento. Estás jodido y nadie vendrá a resolver tus problemas, te han engañado, date cuenta. El estribillo se engancha a la memoria como un condenado riff, remarcando la inutilidad de esperar que nuestras soluciones provengan de las alturas.

Me han dicho que una cruz me lleva al cielo /

Pero esa cruz la cargo yo. Y no veo la luz

Cristo de San Juan de la Cruz (Salvador Dalí, 1951) (Fuente: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/8/8c/Christ_of_Saint_John_of_the_Cross.jpg)

La canción, después de llevar al oyente hasta el borde del abismo, efectúa una pausa que, tras unos segundos de vacilación, da inicio a la hipnótica repetición de un nuevo estribillo con un ritmo trepidante hasta el fade-awayfinal. Una traca final de regusto bíblico, con referencias al mito de la crucifixión cristiana, que nos recuerdan que, al menos, él tenía al cielo de su parte, mientras que nosotros no contamos con esa suerte.

Qué difícil ver la luz / si en tus manos se abren huecos

Estoy clavado a la cruz / pero de espaldas al cielo

Para la tripulante Kowalsky, tras su audición es imposible no acabar exhausto.

La combinación de ritmo y voz es impecable, consiguiendo una atmósfera tan dura como cargada de romanticismo. Porque, en definitiva, el texto va desgranando una serie de premisas de las que el oyente deberá extraer su propia conclusión. La tripulante Kowalsky lo vio claro: corre por ti misma o nadie lo hará por ti. “De espaldas al cielo” no transmite energía, sino que la produce como si fuera un generador de alta potencia.

No puedo mirarte” es el tercer tema del álbum, el único firmado por el guitarra Jesús Trasobares en solitario. Aborda de manera muy inteligente el tema del desamor (“tus ojos son el mar de mi derrota”), un tema clásico en el mundo de la canción popular. Se inicia con un bajo sincopado sobre el que un saxo va desplegando su sensualidad con una intensidad creciente, hasta que Sopeña introduce los primeros versos “Cuando sólo noche esconde tu mirada…”. A partir de ahí el tempo va creciendo mientras la letra va describiendo el estado de ánimo de quien se siente derrotado ante la incapacidad de resolver a su favor una relación de pareja. Una canción que crea un ambiente propicio para recogerse y lamerse las heridas. Y quizá la mejor grabada del disco.

Cuando no hay preguntas para las respuestas

Cuando un puño en la pared habla por los dos

La cuarta canción, “Resaca”, fue un clásico en la Zaragoza de la época. Fue de las más radiadas, apareció en varios recopilatorios, y se convirtió en algo así como la firma representativa del grupo. Con unas guitarras rítmicas constantes en su ida y vuelta, que en la versión del álbum son más recias que en la versión más acústica aparecida previamente en el recopilatorio “Sangre Española”. La tripulante Kowalsky quizá prefería la versión acústica. Pero lo mejor llega con la lírica. Con una estructura llena de simetrías, la letra es toda una lección de como combinar sensibilidad, dureza y erudición. Es una canción que no se puede escuchar sin salir más sabio, más consciente de los pliegues de la vida.

Ferrobós en la foto de la contraportada del recopilatorio Sangre Española (1987)

La canción nos habla de tres resacas vitales:

  • La ‘resaca de amor’ que uno experimenta cuando se da cuenta de que “no representa nada para ti / el boquete que se ha abierto en tu almohada”; es decir, el lamento herido y solitario de un amor finalizado a destiempo.
  • La ‘resaca de Dios’ que sobreviene cuando uno observa que vive en un lugar donde “cualquier guerra es una bendición / cualquier ataque es un regalo / y la paz es un sustantivo sin identidad” y sólo le queda intentar escapar, pero sin tener muy claro hacia dónde.
  • La ‘resaca de alcohol’ en la que cae uno cuando se da cuenta de que “lo que hay que encontrar / hace tiempo que dejó de importar”.

Es definitiva, una síntesis perfecta de los retos a los que se ha de enfrentar un humano cualquiera en su devenir por el planeta (y por el espacio exterior, como es el caso de la tripulante Kowalsky). Todo ello declamado sobre un ritmo hipnótico de raíces entre springsteenianas y dylanianas que le dan ese aire clásico. Si lo llevara, la tripulante Kowalsky no podría hacer otra cosa que quitarse el sombrero.

La quinta canción, que cerraba la primera cara del álbum, era una actualización de “¿Dónde estás ahora?”, un tema vitalista que, a partir de una guitarra acústica arpegiada, despega con una sección de viento que lanza todas las campanas al vuelo. Nada tan optimista como unos buenos metales, trompetas a trombones de todos los tamaños y bien dosificados, pero que contrastan con la enigmática letra del tema. Se trata de la letra más abstracta del álbum, a medio camino entre el surrealismo onírico daliniano y las imágenes expresionistas del cine alternativo de los setenta. Toda ella redactada en forma de una serie de preguntas para las que no se espera respuesta, puesto que se trata al oyente como si ya las supiera:

¿Dónde estás ahora que el ruido está vivo / Y el neón cae rendido a tus pies?

¿Quién modeló tu figura al trasluz / Y plantó guitarras en tu talle?

¿Quién con arena te dio de beber / Y te hizo guardián de la calle?

Sólo sugerencias para que el oyente las lleve a su terreno y las tenga que hacer suyas. Como un buen cocinero, Sopeña no parece nada partidario de masticar la comida que ofrece. Si nos han dado dientes es para morder.

En la época de los vinilos, cuando acababa la primera cara procedía darle la vuelta. Y la primera canción de la segunda cara era la que daba título al disco: “Círculo de fuego”. Está firmada por el tándem Sopeña / Trasobares. Aparentemente, se trata de una canción a la vez de reproche y de advertencia, aunque los motivos permanecen incógnitos. Con todo, transmite también una actitud optimista, dado que el narrador se permite la elegancia de darle una salida a la persona objeto de los reproches.

Si no quieres reventar con tu propio veneno  / debes romper de una vez el círculo de fuego

Se trata de una cuestión fundamental: me has decepcionado, no estoy nada de acuerdo contigo, quizá ni con tu forma de ser, incluso me has hecho daño, pero mereces seguir adelante y te procuro una salida digna. Esta actitud, de reconocimiento de la humanidad del otro, aunque se trate de un potencial enemigo, es lo que a la tripulante Kowalsky le sirvió para orientarse durante una temporada por este “valle de las sombras y de la muerte” (como decía Lennon) y salir indemne.

El tema está vestido musicalmente con unas guitarras limpias, poco saturadas, salpicadas de breves notas de saxo, que se podrían confundir lejanamente con algunas canciones de Nacha Pop. Parecería un tema nuevaolero si no fuera por la letra. No obstante, la tripulante Kowalsky prefiere una versión totalmente acústica que escuchó en un concierto de Ferrobós en la Sala “En Bruto” de Zaragoza en mayo de 1989. A causa de su frecuentación de ciertos bares zaragozanos de la época, consiguió hacerse con una copia de dicha grabación y ha decidido que también la subirá a bordo de la nave espacial. Será una grabación indispensable para un viaje hacia las estrellas.

Línea 30” es el siguiente tema. Una declaración de amor a la inversa. Un acto de reafirmación y autoestima que traslada la iniciativa a la persona amada. Un bombazo metafórico que da una idea de las posibilidades del grupo. Gruesas guitarras marcan la pauta a un ritmo complejo en el que bajo y batería hacen malabares, mientras una voz rotunda declama su valía ante el mundo, y, en particular, ante otra persona a la que aparentemente se quisiera cazar mediante unos versos implacables e inspirados :

“Hay una fina línea entre tus labios /  que sólo esconde el miedo de ser tú / Deja que tu piel trague fuego en vez de libertad”

“Y yo te digo que siempre hay una perla / en el fondo de cada deseo / Y que atraparla depende de lo cerca que duermas de mí”

Pero, como en la más clásica tradición del bolero o el corrido, el amante no piensa mover un dedo. Lo fía todo a su exhibición, tal es su valía que se trata de que sea la otra persona la que demuestre su amor, la que se movilice para materializarlo. De ahí que el estribillo repita incansable una idea muy simple: “Toma la línea 30 y ven”. La 30 era la línea de autobuses que conectaba el centro de la ciudad con el barrio de Casablanca, donde Sopeña vivía y el grupo ensayaba. Una actitud muy propia de la época de la “autosuficiencia” de los 80: Soy tan bueno que tendrás que venir a por mí. Era un país que se sacudía los complejos del pasado a marchas forzadas, lo cual a menudo requería aparentar una autoestima exacerbada. Pisando fuerte.

La siguiente canción era “Río Abajo”, un tema que alcanzó una cierta popularidad en la Zaragoza de entonces y que utiliza la metáfora del viaje (el descenso de un río) para dar cuenta de ciertas decisiones vitales. Sigue la fórmula de las dicotomías o relaciones entre contrarios, que sirven para desvelar falacias comúnmente aceptadas como ‘norte y sur’:

Decir ‘norte y sur’, es decir ‘bien y mal, blanco y negro, delante y detrás

A lo que el narrador muestra su desacuerdo proponiendo un criterio propio (retorna el sentido de autosuficiencia, o más bien de romper con el lastre de lo heredado, al estilo machadiano del ‘se hace camino al andar’):

El sol siempre sale por donde quiero mirar

Ferrobós tocando en el BV80, mítico bar zaragozano.

El tema estaba firmado por Sopeña / Trasobares, y formalmente tenía dos peculiaridades: por un lado, el instrumento más característico era un violín (tocado por Carlos Gonzalvo), lo que le daba un aire country (o incluso medieval!); y, por otro lado, estaba cantado a medias entre el propio Sopeña y Mauricio Aznar, entonces carismático cantante y compositor del grupo Más Birras. Se trata del único tema en que aparece un cantante solista externo (si bien hay varias personas que hacen coros en varias canciones, como Mariano Chueca, líder de Distrito14, o Josean López, técnico de los estudios de grabación Tsunami de San Sebastián). Se trata sin duda de un buen tema, con un ritmo y melodía bastante pegadizos, pero quizá una canción menor en el conjunto de este álbum, puesto que está lejos de la sensibilidad e intensidad de varias otras incluidas en el mismo.

A continuación viene “Me das un minuto”, una canción que a raíz de su aparición previa en el recopilatorio Sangre Española se hizo un hueco en la programación radiofónica especializada de la ciudad, por lo que se convirtió un poco en el estandarte del grupo. Es un tema de desarrollo largo (de hecho, tiene dos partes separadas y perfectamente distinguibles, con diferentes ritmos y estribillos, algo que también habían hecho en “De espaldas al cielo”), con un ritmo trepidante, basado en un riff de guitarra intenso y elocuente, que imprime la sensación de urgencia que desprende toda la canción.  “Me das un minuto” narra la historia de un desamor brusco y sobrevenido, donde el protagonista pide “un minuto para olvidarte” y para largarse bien lejos. Es la crónica de una huida desesperada, una canción de carretera con imágenes surreales que acrecientan la ansiedad de quien huye.

Escurro mis deseos sobre el acelerador / mientras la realidad come a dos carrillos / Quiero decirte ‘ven’ y te digo ‘vete’ / quiero saber qué estoy haciendo aquí / tragándome la fiebre de la madrugada / lanzando mis pupilas contra la nada

No sé dónde acaba esta lengua de asfalto / que lame mi visión hasta conseguir desconectar / mis sentidos de la luz y hacer me sólo una mitad

El huido quisiera que todo siguiera igual, pero sabe que no puede regresar, la huida es su única opción. Ha sido rechazado y su destino es seguir por la carretera hasta que salga el alba e incluso más allá. Difícilmente se podría decir mejor con otras palabras, difícilmente se podría expresar más con menos, tras este texto y música difícilmente Sopeña se podrá superar a sí mismo en el futuro (aunque a veces parezca que casi lo consiga).

El tema realmente romántico del álbum es “Sangre de la luna”. La balada. La lenta. Con un acompañamiento acústico casi minimalista, con gotas puntuales de un saxo que gime a la luz de la luna. Es una declaración de amor que, sobre todo, huye de los tópicos babosos al uso. El texto descansa parcialmente en el juego de conceptos complementarios (voz / eco; sangre / corazón), y en la sentida declamación de Sopeña resulta sobrecogedor. Intimista e irracional, se propone una relación donde “cualquier principio parecerá un fin”. O como reza el estribillo:

Tu voz es sangre de la luna,  y yo/ sólo seré un eco de tu corazón

El vinilo finalizaba con esta canción, pero en realidad no era la última del álbum ya que en la versión ‘cassette’ se incluía un tema extra (que también fue utilizado como cara B del single): “Pon fuego en mis manos”. Resulta difícil comprender cómo una canción de este calibre se pudo dejar fuera del disco. “Pon fuego en mis manos” lo tiene todo: una melodía excelente, una letra impresionante, una interpretación demoledora, sensibilidad y romanticismo hasta morir, brutalidad. Todo. A partir de unos arpegios de guitarra sobre los que caen como una tromba los golpes de batería, se despliega una inaudita declaración de amor:

Toda mi sed es una fuente en tu voz / Tu silencio es mi mordaza

Es sencillo, chica, es simple, esta guitarra habla claro:

Si te has sentido libre un solo instante, mi vida vale algo

Si te has sentido libre un solo instante, pon fuego en mis manos

La letra retoma las simetrías conceptuales entre términos opuestos y complementarios (sed / fuente; silencio / mordaza; sombra / luz; etc.), con imágenes y metáforas de la mejor tradición:

“Tu roce, casi a carne abierta, escarba precipicios en mi piel / y el último abismo me hace caer, clavando la espada en la pared”

“En la certeza de tu ternura sólo soy la sombra de una historia que fue luz”

No hay mejor manera de acabar.

La formación que grabó este disco llevaba junta desde 1982, pero justo después de su edición, en 1988, se separó. Una verdadera lástima.

Maqueta (1989)

En 1989 el grupo reapareció con una nueva formación en la que se mantenían Gabriel Sopeña y Jesús Trasobares, y se incluían tres nuevos miembros: Gavilán Hernández (batería), Raúl Martí (bajo) y Rafael Santos (percusión); a los que se añadía Manuel Enguita al saxo (quien ya era anteriormente el quinto miembro en la sombra, y que compaginaba su labor de saxofonista también con Más Birras). Esta nueva formación grabaría en 1989 una Maqueta de cuatro temas (“San Juan”, “Rosas en la carretera”, “Cisjordania” y “Dime”), que manteniendo un sonido contundente, unas melodías vitalistas y unos textos más que notables, abrían nuevos caminos hacia fronteras musicales más “étnicas” (como era el caso de los destellos latinos en “San Juan” o de los riffs arabizantes de “Cisjordania”).

Entrada del concierto de Ferrobós en la Sala En Bruto, 24 de mayo de 1989. Este concierto fue retransmitido posteriormente por Radio 3.

Aquella nueva formación dio algunos conciertos durante 1989, pero en pocos meses también se disolvió. Algunas de estas últimas canciones fueron recuperadas en el siguiente proyecto de Gabriel Sopeña, El Frente, donde continuaban Jesús Trasobares, Manuel Enguita y Gavilán Hernández, además de José A. Coronas como nuevo bajista.

El Frente grabó dos excelentes álbumes con la discográfica independiente donostiarra ES-3 Records, producidos por Iñaki Altolaguirre.  Estos álbumes, Otro lugar bajo el sol (1991) y Barcos (1992), contenían un puñado de canciones realmente impresionante, como las dos que dan título a ambos discos o como algunos temas inéditos recuperados de la época de Ferrobós (como “Tengo miedo”, “Tócala otra vez”, etc.). Estos discos no tienen desperdicio, pero eso ya es otra historia (quizá “la sombra de una historia que fue luz”). Aquí se podían escuchar algunas de estas canciones.

Por su parte, Gabriel Sopeña un par de años más tarde, a través de los contactos propiciados por el productor Iñaki Altolaguirre, empezaría a colaborar con Loquillo, una colaboración que será providencial para ambos y que, en cierto modo, dará forma a los últimos veinte años de carrera de Loquillo. La tripulante Kowalsky lamenta profundamente la desaparición de Ferrobós y de El Frente, pero reconoce son cadáveres bonitos que dejaron su huella grabada, por lo que en el fondo tenemos suerte de poder disfrutar de aquellos momentos de historia musical simplemente activando el “play” de cualquier artilugio musical. Pero eso también es otra historia, y la tripulante Kowalsky debe descansar para el viaje.

Kraftwerk: Radioactivität

La tripulante ALFA acaba de llegar con Radioactivität (o Radio-Activity, en su versión en inglés), un álbum de Kraftwerk, el grupo de los cuatro ciborgs andróginos alemanes, y lo ha puesto a todo volumen en el hangar de la Estrella Lejana.

Radioactivität es una celebración de la energía que envuelve el mundo. Es un homenaje a los campos electromagnéticos, a las ondas radiofónicas, a un mundo interconectado por medios inalámbricos, a las antenas gigantes situadas en lugares apartados y apuntando al firmamento, a las entrañas de los aparatos de radio, transistores, resistencias, condensadores, amplificadores y todo tipo de elementos que configuran los ladrillos básicos de la sociedad de la información. Los alemanes Kraftwerk fueron capaces de dotar de alma a los fríos circuitos de las máquinas, dando lugar al embrión de la música electrónica contemporánea a partir de sus rudimentarios instrumentos.

El álbum se inicia con el inquietante sonido de un contador geiger (“Geigerzähler“) que aumenta progresivamente de frecuencia en un crescendo que estalla dando paso a “Radioaktivität”, la pieza central del disco, un tema de épica electrónica dedicado a glosar la energía más misteriosa y peligrosa del siglo XX. La letra dice algo así como: “La radioactividad / está en el aire para ti y para  mi / descubierta por Madame Curie / a tono con esta melodía”, y a continuación transmite un mensaje en alfabeto morse:

 .-. .- -.. .. — .- -.-. – .. …- .. – -..–

El siguiente tema, “Radioland”, con un ritmo electrónico más sistemático y lineal, anima al oyente a lanzarse sobre su radioreceptor e intentar sintonizar alguna emisora que emita música electrónica. Sigue con “Ätherwellen”, un tema quasi-instrumental donde las únicas palabras que se van repitiendo susurran: “Cuando las ondas bailan / voces distantes cantan”, a modo de salmodia que emerge entre el puré de ondas creado para la ocasión.

El álbum incluye también cortes de transición en forma de ruidos atonales, fragmentos grabados de la televisión, etc., como “Sendepause” (0.15), “Die Stimme der Energie” (0.54), “Uran” (1.24), etc., que actúan a modo de secuencias de continuidad que proporcionan una extraña unidad al conjunto de temas. Incluso hay un tema en el que varios locutores de radio van leyendo noticias (“Nachrichten“) y, entre otras cosas, anuncian que en Alemania del norte y del oeste se están construyendo varias centrales nucleares que proveerán energía a millones de personas, y que se prevé que hacia el final del siglo XX habrá más de dos mil centrales de este tipo en todo el mundo, al tiempo que señalan que el uranio es un recurso tan limitado como el petróleo, y que por ello habrá conflictos y no habrá otro remedio que ir pensando en hacer viajes interestelares… Tal como nuestras tripulantes han decidido hacer.

A la tripulante ALFA, sin embargo, el tema que más le gusta es “Ohm, Sweet Ohm”, que desde su recitado metálico inicial va avanzando lentamente hasta alcanzar un ritmo pegadizo en la mejor tradición pop, que contagia energía a todo aquel que lo escucha, tal como ella pudo comprobar en su juventud en aquellos antros oscuros donde se procuraban interacciones con otros humanos de diferentes sexos. Tras la escucha de Ohm, Sweet Ohm, sonrisas radiantes relucían en las caras y todos querían tocarse. Misterios de la electrónica aplicada a las relaciones humanas.

Probablemente el siguiente álbum de Kraftwerk, Trans-Europe Express (1977), sea mejor que Radioactivität, pero a la tripulante ALFA le encanta la combinación de arreglos pop, épica electrónica y austeridad maquinal de éste último. Además, un álbum dedicado a la radiotransmisión es algo indispensable para un viaje a las estrellas. Eso sí, lo prefiere en soporte magnético, por pura coherencia con el espíritu kraftwerkiano que impregna el álbum. Por ello este se lo llevará en cassette.

The Clash: London Calling

La tripulante Kowalsky acaba de subir a bordo una copia del London Calling, el mítico doble álbum de The Clash. De la misma manera que en materia de cine se habla de un periodo clásico marcado por el Hollywood de los años 50 y 60 y que fue el principal generador de mitologías audiovisuales del siglo XX, existe también un periodo clásico en la música popular marcado por la industria anglosajona durante los años 60 y 70, que se iniciaría con los primeros Beatles y cuyo colofón podría ser precisamente The Clash. Ellos, que precisamente habían surgido para borrar del mapa a los dinosaurios que se habían enseñoreado de la escena rock de los 70, acabaron por ser una de las últimas bandas que consiguieron un estatus mitológico equiparable a las de la época clásica. Como decía René Char, a menudo luchar contra un monstruo te acaba convirtiendo en un monstruo.

Tras su primer álbum, el seminal The clash (1977), una muestra de punk urgente con un alto grado de carga ideológica que les distanciaba del nihilismo imperante entre los grupos homologables de la época; y tras su segundo LP Give ‘em enough rope (1978), siempre punk pero tendiendo a un sonido rock más clásico; en 1979 se descuelgan con London Calling, un doble álbum que lo tiene todo: rock, reagge, swing, ska, pop, folk, soul, punk, un sonido impresionante y unas letras arrolladoras. Y una carátula también mítica que transmite la fuerza y la rabia de ese puñado de temas, un diseño basado en el primer álbum de Elvis Presley con una foto desenfocada de Paul Simonon rompiendo su bajo al finalizar un concierto de aquel mismo 1979.

Foto: Pennie Smith (Fuente: rockdelux)

El álbum se abre con London Calling, el tema que da título al disco, con Joe Strummer gritando al mundo desde un Londres que sufre algo parecido al invierno nuclear que todos los noticiarios de la época pronosticaban. No hay que olvidar que a finales de los 70 y hasta mediados de los 80 el mundo vive un repunte en espiral de la guerra fría, con los bloques capitalista y comunista enzarzados en una dura carrera armamentística, donde la amenaza de un ataque nuclear parecía estar a la vuelta de la esquina. Ello sin dejar de lado los primeros accidentes nucleares civiles, que dieron alas a un potente movimiento de protesta mezcla de pacifismo y ecologismo a la búsqueda de un nuevo modelo social y político. La crisis del petróleo que había sacudido el mundo occidental a partir de 1973 ya había hecho notar sus efectos en amplias capas de la sociedad occidental, y en la Inglaterra de 1979 ya se había llevado por delante buena parte de las políticas de protección social de la década laborista. La llegada de Margaret Tatcher al poder en Gran Bretaña aquel mismo año (Ronald Reagan lo haría al año siguiente en EEUU) y el consiguiente inicio de la ola neoliberal y del desmantelamiento sin complejos del estado del bienestar se traducirían en numerosos conflictos en la Inglaterra de la época. Es en este contexto en el que se genera y difunde el punk (por parte de unos avispados hombres de negocios, no hay que olvidarlo), y donde aterriza el London Calling de los Clash. Sin embargo, aquí no se trata ya simplemente de nihilismo y de la urgencia adolescente por pasar a la acción, sino que hay espacio para la búsqueda y la reflexión. Son temas para escuchar a todo volumen, para la descarga de adrenalina que su público exigía, pero también para ‘hacer pensar’, para el compromiso político. Aunque era un compromiso bastante tópico y a veces insustancial, no dejaba de ser algo anómalo en la industria cultural discográfica de la época. Nos encontramos pues con una banda que emite propuestas antisistema, pero que graba para la CBS, la multinacional que mejor representaba el sistema capitalista de la época. Nada nuevo bajo el sol, la típica contradicción del artista punk que acaba por ejercer de estrella en el escaparate de la fama.

En London Calling hay sorpresas poco previsibles, como la conexión caribeña que permite pensar en un mundo más amplio en el que imaginar nuevas salidas al oprimente ambiente social de la época (Revolution Rock, Wrong ‘Em Boyo, Rudie Can’t Fail), la dimensión internacional e histórica de la propuesta con referencias a la guerra civil española y a sus poetas asesinados (Spanish Bombs), las referencias al rock and roll primigenio (Brand New Cadillac) y al swing (Jimmy Jazz), a personajes del cine clásico (Montgomery Clifft), la crítica al individuo que no se rebela contra el sistema, o que ha pervertido sus ideales (Clampdown), y un largo etcétera por el cual no hay ningún tema superfluo ni prescindible, cosa más bien rara en los álbumes dobles.

La tripulante Kowalsky se hizo con una copia en cassette (pirata) de este álbum en 1985, cuando The Clash todavía existían (si bien con sólo la mitad de sus miembros originales) y Joe Strummer deambulaba por Madrid pensando en qué hacer con su vida (tal como ha explicado Santiago Auserón en su blog La Huella Sonora), e incluso aprovechó para producir un estupendo álbum de los 091 (Más de cien lobos), si bien su labor resultó frustrada por la incompetencia de los ejecutivos de la discográfica de los granadinos. The Clash se disolvieron oficialmente a principios de 1986, quemados por su propia inercia.

Foto para la portada de Sandinista!
La tripulante Kowalsky recuerda haber visto, en 1981, la presentación de este álbum en el telediario nocturno de Televisión Española, en horario de máxima audiencia, donde el típico presentador de semblante más que serio se deshacía en elogios hacia la banda y su nuevo disco. Lo cual da una idea de cómo la CBS se gastaba el dinero en la promoción de los supuestamente antisistema y marginales The Clash. A ver quién lo supera.

La tripulante Kowalsky habitaba en una ciudad Norteafricana, en aquel año de 1985, cuando un soldado de leva que intentaba regresar a la península Ibérica le proporcionó la mencionada cassette. Hasta varios años más tarde, por lo menos hasta mediados de los 90, no consiguió tener el London Callingen CD, e incluso más tarde se llegó a comprar la versión ampliada con tomas preliminares que se editó en 2004, que es la que se llevará en su viaje interestelar.

Pero London Calling no fue el primer álbum de The Clash que llegaba a la musicoteca de la tripulante Kowalsky, puesto que desde hacía dos o tres años disponía ya de una cinta grabada con el Sandinista!, el disco triple que editaron en 1981, un batiburrillo de temas muy interesantes mezclados con otros más insustanciales o simplemente anecdóticos, grabados al revés o intercalados con noticias de la radio (un concepto que posteriormente desarrollarían a fondo los Mano Negra de Casa Babylon). Lo que marca la diferencia con London Calling es que éste fue producido por Guy Stevens, un extravagante personaje que supo sacar lo mejor de los músicos y que hizo de muro de contención de sus numerosas y naturales extralimitaciones. Algo que nadie se atrevió a hacer en Sandinista! Se cuenta que Guy Stevens les aterrorizaba en el estudio tirando sillas, exclamando insultos, rompiendo botellas, llenando el piano con cerveza, etc., hasta generar un ambiente adecuado para que los músicos rindieran lo esperado. A la vista del resultado, lo hicieron sin duda.

The Clash aún facturarían el notable Combat Rock (1982), con temas memorables como Fight for your rights, Rock the Casbah o Should I stay or should I go (con el que sorprendentemente triunfarían años después de que el grupo desapareciera… ¡gracias a su inclusión en un anuncio televisivo de pantalones!). Posteriormente Topper Headon y Mick Jones serían expulsados por el mánager y reemplazados para grabar un último álbum más bien penoso (Cut the Crap), del que los propios Strummer y Simonon se desentendieron antes de acabarlo. Triste final para tan excitante aventura, si bien es un resultado lógico de acuerdo con la propia dinámica de la banda desde sus orígenes. Nada de lamentaciones.

Como todas las obras maestras, London Calling fue repudiado por un importante sector de sus fans que no soportaban tanto eclecticismo ni eran capaces de asumir semejante libertad creativa. Pero constituyó un punto de referencia ineludible para varias generaciones posteriores. La tripulante Kowalsky lo lleva consigo a donde quiera que vaya, y en su viaje a las estrellas resulta insustituible para entender cómo se vivió una vez en el planeta Tierra.

Fabrizio De Andrè: Rimini

La tripulante ALFA se decanta por un álbum de Fabrizio De Andrè, cantautor italiano de largo recorrido y poderosa influencia musical y social. Un personaje singular que empieza a editar sus primeros temas a principios de los años 60 (tiene incluso un single de 1958!), cuando ejerce de transmisor del legado gamberro e iconoclasta de Brassens y de la tradición goliárdica francesa e italiana. Un tipo que durante varios años se dedica a compaginar trabajo y estudios, y a experimentar la intensa vida nocturna y portuaria genovesa, hasta que en 1966 la cantante Mina triunfa con una versión de un tema suyo (La canzone de Marinella), cosa que le da acceso a los medios y le permite dedicarse plenamente a la música.

Fabrizio De Andrè graba entonces ‘Volume I (1967), un puñado de canciones más que notables que le proporcionan un éxito creciente (e incluso algunos problemas con la justicia a causa de un vocabulario ciertamente descarnado para la época) y, a partir de 1968 inicia una serie de álbumes conceptuales: Tutti Morimo a Stento (1968) (sobre el papel de la droga y la marginación en una sociedad hipócrita); La Buona Novella (1970) (una interpretación del Jesús cristiano cuestionando su pretendido carácter divino y mostrándolo como un hombre arrastrado por las circunstancias sociales, basada en los evangelios apócrifos, cuya difusión fue prohibida por el Vaticano); Non al Denaro, non all’Amore ne’ al Cielo (1971) (una adaptación musical de poemas de la ‘Antología de Spoon River’ escrita en 1914 por el norteamericano Edgar Lee Masters, un libro sobre la vida de una comunidad a partir de las lápidas del cementerio); Storia di un Impiegato (1973) (sobre el devenir de los protagonistas del mayo francés del 68 y sus ideales políticos deglutidos por el sistema).

Fabrizio De Andrè graba también algunas recopilaciones en las que mezcla sus antiguos temas de la primera época con otros nuevos y nuevas versiones de Brassens, Dylan o Cohen, como Volume III (1968), Canzioni (1974), o Volume VIII (1975) este último compuesto a medias con un Francesco De Gregori entonces emergente. Hasta aquí se trata de una obra inmensa, de gran calidad musical y literaria, pero todavía ceñida a los cánones musicales de los cantautores de la época, con algunos aditamentos tradicionales (ritmos de tarantela, polkas, etc.).

Pero en 1978 Fabrizio De Andrè da un nuevo giro a su carrera y, junto con un joven rockero veronés llamado Massimo Bubola, graba un álbum con guitarras y ritmos de aires rock. El disco se llama Rimini, y es el escogido por la tripulante ALFA para su viaje interestelar (a pesar de que suele ser uno de los menos valorados por los seguidores acérrimos de De Andrè). Sin embargo, este disco constituye la asunción de la tradición rock y blues entendida como una música étnica más, que pasa a impregnar las canciones de nuestro cantautor. No en vano, Rimini es una especie de álbum temático, que gira alrededor de las identidades colectivas perdedoras o sometidas por el orden social imperante (sardos, indios americanos, homosexuales, etc.).

El álbum tiene 9 temas, dos de ellos instrumentales. Se abre con Rimini, una canción delicada y cruel sobre una chica de la pequeña burgesía de provincias que se queda embarazada y a quien su entorno social obliga a abortar. Ella posteriormente se arrepiente y, con el feto en brazos,observa la indiferencia del mundo que tiene a su alrededor, en las playas de Rimini, ciudad costera de turismo de masas. Para intentar dar un sentido a su situación decide inventarse una historia de aventuras en la que ella es la protagonista viajando por el mundo (y por el tiempo), en donde su (desaparecido) novio ha sido asesinado por la Inquisición, o quizá murió en Cuba durante la revolución, o en el puerto de Nueva York durante la caza de brujas, quién sabe. Entre otras cosas, imagina también un encuentro con Cristóbal Colón, a quien reprende por haber regalado un mundo a un “triste rey católico” que éste descuartizó con la cruz, en referencia a los estragos de la evangelización en América.

Sigue con Volta la Carta, musicado con aire de tarantela y un texto en forma de rima encadenada que es capaz de contar todo un mundo fantástico, a veces crudo, pero que se presenta con ligereza y naturalidad. Es la historia de una chica que se enamora de un piloto americano y que al final consigue casarse con él, pero en el trayecto van apareciendo numerosas referencias a canciones populares italianas, películas de la época, etc., en una sucesión de imágenes de lo más sugerente. Unas imágenes que la tripulante ALFA no puede dejar de asociar a las aventuras del Corto Maltés, con adivinas gitanas, puertos, gatos, aviones, amuletos, juegos infantiles, soldados en retirada, bailes con gramófono, etc.

La tercera pieza es Coda di Lupo, para la tripulante ALFA lo mejor del disco. Se trata del tema que la capturó e introdujo en el universo de Fabrizio De Andrè, por las imágenes tan potentes que transmite, pero, sobre todo, a causa de los enormes riffs de guitarra que las subrayan. Una guitarra a la que el enigmático Marco Zoccheddu le arranca los lamentos más profundos. El tema trata la conversión crítica de los indios de las praderas en indios urbanos, metáfora parcial de las revueltas de los años 70 (especialmente duras en Italia), comienza con las memorias de un joven indio desde su infancia (“cuando era pequeño me enamoraba de todo y corría tras los perros“), sigue con su juventud (“y quizá tenía dieciocho años y ya no apestaba a serpiente“), donde relata la destrucción de su entorno familiar (“descubrimos a mi abuelo crucificado en la iglesia“), hasta su inserción forzada en el mundo de los blancos, para lo cual tiene que robar un traje a alguien que sale de la ópera de Milán, pero luego no es aceptado por la burguesía local (en Brianza), y que  observa en la universidad cómo los líderes sindicales son abucheados por los estudiantes a causa de su excesiva moderación. Cada estrofa acaba con un estribillo mediante el que remarca su desconfianza respecto al Dios de los blancos (“y nunca ceeré en un Dios sin alma“).

Le sigue Andrea, una canción contra la guerra y a la vez de denuncia de los obstáculos que nuestra sociedad pone a las relaciones homosexuales. Cuenta la historia de dos soldados amantes, ambos muertos, uno en la batalla en los montes de Trento (en la 1a GM), el otro tirándose a un pozo cuando supo de la muerte del primero. Andrea es el que está a punto de saltar al pozo, primero ha tirado un mechón de cabellos de su amado y, mientras lo sigue con la vista, imagina que el pozo le habla y le dice “Señor, el pozo es profundo, más hondo que el fondo de los ojos de la noche del llanto“, a lo que Andrea responde lacónicamente que “me basta con que sea más profundo que yo“.

La segunda cara se inicia con Avventura a Durango, una versión del tema homónimo de Bob Dylan. Se trata de la historia de una pareja que huye camino de Durango (México) después de que el hombre haya cometido un asesinato (quizá por accidente), y durante la huída aquél intenta consolar a la desesperada mujer. En una ciudad del camino asisten a una corrida de toros y se casan, pero otra vez en ruta su fuga se ve interrumpida cuando el hombre es alcanzado por un disparo por la espalda. La letra no dice si consiguen escapar o no a sus perseguidores, dejando astutamente una tensión no resuelta. Fabrizio De Andrè y Massimo Bubola traducen el texto al italiano de manera bastante literal, ralentizan un tanto el ritmo y cantan en napolitano el estribillo que Dylan recitaba en castellano, para mantener una nota exótica. Se dice que Dylan incluso les envió una nota de admiración y agradecimiento por cómo había quedado el tema.

Otro tema celebrado es Sally, una historia sobre una niña (o niño) que, desafiando a su madre, se interna en el bosque (“Mi madre me dijo… no debes jugar con los zíngaros en el bosque“), una fábula moral sobre por qué los jóvenes deben atreverse a atravesar el bosque, a experimentar los peligros que irán encontrando por el camino, aunque no siempre acaben bien. Las estrofas iniciales provienen de una canción infantil inglesa, a la que De André y Bubbola añadieron numerosas referencias literarias (personajes de Cien años de soledad, del surrealismo de Jodorowsky, etc.), todo muy bien envuelto en una música cautivadora, agridulce e irresistible, de esas que a uno le persiguen cuando anda distraido.

Zirichiltaggia es un tema folk-rock, que podría ser firmado por The Pogues, y que tiene la particularidad de estar cantado en idioma sardo gallurés. Se trata de un tema popular reelaborado por De Andrè, que cuenta la historia de dos hermanos que se riñen por cuestiones de herencias, donde uno le recrimina al otro el haberse ido a gastar la fortuna familiar a la ciudad, y el otro al primero por haber dejado arruinar las tierras, en un crescendo en el que se van acusando mútuamente de cada vez más cosas hasta llegar al insulto (“pon tu cara en mi culo“).

El último tema cantado es Parlando del naufragio della London Valour, con una música rock, casi heavy, y una letra hermética, una sucesión de imágenes que de manera fragmentaria van relatando el naufragio de un barco (el London Valour) hundido por un temporal en la bahía de Genova (en 1970). El texto es susurrado con voz grave por De Andrè entre los recurrentes vacios dejados por la guitarra atronadora, y describe la situación en la nave combinada con una visión crítica del público que observa el hundimiento desde la orilla.

Los dos temas restantes son instrumentales. La tripulante ALFA se enamoró de este álbum durante su estancia en Italia en 1993, fue su puerta de entrada a la música italiana, y desde entonces no ha podido dejar de escucharla. Es lamentable que los sistemas mediáticos terráqueos estén tan compartimentalizados que no sea posible acceder a este tipo de música desde fuera del propio país. Una verdadera lástima, que sólo una parte de música anglosajona pueda circular a través de las fronteras estatales. Confiamos que en el ígnoto punto de destino de este viaje interestelar no repitamos los mismos errores.

Fabrizio De Andrè editó varios álbumes más después de Rimini. Durante los años 1979 y 1980 creó un espectáculo rock con la progresiva Premiata Forneria Marconi como grupo de acompañamiento, que dio lugar a dos discos en directo (muy recomendables). En 1980 fue raptado por un grupo de mafiosos sardos y estuvo varios meses secuestrado, junto a su mujer, Dori Ghezzi, en una gruta de las montañas sardas. En 1981 editó un disco sin nombre (conocido como l’Indiano, por el indio a caballo que ilustra su portada) en el que hay varias referencias al episodio del secuestro, y donde profundiza en la utilización de esquemas blues y rock. En 1984 vuelve a dar un giro radical a su carrera y publica “Creuza de Mä“, un disco cantado íntegramente en dialecto genovés con una música tradicional arabizante, con instrumentos y cadencias de todas las orillas mediterráneas, que constituye una de las primeras expresiones de música étnica en la industria musical occidental. En 1990 publica Le Nuvole, un disco ecléctico donde se mezclan muchos de los estilos anteriores y cargado de crítica social y política, y donde De Andrè canta, además de en italiano, en genovés y en napolitano. Finalmente, en 1996 edita su último disco de estudio, Anime Salve, un impresionante fresco que constituye todo un reto musical y en cuanto a textos, que fue considerado por crítica y público el mejor álbum del año en Italia.

CD-Libro editado postumamente por la revista anarquista italiana “A”

Fabrizio De Andrè murió el 11 de enero de 1999. A su funeral acudió una ingente massa de gente de todos los colores, desde una representación muy nutrida de anarquistas italianos hasta  representantes de la burguesía genovesa a la que su familia pertenecía. Su muerte fue llorada largamente como una pérdida fundamental en toda Italia. Desde entonces varias bandas italianas recorren el territorio tocando exclusivamente temas de Fabrizio De Andrè. Cada 11 de enero una multitud proveniente de mil y un rincones de la península italiana se congrega en la plaza del Duomo de Milán para tocar durante toda la noche versiones de sus canciones legendarias.

Algunas webs de interés sobre la obra y el artista:

http://www.viadelcampo.com/

http://www.faberdeandre.com/

http://www.fondazionedeandre.it/

Madredeus: Lisboa

La tripulante ALFA ha decidido llevarse un CD del grupo portugués MADREDEUS que lleva por título “Lisboa“. Se trata de la primera grabación en directo del grupo, realizada en abril de 1991 en el Coliseu dos Recreios de Lisboa, donde recogen temas de sus dos primeros LPs así como algunas canciones inéditas. Un concierto enorme, donde abordan un repertorio inclasificable y con un sonido que penetra por ósmosis en el cuerpo del oyente. Apabullante. Una música cercana, con raíces profundas pero plenamente contemporánea. De hecho, ellos siempre negaron hacer música tradicional. Lo suyo era una innovación generosa y en estado de gracia, repleta de melodías hipnóticas surfeando sobre unos graves imponentes y, en este caso, con el ruido del público crepitando al fondo. Impagable.

Pasó mucho tiempo hasta que la tripulante ALFA se enteró de que el grupo MADREDEUS lo formaban varios ex-rockeros portugueses (que habían pertenecido a grupos tan emblemáticos como Sétima Legião o Heróis do Mar) y que captaron a la angelical cantante (Teresa Salgueiro) cuando la vieron tocar con su grupo de garage y cantando en inglés en la Lisboa de mediados de los 80. ¿Quién habló de compartimentos estancos?

La tripulante ALFA obtuvo su primera copia este álbum de manos de Nunho, un diminuto estudiante de arquitectura natural de Oporto y residente en Venecia en 1993. Era una cassette negra, de carátula manufacturada mediante un rudimentario corta-y-pega, de 90′, en la que había escrito a mano con una caligrafía exquisita y un tanto excéntrica simplemente “Madredeus”. Una tarde de tormenta, justo cuando la furia del viento había empezado a decrecer, la tripulante ALFA puso la cinta en la pletina y comenzó a sonar aquel concierto inesperado. Nuestra tripulante entró en una especie de trance que le impidió levantarse de la butaca hasta que terminó la cinta. Sus biorritmos habían estado latiendo al mismo ritmo que el planeta. La misma operación se repitió durante varios meses, con el mismo efecto en el resto de habitantes de la casa, tanto permanentes como temporales. Todavía hoy la sigue poniendo en las tardes que siguen a la tormenta. En cassette, sí, pero ahora también en otros formatos de reproducción.

Madredeus continuó como grupo durante muchos años, editando discos y girando con conciertos memorables. Pero justo después del disco aquí reseñado Rodrigo Leao, uno de sus componentes, abandonó la formación llevándose consigo uno de los vectores que daban un toque mágico a las composiciones de Madredeus. Sus interpretaciones continuaron siendo magistrales, pero una chispa mágica se había apagado.